Site Loader

Escasas esperanzas permite abrigar una sociedad que lleva más de cincuenta años en caída libre y no logra levantarse.

Mucho más si sus anhelos dependen de volver a tomar partido por (y a esperar que) las mismas fórmulas que fracasan una y otra vez y provocan enojo, escepticismo e indignación, alguna vez empiecen a producir alegría, esperanza y compromiso.

Ni siquiera el doloroso mojón de 100 mil muertos alcanzó para disimular el ardor de las vanidades, las mezquindades y las hipocresías que caracterizan a los períodos previos a los cierres de listas electorales.

Así como en el boxeo, casi todos los años suele haber una denominada “pelea del siglo”, en la política argentina, casi todos los comicios de medio término suelen ser definidos como los más trascendentes y decisivos de todos los tiempos.

En el deporte de los puños, el eslogan rimbombante tal vez sirve para elevar los ratings, vender boletos y suscripciones del “pay per view”.

En el juego del poder, quizás la apelación al dramatismo no sea más que una forma de disimular que lo único que les interesa a los ocasionales protagonistas de la parada (en muchos casos figuritas repetidas desde hace demasiado tiempo) es la repartija de cargos y la posibilidad de “morder” la mayor cantidad de ellos.

La frase grabada en el célebre anillo con la que Julio Humberto Grondona alentaba a quienes lograban subir hasta su Olimpo para plantearle una eventual cuestión de vida o muerte, se ha quedado corta en un país desmemoriado: “Todo pasa”, decía la joya con el que el patriarca de Sarandí se fue a la tumba.

Habría que haberle hecho un agregado: “Pasa, sí. Y cada vez más rápido y sin que a nadie le importe demasiado”.

Mucho más cuando hay una inmensa mayoría cada vez más incapacitada, no ya para decodificar “metamensajes” intrincados, dobles o triples discursos, leer entre líneas o anticipar un par de jugadas posibles en una partida, si no para aunque sea evaluar cuestiones mucho más básicas y elementales.

Por caso, ¿puede una opinión pública, en base a lo que dicen los medios de comunicación, intentar formarse un criterio, por caso ante cuestiones relacionadas con la salud pública, en un país cuyas tandas publicitarias televisivas están dominadas por cuatro de cada cinco avisos dedicados a promocionar medicamentos?

¿A nadie le hace algún ruido semejante aluvión entre medio de paneles que pontifican entre otras tantas cosas sobre vacunas, decisiones sanitarias e internaciones?

Tal vez mucho menos entonces pueda demandarse el simple ejercicio de recordar, no ya lo que pasó en tiempos de Frondizi, Guido o Illia, si no apenas  dos o tres elecciones atrás.

En 2009, en la provincia de Buenos Aires, un tal Francisco de Nárvaez, colombiano de nacimiento, se dio el lujo de derrotar nada menos que Néstor Kirchner y todos sus candidatos testimoniales.

Dos años después, la ya viuda del santacruceño, arrasó con el 54 por ciento de los votos y De Nárvaez empezaba a languidecer.

En 2013, mientras Mauricio Macri desistía de participar de la contienda, Sergio Massa le propinaba al por entonces “Frente para la Victoria” un revés que parecía posicionar al tigrense como inexorable sucesor en la presidencia.

Pero en 2015, aquel que no había jugado en la anterior, se quedó con todo y quien dos años antes ya se probaba la banda presidencial y hasta hacía negocios y otorgaba cargos y embajadas a cuenta, se veía sin nada.

En 2017, Esteban Bullrich le volvía a ganar a CFK y otorgaba al macrismo números tales que llevaban a vaticinar no sólo el final del kirchnerismo si no también una hegemonía por muchos años.

Sin embargo, en 2019, la desahuciada dos años antes, un sábado a la mañana sorprendió con una jugada que descolocó a todo el sistema al ungir como número uno de su fórmula a uno que hasta no hace mucho la había tratado de traidora y corrupta y los que soñaban con quedarse para siempre, se tuvieron que ir cuando recién le estaban tomando el gustito al queso.

Ni hablar de María Eugenia Vidal, aquella a la que algunos llamaban “La Leona” y hasta llegaron, con lágrimas en los ojos, a definir como “un ser de luz”, llamado a iluminar desde su confinamiento en una base militar, tantos años de oscuridad, mafias, manejos turbios y mugre en una provincia que no era la de ella y apenas cuatro años después de haber sentido que quedarse con todo era apenas una cuestión de tiempo, tuvo que volver a cruzar la avenida General Paz en sentido inverso para no morder la nada.

Pero nada de esto se tiene en cuenta, ni mucho menos, a la hora de que millones decidan donde poner su voto y así como se “automedican” mirando los avisos o los llamados “PNT” (otrora “chivos”) de los programas de paneles, a uno u otro lado de llamada “Grieta”, más allá de dependiendo de cómo dentro de unas horas vayan a cerrar las listas, en septiembre y en noviembre, una gran mayoría volverá a votar por lo mismo contra lo que despotrican todo el tiempo.

La vida y la dignidad por un “carguito”

La descomunal aceleración que las redes sociales le imprimen a casi todos los aspecto de la vida cotidiana, como en cada cosa que se hace una velocidad inusitada, aumenta en modo exponencial la posibilidad de meter la pata.

