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A una semana de que la ciudad sufriera un hecho gravísimo e inédito, tanto desde lo objetivo como desde lo simbólico, y ante una chatura, disfrazada de corrección política, bastante generalizada, tal vez sirva animarse a un poco más.

Causan un poco de vergüenza ajena los que dicen que “nunca pasó algo así en esta ciudad”. Tal vez nunca les pasó a ellos, que quizás buscan sentirse emparentados con la épica y la mística de otros tiempos, pero ni se acercan al compromiso ideológico y el basamento que caracterizó a las víctimas de otras persecuciones o amedrentamientos.

Fue en un local partidario, en la madrugada de un 25 de Mayo y no faltan, para ponerle relato a la cosa, quienes equiparan la importancia del Primer Gobierno Patrio con la asunción de Néstor Kirchner en 2003.

Entonces, todos esos fantasmas que se creían desaparecidos del inconsciente colectivo de una sociedad que va para cuatro décadas de continuidad democrática, volvieron de golpe.

Señal de que no estaban tan idos como la vorágine de vivir semanas como si fuesen años, equivocadamente, puede hacer creer…

Entras en comparaciones con la bomba en la sede de la CGT, el asesinato de Felipe Glasman o el incendio intencional en la casa del concejal Norberto Martínez, es tan inútil como desubicado.

Quizás lo único que esté claro es que esto no fue obra de dos trasnochados o dos chiflados, pasados de videos y con ganas de hacer una broma pesada.

Tan claro como qué no sabe quiénes fueron y ya no faltan los agoreros que recuerdan aquel axioma de la investigación: “si no se consigue algo firme en las primeras 48 o 72 horas, después se complica”.

Ojalá les tapen la boca. La incertidumbre y la impunidad, serán tanto o más dañinas que la explosión.

En alguna aburrida democracia nórdica por ahí habría lugar para suponer que esto puede haber sido el fruto de alguna mente afiebrada por el hastío, algún antisistema en búsqueda de la redención de cinco minutos de fama, pero no hay lugar para tal razonamiento en la Argentina de hoy: una sociedad violentada y violenta en una tenebrosa reedición de la paradoja del huevo y la gallina.

¿Hay quienes se ponen violentos cómo reacción a haber sido violentados o es al revés? Y, en todo caso ¿importa determinarlo?

¿O conviene asumir que el azote de violencias varias y por doquier crea el caldo de cultivo para que los que se crean con derecho a poder reaccionar de mala manera, reaccionen?

Quizás más preocupante que los extremistas que puedan cometer estas barbaridades  es qué podría estar sucediendo con la inmensamente mayor parte de una sociedad que no se pone a tirar bombas, por más que no la esté pasando bien.

¿No caerá la política, ávida de algún mimo, en la tentación de buscar legitimación y aprobación en las condenas y repudios que se puedan haber generado en torno a este hecho?

Hayan sido tres tarados que buscaron en YouTube un tutorial u otros tantos ex milicos que recuerden sus tiempos de sentirse especiales por manipular pólvora y detonadores con cierta asiduidad, un problema mucho mayor son los millones de argentinos a los que se bombardea todo el tiempo con un mensaje violento y se los somete a tener que contar no hasta diez sino hasta doscientos cada vez que prenden el televisor.

¿O no se puede sentir violentado quien un sábado a la noche escucha a un presidente que hablar con un cinismo tal como si su gobierno nunca hubiera sucedido?

Y por contrapartida, encuentra a un presidente en ejercicio que tiene que destinar horas y horas de su gestión a decir y desdecirse y a explicar que lo que no dijo lo que dijo.

Mientras, hay una mitad del país que sigue bajo la línea de pobreza y se ve sometida a la espantosa paradoja de arriesgarse a contraer COVID o morirse de hambre.

Pero eso sí: los que dijeron que la vacuna envenena y todos escuchamos y hasta presentaron una denuncia en la justicia, ahora niegan haberlo dicho…

Lo mismo que los que hablaron de pedidos de coimas y al otro día fueron desmentidos en forma demoledora.

Y no pasa nada ni con los que hablan de veneno para tratar de sacar tajada ni con los que agitan el siempre verosímil tufo de la corrupción, como tampoco pasa nada con que algunos amigos del poder se hayan podido vacunar antes y haya todo un sistema periodístico que no juzgue con la misma vara.

Tampoco juzga una justicia que antes de mirar los códigos se fija quien gobierna, no sea cosa que se dificulten ascensos y nombramientos.

La gota que colme el vaso

¿No es violencia todo esto? ¿Hay algún adminículo que mida la gravedad de las violencias? ¿Qué determine si un golpe o agresión, depende de quien lo cometa, pueda sacar de la cancha para siempre o algunos tengan un “changüí” extra, porque están del lado correcto del sistema?

¿O no es violento que bajo el siempre conveniente escudo de la libertad de expresión, haya una runfla de comunicadores que informe siempre para el lado que le conviene y hasta se legitime esto bajo el espantoso postulado del “es lo que hay”?

“Lo dice fulanito, y ya sabemos que es amigo de los “K”…

“Lo dice fulanita, y está claro que es anticristina y antimáximo…

En tener que andar todo el tiempo sopesando que las cosas pueden ser o no, ser según quién y porqué las diga, también puede haber un germen de indignación y de hartazgo que conduzca a la violencia.

