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Quizás fue tan sólo un intento de imprimirle un poco de épica a la insípida política nacional en general y, muy en particular, bahiense.

O tal vez una forma de recurrir a la acidez y a la corrosión en procura de remover la gruesa costra de óxido que las recubre a ambas y ver si allí abajo queda, aunque sea algo con una cierta solidez, algo parecido a una idea o una convicción.

Lo cierto fue que, cuando comenzó a disiparse la humareda y fue posible contemplar el panorama que empezó a configurarse tras el cierre de listas de hace dos semanas, un agudo observador de la política local, curtido en décadas de roscas de comité, se animó a trazar una comparación tan audaz como interesante: “Habría que pensar en tener en la ciudad un hospicio como Les invalides, para poder cobijar a todos los heridos y que puedan allí recibir primeros auxilios o, en caso de no quedar otra, ser ayudados a morir con cierto decoro y fuera de la vista de sus vecinos”.

La referencia remonta a los orígenes del monumental edificio parisino en el que descansan, entre otros, los restos de Napoleón Bonaparte, sin dudas uno de los principales símbolos históricos y arquitectónicos de la capital gala.

Ni siquiera el hecho de que, en medio del desprecio por las enseñanzas de la Historia imperante, varios de los que debieran ser aludidos como potenciales candidatos a recibir albergue en una institución de esta índole, puedan, quieran o siquiera necesiten tener idea de lo que estaba diciendo, lo disuadió de desistir de la idea.

En efecto, Les Invalides fue pergeñado por uno de los Luises franceses allá por 1670 con la intención de servir como internado, pero también como aislamiento, para quienes volvían maltrechos de las numerosas guerras de aquel tiempo.

Que permanecieran en las calles desparramando penurias, obviamente, no ayudaba para reclutar más carne de cañón.  

No existía aun la penicilina, cualquier herida cortante era casi una condena a una muerte lenta y la medicina apenas iniciaba su diferenciación de la hechicería, pero la necesidad de separar a los enfermos de los sanos para que no contagiaran ni propagasen su promiscuidad, ya era una idea con visos de utilidad.

¿Cómo habrá sido un día, o peor una noche, en aquel lugar inmenso y estremecedor? ¿Cómo convivirían aquellos que cayeron yendo al frente con valor y convicción, con otros que fueron alcanzados por la metralla o una bayoneta huyendo o tratando de sacar ventaja para sobrevivir como sea?

Tal vez, más habituados en los últimos tiempos a chapotear en el lodo de la indignidad y el servilismo, podrían verse en los pasillos a unos cuantos radicales, cuchicheando y tratando de detectar quien administra allí los panes, para hacerse rápido amigos y siendo capaces, como el veterano Juan Pedro Tunessi, de decir sin ponerse colorado que “los aires nuevos para el centenario partido” llegan de la mano de un tal Emilio Monzó, que podrá haber sido y será muchas cosas en su sinuosa trayectoria, pero de radical no tiene nada.

Y a otros, sacando cuentas sobre si haber ido a la interna le podría haber rendido más que dos bancas en el concejo y la promesa de tres o cuatro subsecretarías en diciembre y, por supuesto, la garantía de la estratégica Secretaría de Gobierno para Federico Tucat, coleccionista en estas últimas semanas de vetos varios pero, al mismo tiempo, entusiasmado y regenerado por la posibilidad de erigirse por fin en jefe de su acérrimo rival de comité, Emiliano Álvarez Porte.

Y eso sí: a todos unidos, agazapados y riéndose para adentro de la idea de que un reglamento de buenos modales escrito por Lilita Carrio  y Patricia Bullrich, con tono de patio de escuela, pueda impedirles de recurrir a lo que haga falta para pelear por fin una interna con la que se vienen relamiendo desde la afrenta de Gualeguaychú en 2015.

¡Justo a ellos, que hasta lograron revivir a los muertos con tal de ganarlas!

Por ahora les dicen todo que sí a esos de la Coalición Cívica y a los de Patricia Bullrich, quienes al principio amagaron con plantarse para aspirar a la dirección del hospital y terminaron conformándose con ni siquiera ser enfermeros si no apenas voluntarios, total llegado el momento se sacarán a relucir las facas y si hace falta con tal de sacar tajada, comenzará la purga y el degüello.

Y estarán en otro rincón, los despechados del otro lado de la interna, quienes ya se probaban el traje que “La Jefa” le terminó poniendo por decreto al obediente Compagnoni, después de varios meses de entrevistas pautadas en las que se daba como número puesto a Pablo Romera o a Tomás Marisco para ser legisladores provinciales, “porque los dos, ya estaban para mucho más que ser simples concejales”.

Y pululando por allí, el vocero principal de los propietarios del grupo La Nueva, quien el mismo sábado del cierre por la tarde anunciaba “que se preveía un lugar importante en la lista de diputados nacionales para Santiago Nardelli”.

La prudencia indica que habrá que ver aún, porque todavía no se oficializó la totalidad de la nómina y en una de esas finalmente aparece en algún lado, pero pinta difícil, toda vez que por ese lado, ya parece haber cobrado Graciela Ocaña, todavía y por más que patrañas como las de “La Morsa” o el plan “Qunita” se desmoronaron como castillos de naipes.

Si en campaña llega a venir por la ciudad tal vez le pregunten por esos temas o por qué no votó a favor de la ley de Zona Fría, quizás lo único parecido a una buena noticia que llegó por esta región desde el Congreso Nacional en el último lustro, por lo menos.

