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La noticia del proyecto de ley que podría incluir a nuestra ciudad en la consideración de “Zona Fría” para que sus habitantes abonen una tarifa diferenciada de gas, fue nada más y nada menos, que una demostración de poder.

Un ejercicio del mismo en toda su dimensión, que puede servir para dejar en claro, en tiempos de acumulación de incertidumbres varias en todo sentido, donde se ubica al menos una parte.

Máximo Kirchner vio una posibilidad, decidió que había que avanzar y lo hizo porque podía hacerlo.

Más allá de los motivos que fueron expuestos, existen razones potentes para suponer que podría haber otros, menos filantrópicos que “traer un alivio a un jubilado que cobra 25 mil pesos y todos los inviernos recibe una factura mensual por 10 mil”.

Tal vez tengan que ver con la conflagración interna que padece el oficialismo gobernante, concebido como una coalición que se desequilibra, cada vez con menos lentitud, rumbo a una autocracia.

Eso que el episodio de la “no echada” de un subsecretario por parte de un jefe de Gabinete y un ministro de Economía puso en evidencia, quizás tenga bastante más que ver con las ganas de viabilizar a algo que se venía pidiendo desde hacía décadas.

Por si alguien todavía tiene alguna duda: no hubo construcción previa, no hubo búsqueda de consensos, tampoco un ejercicio de la actividad política bien entendida como una acumulación de argumentos razonables que fueran dotando de contundencia o legitimidad a una decisión.

Esto no quitó que referentes muy entrenados en el dudoso arte de colgarse de las buenas noticias exhibieran sus reflejos para intentar una toma de ganancias de una de las pocas cosas parecidas a un beneficio real y generalizado, en bastante tiempo.

En el triste pero necesario y argentino oficio de aprender a no tragarse (tantos) sapos, no vendría mal con este tema ensayar algunas preguntas para explorar caminos hacia alguna certeza.

Si de un anuncio que no le cae mal a millones de personas, en un país castigado por una consecución de sinsabores que lleva muchos años, el titular de una bancada de legisladores deja afuera al pobre Presidente de la Nación, ¿qué le podría esperar a la larga lista de nombres locales de la infinidad de localidades que serían beneficiadas por la medida, los cuales, cada uno desde su lugar puedan haber remado por la misma causa?

Ahora, si estos “remeros” quieren creer ellos mismos que sus estelas dejadas en el mar sirvieron de algo para este logro (si es que se concreta), allá ellos.

Incluso si hacia esa “creencia” quisieran arrastrar a otros para mandarse la parte, tal vez tampoco se les pueda quitar el derecho.

Sólo cabe estar anoticiados y que cada uno decida si se deja engatusar, porque tiene ganas, porque le conviene o porque puede ser una forma de poner algo de materialidad entre tanto marketing, fotito y virtualidad.

A fin de cuentas, si al mismísimo Perón le han terminado adjudicando conquistas que no fueron suyas, al punto de hacerlas verdades históricas indiscutibles, ¿por qué quitarle ese derecho a cualquier chichipío que, como aquella “cacatúa” del tango, “sueña con la pinta de Carlos Gardel”?

Patético también se escribe con “P”

El poder se tiene o no se tiene y en caso de que sea lo primero, se ejerce o no.

El patetismo, como sinónimo de degradación, requiere de una preparación, de un caldo de cultivo, de condiciones previas que lo induzcan, lo amasen y lo terminen perpetrando…

El anuncio de la suba de fase el día de más muertos en una jornada en la triste historia de la pandemia que vivimos fue algo patético.

Ni hablar que cabe la misma calificación para las horas que le siguieron a la exhibición de semejante entelequia como trofeo desde uno de los lados de la grieta y el desconcierto puesto de manifiesto desde el otro, momentos (no está de más aclararlo y tenerlo en cuenta) al momento de esta publicación todavía están en pleno transcurso.

Es decir que no es descabellado suponer que podría haber nuevas e impredecibles derivaciones de una noticia sucedida a contramano de todo lo que se pensaba y se sentía.

Lo novedoso es que “poder” y “patetismo” además de compartir la “p” inicial, en esta ocasión, no son palabras contrapuestas ni mucho menos.

Es decir que detrás del anuncio del retroceso (o avance) de fase, también hubo un ejercicio de poder.

Sólo que, a diferencia del primer ejemplo con el que se inician estas líneas, no está claro de parte de quién.

