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El diccionario de la Real Academia Española menciona al verbo como un “argentinismo”; “berretizar: transformar algo en berreta”.

No es lo mismo que admitirlo como correcto, pero en la más que creciente tendencia a ampliar el idioma en base a la necesidad, por encima de la estética o la pureza, se tornan indispensables nuevos vocablos.

No alcanzan los vigentes para explicar, por caso, tanta decadencia.

Y en este inicio de campaña, “berretización” viene perfecto para referirse a lo que sucede con el discurso político argentino como punta de iceberg de algo mucho más grave: una suprema insustancialidad.

El avance de las técnicas de mercadeo por sobre cualquier otra táctica de captación electoral, trae aparejado costos cuyos precios nunca llegan a determinarse, aunque amenazan con salirle cada vez más caros a una sociedad apabullada y sin capacidad de reacción.

El nivel de conocimiento de un candidato ha pasado a ser la materia prima en base a la cual viene todo lo demás, si es que viene algo, claro. A veces, como en el caso de la postulación de Lorenzo Natali, sólo alcanza con ser conocido y como mucho, no generar demasiados rechazos.

Tampoco nos creamos que este es un invento del todo argentino, ni mucho menos: cuando en 2004, los poderes fácticos estadounidenses buscaron la reelección de George Bush (hijo), tres años después de la caída de las Torres Gemelas y cuando ya buena parte del mundo empezaba a oler que podía haber gato encerrado detrás de todo aquello que vino como perfecta excusa para invadir Irak y movilizar una gigantesca maquinaria de negocios bélicos, uno de los caballitos de batalla de los estrategas de comunicación fue presentar al presidente como “uno de esos tipos con los que perfectamente te podrías tomar una cerveza en un bar”.

Enfrente estaba el senador bostoniano John Kerry, acaso uno de los cuadros políticos más preparados de la historia norteamericana, en especial en materia de cuestiones internacionales.

Sin embargo, valores como la formación, el rigor académico, la experiencia y la seriedad fueron aplastados debajo de otros como la campechanía, la simpleza del discurso y una supuesta afinidad.

Mejor ni ponerse a pensar todo lo que vino debajo del poncho de esa aparente cercanía.

Y acá, las cosas no sólo parecen ser distintas sino incluso peores. La noticia del salto de Diego Santilli a la provincia se mimetizó detrás de un tuit viralizado en el que se veía un mechón de pelo rojizo.  Nada es casual, la cartelería y hasta las boletas dirán “El Colo” entre el nombre y el apellido del candidato.

Lo mismo parece en escala local intentarse con el primer candidato a concejal de la lista única de “Juntos” a quien ya pretenden instalar con su peculiar apodo juvenil: “El Chopper”.

Hasta una confusa operación mediática de microclima se montó con la fotografía trucada de un supuesto móvil que jugaría con ese sobrenombre.

Pensándolo bien, “berretización” hasta podría no ser suficiente para describir  algo que, perfectamente, se describe palabras que ya existen: decadente, patético o lamentable podrían servir, pero en la Argentina aplica mejor “berreta”.

Eso sí, la situación aunque sea sirvió para que siga quedando en evidencia el penoso papel de personajes como Federico Tucat, cada vez más lejos del radicalismo y ya abiertamente empecinado en rebajarse todo lo que haga falta con tal de mantener su única chance de un empleo político en diciembre venidero.

Es que el rionegrino, entre otros servicios penosos, fue quien vía twitter salió a bancar la parada como si fuera una gran causa ciudadana cuando, con una cuota de pudor, desde Integración Ciudadana se advirtió sobre la necesidad de tomarse las cosas un poquito más en serio.

“Y todavía no vieron nada. Prepárense para un espectáculo de arrastre sin límites”, les anticiparon desde la calle Donado 354 a sus vecinos (no sólo porque los orígenes de Integración Ciudadana son indudablemente radicales si no porque el local de estos últimos en calle Thompson está a la vuelta del tradicional comité) en relación a lo que se puede esperar que pueda hacer Tucat en las próximas semanas, con tal de ser tenido en cuenta “para lo que sea, mientras haya un sueldo”.

“Si quieren contestarle, ¿Por qué no le dicen que pase por acá a pagar lo que debe, porque no tiene vergüenza?”, deslizó, con un toque insidioso un militante ya no tan joven, acaso con la intención de ver si por afuera se logra hacer “picar” un asunto que a muchos correligionarios tiene bastante indignados pero del que por ahora prefieren no hablar para no acentuar los papelones: una abultada deuda por los aportes al partido que por carta orgánica todo afiliado a la UCR debe hacer y el actual concejal habría dejado de hacer hace tiempo.

“Así como antes daba la vida por Maximiliano Abad quien según él le había prometido hacerlo legislador provincial y ahora lo putea en todos los idiomas, parece ya olió que el único que seguro va a salir muy ganador en noviembre es Jouglard y ahí pone todas sus fichas.”, argumentó.

En efecto, un dato que vaya a saberse porque todavía no es muy mencionado, es que más allá de la incómoda interna seccional entre Fernando Compagnoni y Lorenzo Natali, a nivel local, todos los votos de ambas listas irán para encaramar al tal “Chopper” como un caudal de votos que no sólo podrían perfirlarlo como futuro presidente del Concejo Deliberante si no como eventual postulante a la sucesión de Héctor Gay.