Así como medios con chapa de serios, cada vez más seguido anuncian muertes que todavía no han sucedido (Reutemann, Griguol, Hugo Arana, etc.), por estas horas, las hilachas de operadores de distinta calaña, disfrazados de periodistas, quedan cada vez más en evidencia ante los pocos a los que les interesa mirar estas cosas.

Los más, miran las noticias de la política como quien ve pasar las figuras de un carrusel: si la tele pasa abusos, se padecen los abusos; lo mismo si son secuestros o hechos de inseguridad; otro tanto con la pandemia, las vacunas, alguna pelea entre famosos, el precio del dólar y, en los días que toca política, se mira política, pero con el mismo espíritu crítico y voluntad de estudio que se exacerba ante un juego del deporte que sea y todos los argentinos devienen en directores técnicos de lo que haga falta.

¿De verdad creerá algún animador radial que es relevante acertar unas horas antes que otros con el nombre de quien va a ocupar el tercer lugar de una lista electoral?

¿O sólo se trata de hacerle otra vez los deberes a los que luego podrán distribuir pauta?

¿No sería lo mismo esperar unos días y tenerlo confirmado que andar adivinando, haciéndose los misteriosos y de paso gastar y esmerilar nombres y honras?

Si de todas maneras será inevitable que, a poco de empezada la campaña electoral—siempre se dice que serán “cortas y austeras”, es otro clásico—y en especial, cuando las tandas televisivas y radiales comiencen a bombardear con mensajes políticos (mezclados con los de remedios), enseguida brotará un lógico hartazgo y un clamor generalizado para que termine el suplicio.

Ya con los nombres puestos se podrán hacer algunas consideraciones un poco más agudas y seguro que habrá material, en especial de acuerdo a como se configure el reparto y se confirme si algunos que parecían comerse los nenes crudos se quedan sin nada y otros que reformulan la receta de Felipe Solá de “hacerse los boludos para llegar lejos” consiguen un premio inesperado, quizás en algún caso, demasiado para quien en lugar de “hacerse” directamente lo es con todas las letras.

Por ahora, en las vísperas, la cosa no da para nada más serio que regodearse ante la vergüenza ajena que provocan algunas coherencias, dignidades y principios tirados a los chanchos con tal de ligar algo.

Y en eso, hay que decirlo, el peronismo/kirchnerismo parece haber aprendido un poco más  la lección de lavar los trapitos puertas adentro.

Puede ser un poco por experiencia y otro poco por el pragmatismo de que la decisión final de cualquier puesto de cierta relevancia pasa por un único lugar, aunque nunca hay que olvidar aquella máxima borgeana de la incorregibilidad que caracteriza a quienes se cobijan bajo el inmenso manto ideológico que legó el General.

Que hay muchos postulantes y pocos lugares no es ninguna novedad.

Por eso algunos ahí andan como esos pájaros que sacan a relucir sus plumajes y ensayan sus cantos más afinados en vísperas de un posible apareamiento, pero no pasa de allí, no sea cosa de pasarse de la raya y quedar fuera del “todos unidos triunfaremos”.

Es desde el otro lado donde se han visto espectáculos entre penosos a decadentes o lamentables.

Aquella ironía de que los radicales han demostrado que no saben gobernar, pero para hacer internas son mandados a hacer, pareciera estar a punto de aplicarse en casi todos lados.

¿Sucederá lo mismo en Bahía Blanca? Hasta último momento parece haber algunos dispuestos a “agotar todas las instancias para que continúe la unidad que tan buenos resultados ha dado”.

Por “buenos resultados” debe entenderse en boca de estos “paladines de la concordia”, la posibilidad de haberse, por fin, conchabado en algo y tener un sueldo asegurado a fin de mes.

En ese sentido, los esfuerzos dialécticos de Emiliano Álvarez Porte por explicar que él estuvo a cargo (por decirlo de alguna manera) del área de seguridad de una gestión a la que ahora tal vez tenga que enfrentar, merecerían un reconocimiento a la abnegación y la flexibilidad.

Ni hablar la curiosa postura de Federico Tucat, aterrado por la perspectiva de poder quedar afuera de todo y pagando las consecuencias de haberse tornado igual de desconfiable tanto para propios como para extraños.

El crédito viedmense se encargó de hacer correr la versión de que, en caso de haber interna, él no se iba a prestar al quiebre de la unidad de “Cambiemos”/”Juntos por el Cambio” (ahora “Juntos”), pero en caso de no haberla y lograr una lista única, estaba “generosamente” dispuesto a ocupar el tercer lugar de la lista en nombre de la UCR.

“Pensará que son estúpidos. Sería como darle los tres primeros lugares de la lista a Gay”, expresó un “boina blanca” de la vieja guardia, ya plantado económicamente por su éxito en el rubro inmobiliario y rejuvenecido en sus afanes por la inesperada dosis de “Sildenafil” político que supuso la irrupción de Facundo Manes para toda una legión que se creía definitivamente retirada de las andadas.

—————————————————————————————-

Alcance de la publicación vía redes sociales: 4.355

Usuario de Solo Local

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *