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El manual que Durán Barba legó al PRO establece con claridad que, en la búsqueda de dar sensación de “cercanía y familiaridad”, cuando hay que referirse en forma positiva a otro político, se lo debe mencionar por su nombre de pila.

Por el contrario, si hay que mostrarse como distinto o distante, es mejor imponerle la lejanía del apellido.

Así, para unos cuantos, Vidal fue “María Eugenia” durante bastante tiempo, tanto como el tal “Francisco” que les abrió las puertas a varios en las arenas de los cargos políticos, regresó a ser De Nárvaez cuando se apagó su estrella.

Atento alumno en un terreno que recorrió de grande, tras haberlo visto desde la vereda de enfrente durante tres décadas, para Héctor Gay, Macri fue “Mauricio” cada vez que pudo durante su presidencia, pero ahora volvió a nombrarlo por el apellido.

En especial para mencionar que, a su criterio, no debería ser candidato en 2023.

Eso sí: ahora para Gay, Rodríguez Larreta es “Horacio”. Está claro que por allí va la apuesta del oficialismo local en el atribulado mundillo amarillo.

Algunos, “políticamente correctos” hasta lo exasperante, recuerdan que sólo unidos son fuertes y así tendrán chances de ganar y causar daño al odiado “kirchnerismo”, pero cuando se cierran los micrófonos y se animan a sincerarse (aunque sea un poco) puertas adentro, tienen claro que si la economía no explota y se logra vacunar a un porcentaje importante de la población, lo podrán tener bastante complicado.

Expertos en el dudoso arte de montarse a las irritaciones y las susceptibilidades sociales y, si se puede, multiplicarlas, echar nafta al fuego o sal en las heridas para tratar de sacar provecho, no pueden quedar deseando que todo vuele por los aires, que el dólar se vaya a 250 y que se caigan 25 aviones que traigan Sputniks y Sinopharms, aunque como cantaba Alberto Cortez, “en un rincón del alma”, noticias de esa índole tal vez no dejarían de regocijarlos.

Eso sí: para no sentirse tan mal, se refugian en que los “K” destinatarios de su inquina, no son carmelitas descalzas injustamente vituperadas, si no que algunas macanas han hecho a lo largo de los años para ser merecedores de su desprecio.

“Creanselá: ustedes ganaron las elecciones en ciudades importantes”, dicen que les dijo Macri (ex “Mauricio”) a los integrantes del llamado “Grupo Dorrego” en un reciente encuentro con intendentes del palo.

“El tema es haberle probado el gusto al queso, que te encante y que cuando le tomaste el gustito, te lo quiten de un plumazo. Y más por descuidos tuyos que por méritos ajenos”, comentó uno de los participantes a otro, sabedores ambos de que estuvieron en el convite por compromiso y gratitud con quien les dio el triunfo en 2015, pero al mismo tiempo, dubitativos de que volver a llevarlo como estandarte pueda ser buena idea.

En efecto, el “queso del poder” puede ser tan adictivo que cuando escasea o debe racionarse con extremo cuidado, entre quienes estén dispuestos a pelear por una parte, llegan a aflorar las conductas más extremas y despiadadas.

“Entendé que no es personal, es por el queso”, pretenderán explicar después, recurriendo a otra parte del manual que el ecuatoriano les inculcó y que no es más que una versión “coaching ontológico” de aquella frase que algunos erróneamente adjudican a Maquiavelo, respecto que “el fin justifica los medios”.

En este caso, podría ser algo así como “con tal de no aguantar a los peronistas, si hace falta ser peores que ellos, está todo bien… incluso amarrocar, morder y bueno, si nos desesperamos un poquito por el queso, es por una buena causa… ¿o ustedes prefieren que se lo coman esos de La Cámpora?”.

Indisimulables crujidos

Los más observadores ya creen escuchar algunos crujidos cada vez más persistentes en las estructuras del oficialismo local.

Y si no los escuchan, la sumatoria de indicios que llevan a suponer que bajo la superficie, hay estructuras que es imposible que no estén desestabilizándose ante la magnitud de las incertidumbres que se aproximan en el horizonte.