Incluso por encima de los inefables Tomás Marisco y Pablo Romera, quienes se probaron el traje antes de tiempo y fueron bajados de un hondazo por el dedo supremo de Nidia Moirano.

Es curioso cómo casi no se habla de ciertas cosas en esta ciudad ¿no?

Los que casi felicitaban por anticipado a los distribuidores de la pauta municipal, tampoco dicen nada del misil que un legislador provincial de apellido Bardón le sacudió al intendente Héctor Gay.

El dato es que no se trata de un diputado ultrakirchnerista ni mucho menos, sino de una de las principales espadas de Emilio Monzó en la bancada de “Juntos por el Cambio”, donde tiene mucha afinidad y comparte vinculaciones varias con su compañero de bloque bahiense, Santiago Nardelli.

Bardón trató de “livianito de memoria” al intendente Gay por la crítica a su ex compañero de mesa en la mañana de LU2 por su falta de propuestas y lo tildó de “desagradecido”, además de hacerle notar la hipocresía de quejarse de algunas cosas sí y de otras no, según le conviniese.

Eso sí: tanto el legislador “monzoista” como el jefe comunal bahiense forman parte de un espacio que, paradójicamente, se autodenomina “Juntos”. 

De verdad ¿no daba para que algún programa radial lo llame al tal Bardón para “ampliar conceptos”?

LA FOTO DEL CUMPLEAÑOS DE FABIOLA

No tanto, pero casi tan indignante como la fotografía del cumpleaños de la pareja del presidente Alberto Fernández, en plena pandemia, fue la desesperación de algunos del otro bando por sacar como sea ventajas ante semejante bochorno.

Como si con eso alcanzase para exculparlos de sus propios pecados…

En ese sentido hay que reconocerle una cuota de sabiduría a Elisa Carrió: es un tema que, de tan grave y bochornoso, no se puede juzgar en medio del fragor de una campaña electoral.

Quizás la abogada chaqueña recobró algo de olfato para interpretar el enojo y la decepción de gran parte de la sociedad con tan indefendible situación.

No puede ser que un presidente haga a la noche lo mismo que con dedito acusador les dijo a sus gobernados durante el día que estaba “absolutamente prohibido”.

Tampoco puede ser que un ex presidente vuelva al país de unas largas vacaciones en Europa y la dibuje para no tener que hacer unos días de cuarentena.

Y la lista de desatinos, podría ser tan larga como parejita a uno y otro lado de la grieta.

Si esto fuera más o menos matemático, el resultado de este ignominioso polinomio debería ser que la Argentina se encaminase, por fin, a una elección donde gran parte de los votantes, hartos de tantas frustraciones,  favorecieran de una vez a terceras o cuartas fuerzas, en desmedro de esos dos grandotes del barrio que embarcan a todos en su puja y, de paso, así se aseguran que la repartija siempre sea entre ellos.

Pero nada de eso parece verse en el horizonte. En término futboleros, los hinchas de River y Boca, pueden admitir que Vélez, Newells o Argentinos Juniors tengan una propuesta interesante, buenos jugadores y un planteo prometedor.

Pero nunca dejan de ser de Boca o de River…

También Carrió suele decir que el problema argentino no es tanto político como sí moral.

No se puede decir blanco de día y hacer negro de noche; no se puede ser de un partido un año y al año siguiente de otro y después de otro, con tal de conseguir un cargo; no se puede presentarse en el distrito que más convenga y saltar de una jurisidicción a otra; no se puede… no se puede… o ¿no se podría?

Más arriba se tomó a los Estados Unidos como mal ejemplo de algo. Tal vez sirva tomarlo como uno un poco más bueno.

Más allá del escándalo del recuento de votos en el estado de Florida y la increíble resolución de la Corte Suprema para detener el escrutinio y decretar la derrota de Al Gore a manos de Bush en el año 2000, ese resultado tan cerrado, no pudo haber sido siquiera posible de no haber existido los “comportamientos inapropiados” de Bill Clinton con Mónica Lewinsky en el mismísimo Salón Oval.

Si una gran parte de los estadounidenses se hubieran quedado sólo con los resultados de una gestión exitosa y con aquello de “Es la economía, estúpido”, no había manera de que los republicanos, esa vez, les ganasen a los demócratas.

Sin dudas que hubo una cuota de castigo, que puede haber salido mejor o peor (a juzgar por lo que vino después, más de lo segundo) pero también envió un mensaje claro a una dirigencia política de que hay cosas que no se toleran.

Si en algún momento una sociedad no logra sancionar a quienes la engañan una y otra vez, no tiene demasiadas chances de nada bueno. Aunque, en medio de tanto ruido y en especial de tantas sobreactuaciones y desesperaciones por sacar ventaja, todavía es demasiado pronto para evaluar con certeza las reales consecuencias del inmenso papelón de Olivos, lamentablemente, no pareciera ser este 2021 el año en que la Argentina pueda empezar aprobar ese indispensable examen.


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2 Replies to “La “berretización” de la política”

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