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Cada cosa tiene su tiempo y su lugar. Fuera del momento indicado o en un espacio que no es el adecuado, nada tiene el mismo valor que hubiera tenido en el instante preciso y en el sitio justo.

Finalmente, hubo una fotografía que mostró juntos al intendente Héctor Gay y al futuro legislador provincial Lorenzo Natali. Se captó en instalaciones de la Sociedad Rural de Villa Bordeu y se difundió con una modesta cuota de pudor que sonó a confesión.

Que haya sucedido tres semanas después de los resultados electorales de las PASO es un todo un dato. Que se pretendiera otorgar al encuentro un carácter casual, mucho más. Fue como si los propios protagonistas no estuvieran del todo seguros de no estar metiendo la pata ante sus respectivas conducciones superiores.

Desde ojos estrictamente bahienses, para quienes todavía prestan atención a ciertos detalles, ya sonaba raro que dos figuras que se hicieron notorias compartiendo el aire de la radio más tradicional de la región, catapultadas a partir de su fama pública a la arena de la política, no se juntaran antes.

Lo cierto es que esa sensación de extrañeza, muy lejos está de haberse disipado, más allá de que, en el patético carrusel de sobreactuaciones en que parecen haberse convertido las campañas electorales, con ambos protagonistas unidos por la tentadora zanahoria compartida de un eventual triunfo en el todavía lejano segundo domingo de noviembre, imágenes similares puedan llegar a repetirse en las próximas semanas en formatos menos endebles.

Es cierto de que el intendente se enteró de que su ex compañero en LU2 podría llegar a ser candidato a legislador (lo mismo que él había sido en 2013) cuando los medios la reflejaron.

No hubo ninguna consulta previa, ni advertencia ni pedido de opinión. Más allá de lo que la imaginación de los oyentes pueda construir en torno a la jovialidad que emana desde ciertos aires radiales, no había entre ellos una relación de amistad ni mucho menos.

Sí, una de compañeros de trabajo, edificada a lo largo de muchos años de transitar caminos, más bien, con intereses paralelos. Sus respectivos negocios personales casi nunca se superpusieron, apenas si se complementaron. El de Gay siempre fue el de ser un vocero de distintos poderes económicos; el de Lorenzo, el de procurar concitar simpatía y popularidad.

Dice bastante sobre cómo están las cosas en materia de formación de recurso humano para la política que se tenga que echar mano de trucos de esta índole para ganar elecciones.

Gay hacía política desde el micrófono, se “autobarnizaba” de objetividad e independencia, pero no hacía falta ejercer ningún espionaje para tener bien claro a quienes servía como implacable gerente de comunicación: prácticamente a los mismos a los que ahora les presta un servicio más o menos similar, e incluso ampliado, desde la intendencia.

Con eso le bastó para alcanzar una notoriedad que lo hizo un nombre tentador para que personajes como Nidia Moirano o Santiago Nardelli cortaran un camino que jamás podrían haber recorrido por mérito propio.

A Lorenzo sólo le alcanzó con la notoriedad. Nunca nadie le conoció durante décadas ninguna otra opinión o postura política que no sea una inveterada vocación por agradar, por caer bien y, en lo posible, no molestar a nadie.

La perspicacia de un zorro como Emilio Monzó le permitió ver qué, cómo podía venir la mano, sólo se necesitaba un nombre que sonara lo menos extraño posible a oídos de una mayoría para no restar impulso a lo que podría llegar a representar la novedad de Facundo Manes, como tramposa opción para una gran cantidad de desencantados.

Lo llamativo es que, con los números puestos, los que en un principio putearon a los cuatro vientos por la irrupción de una alternativa interna “fuera de control” dentro del andamiaje “Cambiemos/Juntos por el Cambio/Juntos”, ahora la agradecen.

Y los que iniciaron la rebelión y no se animaron a llevarla hasta las últimas consecuencias, se encuentran lamentándose, al comprobar que una emancipación total los hubiera dejado mucho mejor parados de cara a 2023.

Mucho más realista que la quimera de dar vuelta el resultado que plantea el fundamentalismo kirchnerista; la posibilidad de comprobar cuántos, entre los millones que votaron a Facundo Manes, en la creencia de que hacerlo suponía la forma más directa y genuina de mostrar el hartazgo con los dos fracasos que abollaron al país en los últimos años, vuelven a hacerlo ahora que su pollo pasa a ocupar el tercer lugar de una lista que ahora sí tendrá como referencias mayores e indisimulables a Mauricio Macri u Horacio Rodríguez Larreta, quizás sea uno de los interrogantes más interesantes para tener en cuenta en la elección general.