Y eso alcanza para hacerles imaginar esos ruidos, sin temores a errarle por mucho entre fantasía y percepción.

El primer dato duro es que ni en 2021 ni en 2023 ya no estará el nombre de Héctor Gay para traccionar al frente de una boleta y eso, entre todos los que se encolumnaron detrás del servicio de mascarón de proa que el ex periodista prestó con eficiencia al tándem Nidia Moirano-Santiago Nardelli, los inquieta bastante.

Algunos recuerdan que en 2017,  con Nicolás Vitalini encabezando la lista de candidatos a concejales también se arañó el 50 por ciento, pero el recuerdo de que eso sucedió en un momento en el que la devoción por María Eugenia Vidal estuvo en su cenit, les pesa más que, por ejemplo, las eventuales virtudes del actual presidente de bloque amarillo como eventual sucesor.

“Cómo querer ser, me parece que no quiere ninguno… porque todos tienen claro que les queda gigante semejante saco. Lo que pasa es que sienten que se les puede terminar y eso los puede llevar a descontrolarse”, advierte con el ojo certero de un buen árbitro de fútbol, un habitué por carácter ganancial de los círculos amarillos, que fantasea con ser concejal.

“Si están los que están, que no los conoce nadie, ¿por qué no podría ser yo que al menos recibí insultos de todas las hinchadas de la Liga del Sur?”, se pregunta.

Y enumera: “Pablito Romera tal vez es el más cercano a Gay y el que les abre o les cierra el grifo de la pauta a sus ex colegas, pero Tomy Marisco es el favorito de Moirano y el que lleva adelante varias cosas para mostrar a la clase media: los carritos del Parque, los trabajos en las plazas, las ciclovías, los conitos en las calles… el tipo está metido en todos esos temas y más allá de que algunos generen críticas, tiene claro que mientras el peronismo no lleve un candidato potable, como podría haber sido Feliú en otro tiempo, el que vaya con la chapa de anti K, en esta ciudad ya arranca con un piso altísimo”.

A una danza de nombres en la que escasean primeras líneas pero sobreabundan comparsas y segundos o terceros violines, se le suman las pretensiones de los otros dos componentes de la coalición “Juntos por el Cambio”: la UCR y la Coalición Cívica.

Por el lado de los primeros, el papelón en varios planos de la reciente interna no les deja mucho más lugar que el de apostar por la obsecuencia a la hora de intentar rascar algún lugar y en ese sentido, dos enemigos íntimos como Emiliano Álvarez Porte y Federico Tucat pican en punta para seguir haciendo todos los deberes que les indiquen y sumar los que les pidan, con tal de seguir como sea.

Por el lado de los segundos, la historia es distinta: dependen, por un lado, de qué haga Elisa Carrió y en donde apueste sus fichas, pero por el otro, también les hace cada vez más ruido formar parte de una gestión que, aun con la condescendencia de los principales medios como aliada para disimular asuntos que hubieran sido escandalosos en otro contexto, tiene cada vez dificultades para explicar la transparencia de algunos movimientos.

En ese sentido, la situación planteada en las dos Sapem, pone a los “Lilitos” en una postura incómoda en la que cada vez se les hace más complicado mantener silencio, a no ser que el discurso de la ética y la moral sólo empiece a aplicar unos kilómetros más allá de La Vitícola.

“Nosotros no vamos a avalar nada de lo que no estemos seguros y tranquilos”, advierte uno de los laderos de Andrés De Leo, quien mira con suma atención estos temas administrativos.

Dicho sea de paso, De Leo es uno de los que nunca ocultó su anhelo de terciar alguna vez por la intendencia y, según este colaborador, tras dos senadurías consecutivas, no sería “descabellado” plantearse la posibilidad.

Los del “Turco” y los de “El Chuca”

Este intento de reflexión no podría cerrarse sin agregar que, si de abordar la dinámica del oficialismo local, hay un tercer elemento al que hay que empezar a seguir con atención: una suerte de competencia entre los dos mayores empresarios más cercanos al actual oficialismo bahiense.