Eso sí, los tres (Nardelli, Marisco y Romera) ya fueron ungidos como “jefes de campaña” por quienes no quieren bajarse de la calesita de la pauta, aunque eso sí y aunque no lo digan por las dudas, ya todos tengan bastante claro que el famoso triunvirato del que tanto se habla, es tal cosa sólo mientras Nidia Moirano, la que de verdad tiene la sartén por el mango (porque la puso toda para comprarla), no necesite que se transforme en feudo y haga lo que se le antoje.

Por más que no esté de más recordar justamente que muchos feudos terminaron por caer, no por el accionar de sus enemigos, si no al colapsar de adentro hacia afuera por sus vicios intestinos y así quedar vulnerables ante embates que antes no hacían ni cosquillas.

¿Quién dice que la impensada candidatura de Lorenzo Natali no sea esa cuña que origine la fatiga de un material que, quizás demasiado pronto, se creyó a si mismo hegemónico y duradero?

EN EL ALA DE ENFRENTE

Regodeado por su viaje imaginario, este nostálgico de su única visita allá lejos y hace tiempo a la “Ciudad Luz” explicaba que en “Les Invalides” se tomó la precaución de construir “varias alas” para no mezclar a heridos de distintas procedencias, fuerzas y batallas.

Es que muchas veces, aunque todos tributaran al mismo rey, los odios y las cuentas pendientes podían ser demasiado caldo de cultivo para sangrientas peleas entre tullidos y lisiados.

De allí que en un imaginario pabellón separado del anterior por un amplio jardín, convendría ubicar a los maltrechos del otro bando, por propia concepción y formación, esta vez, menos gritones y escandalosos que los de enfrente, pero no por eso menos dolientes, quizás resentidos, decepcionados por sus derrotas personales y colectivas y angustiados por sus futuros.

Quizás les sirva como algo de consuelo moral saber que, desde las ventanas de enfrente, uno de los pocos motivos de regocijo que encuentran, pasa por saber que Carlos Quiroga quedó casi afuera de todo desde el punto de vista electoral.

En “Cambiemos”, ahora “Juntos”, temían que el ex periodista ocupara el lugar que terminó siendo para el inefable intendente montehermoseño Alejandro Dichiara, uno al que miles de contribuyentes bahienses del balneario tienen anotado en sus libretas desde hace muchos años y ahora resaltado y subrayado después del “cierre de fronteras” en plena pandemia.

Y es que, puesto en su rol de referente regional, Federico Susbielles logró consolidar su “acuerdo programático” con el poderoso Gabriel Godoy (por más que no sea candidato, nadie duda de que su silenciosa influencia permanecerá intacta) y Marcelo Feliú.

Y también previó la jugadita de Monzó e intentó empardarla: si nos ponen a un buen comunicador, nosotros le ponemos a otro, no incorrecto aunque un poco menos campechano que el conductor de “Bienvenidos”, pero fuera de toda duda, mucho más formado políticamente.

Por eso, además del reconocimiento a haber venido poniendo el cuerpo y la voz por “la Kausa” durante los últimos cuatro años, había pensado en Carlos Quiroga para encabezar la lista seccional.

Pero desde arriba se entendió otra cosa y los intendentes tallaron más fuerte.

Eso sí: si a la inquina que Dichiara despierta en varios espíritus bahienses, se le suma que, de movida nomás, cruzó duro y en forma destemplada a alguien supuestamente elegido para liderar una nómina de candidatos justamente por ser querido y bien considerado por los oyentes de toda una región, en la principal ciudad de la sección, un electorado independiente, habitualmente reticente a votar en “peronista”, no va precisamente a hacer cola para cambiar de parecer esta vez.

En cambio, sí se tomó en cuenta el criterio del presidente del Consorcio de Gestión del Puerto para colocar al frente de la siempre compleja puja local, no sólo a una persona reconocida y respetada como la médica Gisela Ghigliani (devenida en por completo leal a él) sino también en condiciones, por experiencia y preponderancia durante los duros meses de pandemia, como para intentar contrarrestar a la cabeza de lista de enfrente: el actual funcionario Adrián Jouglard.

El listado de internados en el “ala peronista” del hospicio se completa con los desahuciados de siempre, que sueñan con ser democráticos en un movimiento verticalista e insisten en pedir internas cuando no conviene: allí están anotados los nombres de sindicalistas, nostálgicos que todavía discuten al ex basquetbolista por su pasado en las huestes de Carrió y desmemoriados a los que se les borra que, desde que Menem barrió a Cafiero en las internas de 1988, ser justicialista equivale a adherir con el máximo fervor a las necesidades de cada momento, pero siempre decir que, sea para privatizar o estatizar; mantener “relaciones carnales con el Imperio” o abrazarse con Hugo Chávez y Fidel, en todo momento y por encima de todo, “se piensa en las necesidades de los que menos tienen”.

A estos últimos “invalides”, por si se sienten derrotados o planean entregarse sin seguir luchando, habría que mencionarles el último dato aportado por el autor intelectual de esta alegoría con el célebre monumento parisino: tras demorar más de 100 años en ser construido y convertido en una concentración de abyectos y miserables,  Les Invalides también fue el lugar en el que los revolucionarios de 1789 acumularon con sigilo durante meses pertrechos y armas a escondidas de la Corona.

Desde allí las tomaron y repartieron para poder iniciar la legendaria “Toma de la Bastilla” y cambiar la historia del mundo para siempre.

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