¿Primará la decepción acumulada en años o la bronca y el odio por los desatinos más recientes se impondrán sobre cualquier capacidad de reflexión un poco más elaborada?

Si es lo primero, entender que volver a votar a Manes equivale a darles oxígeno a quienes se lo pueden comer como un “sanguchito” en los próximos dos años en el fárrago del Congreso, podría abrir una puerta a un escenario inesperado.

Si es lo segundo, los guarismos de las PASO no sólo no cambiarían si no que hasta podrían ampliarse.

Distinguir los ecos de las voces

Lo más probable es que tal vez el desplome del oficialismo vaya a ser de una magnitud que el ruido de una caída (que algunos auguran aún más acentuada) terminará por tapar cualquier otro eco digno de ser tenido en cuenta por las opiniones mayoritarias y cortoplacistas.

Sin embargo, entre quienes se empeñan en intentar mirar un poquito más por debajo de una superficialidad impuesta, el comportamiento de la relación entre el radicalismo y el macrismo en los meses venideros, aparece como uno de los elementos más importantes para tener en cuenta en un mundo que, como casi siempre ha sucedido después de grandes tragedias planetarias, tiende a derechizarse y demonizar populismos.

Y eso mismo que aplica a nivel global, pareciera estar sosteniéndolo a nivel local el tercer protagonista de la precitada fotografía de Villa Bordeu: el incombustible Juan Pedro Tunessi, junto con el ya mencionado Monzó, el destinatario de la mayoría de las broncas de los amarillos locales.

No de todas, que quede claro…

Hoy empleado muy jerarquizado del senado nacional, este ex “casi todo” lo que se puede ser en la política sin haber ganado nunca “casi nada”, fue uno de los que más intentó que la diferenciación que hubo a nivel seccional y terminó traducida en una victoria para el radicalismo, también se produjera a nivel local.

Como su admirado Alfonsín, terminó “no queriendo”, “no sabiendo” o “no pudiendo…”

Le falló, entre otras cosas, la falta de “entusiasmo” de algunos jóvenes de su partido.

Y por “falta de entusiasmo” debe entenderse una forma elegante de mencionar a la pavura que se despertó en quienes más que radicales, resultaron ser “conchabistas” de la primera hora, como Emiliano Álvarez Porte o el inefable Federico Tucat, a quienes no les dio el cuero para enfrentar a quienes les vienen pagando el sueldo desde hace seis años.

A todos ellos la duda sobre lo que podría haber pasado si adherida a la lista de Manes y Natali iba una boleta con nombres de concejales “sólo radicales” los acompañará por siempre y alcanzará niveles de angustia existencial si, como algunos auguran, más allá de un servilismo a prueba de todo, igual terminan quedando afuera del elenco.

Del mismo modo, que a los más pensantes en el oficialismo local, los carcome una incertidumbre similar, pero con aroma a gran alivio.

Porque, desde un sistema de información solventado y direccionado con pauta municipal resulta bastante sencillo presentar a los contundentes resultados del 12 de septiembre pasado como “una victoria más dentro de los porcentajes habituales desde que Gay obtuvo el poder en 2015”.

Pero, de haber mediado esa diferenciación en las listas, el derrumbe numérico pudo no haber sido sólo del peronismo…

¿Habrá sido nomás un mérito de Larreta haber hecho el gasto para que Manes no se salga de la estructura de la coalición? A la fuerza y cómo sea, pero por favor, sin irse…

“Palo y adentro” o “palo y afuera” es una variable que ha determinado glorias y fracasos futbolísticos a nivel mundial.

Lo preocupante es cuando algunos se creen que eso, que a fin de cuentas es el más puro azar que se puede encontrar, es un merecimiento o el fruto de un trabajo o un talento.

Por eso es salvedad de que las broncas hacia Tunessi, puertas adentro del Palacio Municipal son mayoritarias, pero no totales.

Nunca se sabe qué puede deparar el futuro, como tampoco se puede renegar del pasado, mucho más cuando en uno de sus tantos cargos legislativos, ese mismo que genera tanta tirria entre tus laderos, alguna vez tuvo el “buen gesto” de contratar a una de tus hijas mientras estudiaba Ciencias Políticas…

En fin, medio de tanta aceleración informativa suele tornarse cada vez más difícil distinguir los ecos de las voces.

Y eso puede ayudar a quienes se sirven del ruido generalizado para tratar de sacar tajada, aunque también puede venirse abajo en el instante justo en el que sólo una palabra, sustentada en la memoria, logre perforar la costra del discurso único.

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