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A veces, unas pocas gotas de lluvia en un desierto, alcanzan para que surjan brotes allí dónde se creía que sólo quedaba tierra arrasada, infértil, sospechada de imposibilidad 

Algo de esto pareciera suceder con el partido político más añejo del país, la Unión Cívica Radical.

Tras décadas de transitar los abismos más profundos de decadencia y desconsideración, y ser destinataria de racionales vaticinios de desaparición, en la antesala de una campaña electoral, un casi imprevisto hálito, parece haberle insuflado una vitalidad inesperada.

Esa inyección de energía tiene nombre, apellido y el rótulo de un título que no se consigue en universidades: el del “neurocientífico” Facundo Manes.

Tal vez en la misma senda del golpe de efectismo sorpresa que definió la elección presidencial del 2019 cuando CFK se puso segunda de una fórmula y sembró un desconcierto del que sus adversarios no pudieron reponerse, la mera mención de este personaje, amenaza con descolocar los órdenes establecidos.

Y, al mismo tiempo, que con tan poco se estremezca tanto, quizás diga mucho sobre la endeblez y la insustancialidad del sistema político argentino.

Todavía falta. Ni siquiera está claro si sucederá o si no pasará, como otras veces, del amague, pero en las actuales circunstancias, que haya tantos tan inquietos a uno y otro lado de la grieta, marca unos cuantos indicios a los que no se les puede no prestar atención.

Primero que nada, la espantosa desnudez en que quedó la coalición de “Juntos por el Cambio”, evidenciada en sus contradicciones y en sus peores miserias de no ser más que un rejunte sin otro proyecto que tratar de quedarse cómo sea con un poder que aborrecen que esté en manos  peronistas.

Muy lejos de cualquier cohesión, ideología, sustrato filosófico, concepto o propuesta.

Como esos peces que se entierran en el barro para que sus branquias tengan unas gotitas de agua de las que respirar hasta que alguna vez vuelva la inundación, ahí se metió el radicalismo residual en aquella convención de Gualeguaychú de 2015.

Con la desesperación del que ve la bancarrota a centímetros de su hogar, no tuvo el menor prurito en arrastrarse ante el nuevo dueño de casa con tal de que lo dejen dormir en el zaguán y hurgar en las sobras para sobrevivir.

También limpiar retretes y ensayar el penoso arte de la genuflexión hasta límites insondables.

Y mientras dura ese doloroso trance, lo que recibió de su amo fue un trato apenas tolerable en la balanza entre desprecio y valoración por los servicios prestados.

Pero, visto está, en un lugar de su corazón, siempre se sintió un par con el señorito de la estancia… en transitoria desgracia por una serie de situaciones desafortunadas, pero un par a la espera de tener oportunidad no sólo de poner las cosas en su lugar, si no también, si pudiera de tomarse alguna revancha.

Y por eso, alcanzaron unos milímetros de lluvia, para que esa ramita que surgió ya invite a unos cuantos a soñar con un árbol donde cobijarse y cosechar frutos.

Sobre señores y vasallos

Acostumbrado a someter y ser servido sin quejas ni planteos, suele pasar que el amo, quede aturdido cuando un esclavo le muestra los dientes por primera vez.

Entonces se le abre un reducido abanico de opciones entre las que tiene que elegir acaso sin la serenidad que se requeriría para evaluar bien qué paso a seguir.

Si recapacita y afloja, al mismo tiempo estará reconociendo que se aprovechó y maltrato durante mucho tiempo, no por que correspondía, si no “sólo porque podía”.

Si endurece y castiga, corre el riesgo que el gesto amenazante se transforme en tarascón y la insurrección se torne incontrolable.

Claro que también hay que ver si el sirviente plantó bandera sólo porque un resabio de altivez ancestral le brotó instintivo o sí, en efecto, esa actitud es el principio de un plan de reconquista de su dignidad, trazado a partir de una oportunidad imprevista.

Lo único cierto es que la relación entre dominante y dominado nunca queda igual después de esa primera rajadura en el statu quo.

Todo esto y bastante más, pareciera estar provocando el “efecto Manes” en todos los niveles.

Incluido el alicaído Concejo Deliberante local, donde tras seis años de ausencia en el cuerpo legislativo de una ciudad que gobernaron durante 20 años, tras haber protagonizado una patética interna donde apenas participaron unos cientos de afiliados, a los ediles de procedencia radical, tras una larga palidez, les volvieron los colores al rostro.

A Silvina Cabirón, la actual presidenta del comité local del partido, en la última sesión, se le escuchó la voz un poquito más firme que lo habitual al proclamar una especie de “orgullo boina blanca”.

Enseguida adhirió con vehemencia Gabriela Schieda y, como no podía ser de otra manera, el inefable Federico Tucat, no resistió la tentación de tratar de escucharse un ratito opinando sobre algo.

Sólo que en este último caso, se suman las complicaciones propias de aquel esclavo que ofició durante años de alcahuete ante sus amos para delatar a sus compañeros y tratar de mostrarse un poco más servil para obtener una rebanada de pan un poquito más gruesa.

Cuando los patrones, tras algunas agachadas, le recordaron que él nunca sería uno de ellos y, al mismo tiempo, percibió que en las barracas donde dormía la servidumbre, podría estar gestándose una revuelta redentora, intenta volver y superar las desconfianzas y una larga colección de inquinas que supo conseguir en su exacerbada fruición “sueldística”.

¿Alcanzará para tanto el “efecto Manes”? ¿Se animarán los radicales de aquí y de toda partes a reverdecer viejas glorias y recobrar dignidades a partir de la oportunidad de recuperación de votos propios que insinúa la irrupción de una figura que, al menos en los papeles previos, pareciera, más por carencias ajenas que, todavía por reales méritos propios, puede, para el sediento imaginario popular, llegar a poner algo de eso que tantas veces se le reclamó a la política argentina, y ésta casi nunca entregó?

Este es tal vez el mayor (si no único) interrogante que, a menos de un mes de uno de los cierres de listas más inoportunos desde el regreso de la democracia en 1983 pueden plantearse cuando muchas cosas parecían indicar que, una vez más, nada nuevo podría haber y millones de argentinos que se pasan aborreciendo y padeciendo la famosa “grieta” se disponían a votar una vez más por una de las dos opciones que la enmarcan y que tanto mal les han hecho.

Usuario de Solo Local

2 Replies to “Reverdecer”

  1. Facundo Manes pieza importantisima para el partido,,,,ojala se de,,,me encanta honrado inteligente super capaz,,,VAMOS FACU TE QUEREMOS CON NOSOTROS!!!

  2. FACUNDO MANES PIEZA IMPORTANTISIMA PARA EL PARTIDO,,,OJALA SE DE,,,,HONESTO INTELIGENTE CON ENORME CAPACIDAD PARA CONDUCIR MENTES,,,VAMOS FACU,,,ADELANTE!!!!,,,APOYO INCONDICIONAL

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