La referencia es para Gustavo Elías y Gabriel Chucariello, cada uno en lo suyo, aliados indudables de una gestión a la que le aportan y de la que reciben beneficios tangibles.

El punto es que entre ambos, todavía no está claro por qué y si es algo mutuo o sólo una tirria de uno hacia otro, parece haberse instalado un cierto resquemor, quizás fruto de que, en la fruición acumuladora propia de cualquier capitalista, no existe aquello de que “ya tengo suficiente y con esto me planto” si no que siempre se quiere más y más…

Y como, en una ciudad que se cree más grande de lo que realmente es, a veces no hay tanto para cosechar, es inexorable que en algún momento, ambos pongan la mira en los mismos campos.

En efecto, la fallida privatización de la Sapem Ambiental puede haber sido el escenario de una primera escaramuza todavía no cerrada, toda vez que la larga cantidad de heridos que dejó tamaña desprolijidad, amenaza con sacar a la luz situaciones bastante cuestionables.

Lo mismo que el indisimulable bochorno de unidades vendidas a precios mucho más bajos que los de mercado, sumado al millonario negocio del transporte de personal esencial y el inusual espacio mediático que en medios controlados por Elías se le brindó a un tema que involucra a Chucariello en modo directo y tal vez marque un segundo incidente entre los dos pesos pesados.

Del mismo modo que los ruidos cada vez más inquietantes que llegan desde la avenida Parchappe, donde todo aquello que estuvo más o menos ordenadito hasta no hace mucho, ahora amenaza con saltar por los aires en cualquier momento, invitan a la inquietud.

Entre esas supuestas turbiedades se incluyen la estampida de directores y empleados jerárquicos, una serie de nombramientos “express” y otra de eyeccciones difíciles de explicar en una empresa que era superavitaria y eficiente hasta no hace mucho pero ahora tambalea ante las consecuencias de una creciente ola de compras directas y cambios de proveedores que tuvo su corolario hace pocas horas con la baja, de la noche a la mañana, del proveedor de combustibles de ambas “sapemes”.

Eso, casualmente, sucedió tras una conversación de esas de las que “no hay retorno” entre el mismísimo Tomás Marisco y el proveedor, un tradicional referente del comercio de combustibles.

Unos días después de esa charla telefónica, vía whatsapp como es casi todo ahora, se le notificó al empresario que se daban de baja ambos contratos y tal cual sucedió con la compra de lubricantes (todas cifras suculentas) se ponía en manos de “gente de confianza” del nuevo presidente Juan Lucas Vélez.

Es que propiciar al Municipio como favorecedor de negocios privados es una vocación muy acendrada en el oficialismo bahiense.

Muy por encima por ejemplo de otros roles que deberían caberle al Estado, como ser ocuparse de aquellos menesteres que el capital privado no puede afrontar de ninguna manera.

La cuestión es que desde los días en que la convivencia entre estos empresarios era cordial y ambos tributaban a un mismo “proyecto de ciudad”, ha habido funcionarios que, por temas prácticos, fueron quedando, incluso sin querer, enrolados bajo una u otra ala entre los dos pesos pesados…

Y ahora que se han iniciado ciertas hostilidades, acostumbrados como venían, a avanzar o retroceder, hacer y deshacer con total impunidad y sin cuestionamientos, no tienen ni idea sobre cómo moverse cuando el camino se tornó resbaladizo.

Tal vez sea un poco tarde para darse cuenta que el manual de Durán Barba no les enseñó que, cuando es el queso el que está en juego, para no salir herido de alguna dentellada, puede no alcanzar con la impostada cercanía de animarse a llamar “Turco” o “Chuca” a aquel poderoso al que uno se sometió.

Menos aún decirle “Juani” o “Vani” a sus vástagos, como para barnizar con una supuesta capa de familiaridad, lo que a fin de cuentas no es más que servidumbre.

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