Y las dudas parten del hecho de que quien lo dio a conocer fue el intendente de una ciudad de distinto color político que el de la provincia y un día sábado, después de haberse el viernes reunido a solas con el ministro de salud de la gobernación.

Ministro que, no hay que olvidarlo, a la salida del encuentro dijo que la posibilidad “se estudiaría y una respuesta podría darse recién el martes”.

El doctor Gollán fue el primero en quedar expuesto.

El segundo fue el “Frente de Todos” local en su conjunto, pero en especial aquellos que sobreactúan un papel de pretendida línea directa con el gobernador Kiciloff.

“Si vos considerás propio o tenés algo de cercanía con quienes se desviven por mostrarse tuyos, no los dejás tan descolocados”, se jactó un concejal oficialista, desesperado por viralizar el audio que el concejal Quiroga que tomó estado público ayer en el que se aseguraba que Gay “engañó a Gollán con números falsos” y que “Federico” se iba a encargar de “dar vuelta” la torta cuando “les transmitiera la verdad”.

En efecto, el mensaje con la inconfundible voz del periodista, sonó a primer recurso disponible para no desmoralizar a una tropa atontada y aturdida por la noticia de que el “amado” Axel le había dado la razón al “odiado” Gay encima con semejante bandera.

¿Y si no la logran dar vuelta?

Tal vez convenga no hacer pronósticos y mejor que nadie –al menos esta vez—parecen saberlo los aparentes ganadores de esta ridícula pulseada.

Nadie sabe qué puede pasar en medio de semejante volatilidad de todo.

En esa inesperada (y poco habitual) cuota de prudencia tal vez haya una confesión de que en el municipio tampoco tienen muy claro donde exactamente sucedió  el aludido ejercicio del poder desde el que se tomó una decisión tan controversial.

“Quizás se conformaban tan sólo con pedirlo, aparatear  la demanda vía pauta y quedar bien con la clientela fija que los votó, que es la que clama por que no se detenga la economía”, teorizaba ayer, poco después del mediodía, con un poco de info, desde la mesa del nuevo café del “Tero” Rabbione un abogado con fama de aventurero, mucho más anti K que amarillo.  

“Pero entonces, ¿dónde se tomó la decisión? ¿Quién fue?”, preguntó uno de los dos restantes participantes de la mesa.

“La verdad no se sabe y si me aceptás la sugerencia, lo mejor sería no pensarlo mucho, porque si la respuesta es la que creo, hay que pensar seriamente en irse de esta ciudad, porque no hay destino”, sugirió el boga,  ante la consternación del par de oyentes.

Se sepa alguna vez la verdad o no, incluso si se revierte y se baja (o se sube) de fase, algo que en la práctica, para cómo se venía, en verdad no cambia demasiado, lo cierto es que para la inmensa mayoría de los bahienses, los dos ejercicios de poder real aquí mencionados van a quedar librados a aquello que para los teóricos de lo jurídico tiene rango de sagrado: es decir los hechos.

En el primer caso, que la pretendida ley, en efecto se sancione y se traduzca en un porcentaje menor en las facturas de gas

Y en el segundo, que el número de muertos no pueda asociarse a que fue una mala decisión aflojar el nivel de restricciones y se haga por fin realidad aquella profecía, hasta aquí incumplida, de que sólo cuando hubiera miles y miles de muertos y contagiados, recién los argentinos íbamos a aprender la lección.

Vaya a saberse si lo que sigue fue porque, por casualidad a uno de los acompañantes del abogado que sólo se había limitado a escuchar, se le cruzó por la cabeza quien podría haber usado su poder para pedir la salida de la odiada fase 2 (más improbable) y la vuelta a la amada fase 3.

O tan sólo porque no encontró mejor cosa para decir y no quiso irse del encuentro casi con la doble tachada (lo más factible), ya que incluso hasta habían pagado y tomado sus abrigos para irse, que le tiró un último centro al bronceado profesional.

“Te das cuenta, doctor: al final debe ser cierto aquello de que esta ciudad tiene muchas cosas a favor, pero no tiene suerte”, lamentó.

“¿Vos estás seguro que no tiene suerte?”, le retrucó. 

“Y… no pegamos una”, agregó con cierto temor a haberle errado.

“Yo creo que es al revés: que tiene demasiada suerte. Lo triste es que nos la gastamos en no desaparecer en lugar de crecer. Si esta ciudad no tuviera mucha suerte, no estaría más. ¡Mejor que no se nos termine nunca!”, cerró la charla y se fue.

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