Más cerca de todos nosotros, diga quien diga las cosas, casi no quedan medios ajenos a los condicionamientos de la pauta municipal y si un violento es o fue “anunciante” o amigo de mis “anunciantes”, se mira para otro lado… pero si no llega a serlo, se le da para que tenga y para que guarde…

Y así con unas cuantas cosas más… tantas que unas tapan a las otras y como no se las registra ni se las refleja cómo se debería, quedan disimuladas en las telarañas y las costras que se forman capa a capa en sentidos insensibilizados.

Hasta que un día, esa cáscara de tan gruesa se cae de golpe y queda todo lo que había por debajo en carne viva, ardiente, lacerante…

Entonces se pierde cualquier criterio de equidad en la reacción y la molestia por doblar en Villarino o Darregueira y arriesgar auto y vidas propia y ajena, queda a la altura de algún otro desatino.

Nunca la gota que colma el vaso suele ser la más grave, ni la más pesada, ni la más densa. Sólo fue la que provocó el desborde. No tiene sentido pedirle cargar las culpas sobre ella, cuando hubo cientos que la antecedieron sin que se tomara debida nota de la acumulación.

¿O no es violento que en una ciudad con record de casos de contagios y muertes, todo un sistema periodístico se haya puesto en función de darle “manija” a los macetones en el centro y a la privatización de los kioscos barco como “una política de generación de empleo”?

¿O no es violento ver que ni aún con la onda expansiva de un bombazo que se sintió de una punta a otra de la ciudad, haya políticos que a uno y otro lado del cerco, puedan salirse por un segundo de la hipnosis que les provoca la cercanía de unas elecciones que sólo les importan a ellos mismos?

¿O no es violento seguir tirando de la cuerda con la discusión sobre si “clases presenciales sí o clases presenciales no” cuando ya no queda comunidad educativa ajena al conteo no ya de contagios si no de fallecimientos por COVID?

Y el discurso político ha dejado de lado los contenidos para transformarse en una foto de estudio y posteos lavaditos onda “avisos parroquiales” dando cuenta de las actividades del cura en cuestión, sabedores los responsables de que no se trata de convencer, de persuadir, de demostrar si no tan solo de no generar rechazos y estar expectantes para, llegado el momento, cuando venga la ola electoral, tratar de subirse a la cresta y que te lleve lo más lejos posible.

“Vamos a volver mejores”, dijo el actual presidente y todo aquello que llevó al kirchnerismo a perder en 2015, no sólo no se corrigió si no que se agravó…

“Yo voy a ser el jefe de la seguridad en Bahía”, dijo el actual intendente y se transformó en una máquina de decir “eso no es responsabilidad mía”, “eso es de la provincia”, “eso de la nación”, total nadie pregunta demasiado por no decir casi nada.

¿O no es violencia parlotear en contra de “La grieta” porque supuestamente es lo que garpa en las encuestas, pero hacer y decir todo lo posible para que el abismo se profundice cada vez más?

De no ser por una encuesta de último minuto que demuestra que la ciudadanía es más razonable que su dirigencia, se hubiera hecho una Copa América en un país con decenas de miles de muertos.

Y también con eso tan patético y absurdo, se buscó sacar ventajitas políticas.

Muchos que venían acumulando motivos para putear a Alberto y a Cristina, soltaron lastre al ver a Macri, el sábado a la noche con la nieta de Mirtha.

“Por donde vamos no me gusta, pero por donde dice este caradura tampoco”, razonan.

Mientras tanto, miran a su alrededor, y caen en la cuenta de que viven en Bahía Blanca: una lugar en el que para la explosión en el local de La Cámpora no es que hubo una zona liberada, si no que toda la ciudad que está prácticamente en su totalidad a merced de quienes quieran cometer el ilícito que se les antoje…

Si las famosas cámaras de seguridad con las que tanto se batió el parche, nunca andan o nunca sirven cuando se las necesita para esclarecer algo importante.

Ahora que le tocó a la política pareciera que se toma nota del detalle, pero hace años que viene sucediendo: de hecho uno de los pocos rubros comerciales que han prosperado ha sido el de la instalación de sistemas de vigilancia propios.

No hay que repetirlo demasiado: lo único que falta es que terminen presentándolo como una política de estado, fomento del “emprendedurismo” y la mar en coche.

Por alguna de estas cámaras particulares se apuesta para ver si se captó algo que pueda dar un indicio sobre quienes pusieron un matafuegos lleno de pólvora en un ventanal del “Ateneo Néstor Kirchner”. Y lo volaron, con un detonador por control remoto o por retardo.

“Antirreglamentario”, determinó, sesuda y marcial, la primera investigación. De haberse ajustado a algún reglamento ¿hubiera sido menos grave?

Que quede claro: no se puede convalidar ni mucho menos  justificar ni esta ni  ninguna otra violencia.

Pero sólo en entenderla en sus primeros principios es la forma de empezar a resolverla. Enojarse, condenarla y repudiarla es natural y catalizador, pero no alcanza. Tampoco puede ser lo único.

Los que tienen al tal “Bombita” aquel personaje de Darín en “Relatos Salvajes” como héroe, son el síntoma de una sociedad enferma de violencia.

Pero es un principio elemental de cualquier práctica médica que contener las manifestaciones y no buscar la raíz del mal, es allanar el camino para que la enfermedad se propague hasta hacerse irreversible.

Y mientras esto no se asuma, la cuerda se seguirá tensando cada vez más para cortarse cada vez más seguido en forma espantosa, tenebrosa y descontrolada y pondrá a todo el andamiaje en zozobra, tal cual pasó hace nada más que una semana, no tan lejos de donde se están escribiendo estas líneas.

En realidad, no tan lejos de ninguna de las casas de quienes mayormente puedan leer este portal.

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