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“Si cuando decían que ganábamos por poco, pero ganábamos, terminamos perdiendo por bastante, en una de esas, ahora que vaticinan una derrota dura, se terminan llevando una sorpresa”.

Pensamientos de base argumental tan endeble, casi rayanos con un esoterismo berreta que no llega ni a calificar como “realismo mágico”, son los que mantienen una mínima motivación en las huestes peronistas/kirchneristas de cara al próximo domingo.

En nuestra ciudad, ni siquiera eso. La amplitud de los resultados fue tal, que las dudas que quedan por despejarse, como casi todo lo que sucedió durante la campaña, no logra despertar siquiera un poquito de interés por fuera del microclima de la política.

Menos que menos a atenuar el abismo que parece separar a los intereses de quienes pugnan por algún cargo del resto de la sociedad.

Quien parece que va a ganar en la provincia de Buenos Aires, aparece a los gritos prometiendo “trabajar, trabajar y trabajar” pero hace agua cuando le preguntan si ahora, que vino de este lado de la General Paz, retirará el planteo que como vicejefe de gobierno porteño hizo ante la Corte Suprema para que se diera marcha atrás con el recorte la coparticipación a la riquísima CABA.

Ni hablar cuando a su jefe Rodríguez Larreta le preguntan por aquella carta que René Favaloro dejó antes de suicidarse.

Del otro lado: quiénes parece que pueden llegar a perder, dicen a todo que sí, como si se tratara de un brindis de fin de año en el que se expresan deseos irrealizables.

Atados a ellos más que nunca, van los candidatos locales, cuya única misión pareciera ser no restar al destino ya marcado de arriba para abajo.

No hay registro de 1983 a la fecha de una campaña con tan bajo índice de debate y, por ende, de expectativas.

Y no hace falta ser un experto analista comunicacional para llegar a la conclusión de que semejante achatamiento no es casual si no deliberado, estudiado y, hay que decirlo, correspondientemente tasado y comprado.

No hubo ni medios de comunicación ni universidades “interesados” en convocar no ya a una confrontación de ideas entre postulantes y cuando desde alguna ONG se intentó, la negativa del oficialismo a participar con la consecuente orden para que “de eso no se hable” terminó por licuar cualquier posibilidad de que se pague aunque sea un mínimo costo político por la desconsideración.

Entonces es muy poco lo que queda por saberse.

¿Llegará el Frente de Todos a meter cuatro concejales? ¿Entrará algún edil por el lado de Espert? ¿Superará el oficialismo local el 50 por ciento? ¿Resistirán las actuales coaliciones con su actual estructura, sea ante una victoria o una derrota?

Los eventuales ganadores tienen motivos para temer que el domingo a la noche, los resultados animen a varios integrantes del frente a decidirse a jugar por separado de cara al 2023.

Los posibles derrotados, además de ese, tienen razones para coleccionar unos cuantos miedos más.

Algo huele muy mal en el acceso a White…

De vuelta al pago chico, la prueba más contundente de la inexistencia de un terreno fértil para instalar un clima de confrontación de ideas, puede encontrarse en la situación planteada en torno a la obra de la avenida Dasso.

Una personalidad de una ética indiscutible, como el ex delegado municipal, ex concejal y ex candidato a intendente, Roberto Ursino, hizo una denuncia gravísima que enmudeció al sistema.

Y tanto lo enmudeció que del tema no se habló en ningún lado. Ninguno de los principales medios, digitados y condicionados por la pauta publicitaria municipal se hizo eco del asunto, más allá de la contundencia y el conocimiento de causa que el intachable “Tucho” mostró al hablar del tema.

Lo curioso es que la cuestión, tampoco se tomó desde la oposición, quizás porque hay aportes desde el Consorcio de Gestión para financiar esta obra.

Como insuficiente descargo, pero atenuante al fin, aseguran en Ingeniero White que el propio Federico Susbielles, aconsejó, dada la seriedad del caso, no meterlo en el barro de una campaña que ya parece ser cosa juzgada y, esperar para “salir con todo después e ir hasta el hueso”.

Esta sugerencia habría sido bien recibida y hasta valorada por quienes han enarbolado las banderas de esta lucha, acaso convencidos por un nivel de determinación mostrado por el Presidente del Consorcio lo suficientemente firme como para que no haya vuelta posible.

La responsabilidad para conducir a una oposición en tiempos tan delicados como los que todavía no parecen haber terminado, además de, está visto, no dar resultados, electorales, tiene como límite, la transparencia.

“El domingo no termina nada, sino que empieza todo. Dos concejales más o dos concejales menos no hacen la diferencia: una cosa es ayudar en circunstancias difíciles como las que se dieron estos dos últimos años y otra que se aprovechen de esa buena voluntad”, aseguran desde el entorno del último candidato a intendente por el kirchnerismo.

Lo distinto, ahora dicen, “va a estar en la forma de plantarse”, al tiempo que dejan claro que el proyecto de volver a intentarlo dentro de dos años, no sólo está intacto, sino también fortalecido.

Y como prueba de ello mencionan la reciente unción de uno de los más prominentes nombres del espacio, al frente de un cargo relevante en un ministerio nacional.

La referencia es para el abogado Luis Calderaro, designado como Director Nacional de Relaciones con la Comunidad Académica y la Sociedad Civil de la cartera de Justicia y Derechos Humanos a cargo del rionegrino Martín Soria.

Todavía concejal con mandato hasta el 2023, la noticia de este nombramiento, es valorada en las huestes “susbiellistas” como un indicio de fortaleza irrefutable y consideración desde lo más alto del poder, más allá de que ahora toque ser parte de una derrota generalizada, sólo agravada a nivel local por la tradicional refracción del electorado bahiense al peronismo, pero no por cuestiones propias.

“Nunca hay que olvidar que todo puede cambiar en un segundo: hace unos días, Luly nació de nuevo y sobrevivió a un accidente tremendo y ahora, mirá como se fue para arriba”, ejemplifican.

“Por eso: nada es para siempre”, sostienen, y para fortalecer el argumento mencionan otra noticia que medio pasó de largo en medio de la apatía y del desinterés generalizado: el juicio oral al ex funcionario del gobierno de Bevilacqua, Esteban Mirofsky.

“Hace unos años, ese se comía los nenes crudos, miraba a todos por arriba del hombro y parecía que no le entraba ninguna bala”, recordaron, tal vez para darse ánimo, de que esto que ahora parece inconmovible, un buen día puede tambalear y quienes hoy se creen intocables e inexpugnables, terminen mordiendo el polvo.

Si este pensamiento tiene algún sustento o merece la misma calificación de “esotérico” que el mencionado en el primer párrafo de este escrito, quizás pueda empezar a saberse apenas transcurridos unos días del próximo domingo, cuando tal vez la avenida Dasso, además de estratégica arteria de ingreso a la zona portuaria, pueda marcar un camino hacia una nueva forma de relación entre las principales fuerzas políticas de la ciudad.

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