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La decadencia de la política argentina ha desparramado su podredumbre al punto de llegar incluso a modificar y tergiversar el lenguaje.

Por obra y gracia de la mala praxis de políticos vernáculos, por ejemplo, palabras que implicaban cierta cualidad o hasta daban cuenta de algo de valor, han devenido en otras que quieren decir todo lo contrario de su significado original.

Una de ellas es “testimonial”: según la Real Academia así se define a aquello que “da testimonio de algo o tiene valor de testimonio”. También a un “documento que testifica una cosa en modo legal”.

En modo inequívoco, “testimonio” se asocia con “verdad”. De hecho una de sus acepciones es la de “prueba que sirve para confirmar la verdad o la existencia de una cosa”.

Desde 2009, infructuosa jugarreta electoral de Néstor Kirchner mediante, “testimonial” en la Argentina ha pasado a significar todo lo contrario a tal punto de estar emparentado con lo “falso” o incluso con lo “trucho”.

¿Se acuerdan de los candidatos “testimoniales”? Fueron aquellos que figuraban en la lista para aprovechar su supuesto nivel de conocimiento y hasta predicamento, en medio de la ignorancia, el desinterés y el descrédito generalizado, pero luego no asumían ese cargo para el que eran postulados: Daniel Scioli y Sergio Massa fueron candidatos “testimoniales” detrás de Kirchner y los tres no pudieron ganarle a Francisco De Nárvaez.

Entonces, “testimonial” pasó a ser sinónimo de lo que se presenta para dar idea de algo que no es. Y poco importa lo que diga el diccionario…

Candidato “testimonial” fue Breitenstein en 2011 cuando se postuló a la intendencia, sabedor, como quedó demostrado luego, de que se iba a terminar yendo como “Ministro de la Producción” al gabinete provincial, escala previa a no poder volver nunca más.

En realidad, “testimonial” en el peor de los sentidos, es lo menos que le dicen los bahienses al ex intendente quien, aseguran, tiene una especie de pánico de regresar a la ciudad, más allá de que varios de sus acólitos en los últimos tiempos se reciclaron al amparo del armado de Federico Susbielles.

Lo cierto es que el término “testimonial” volvió a circular con fuerza en los últimos días en los corrillos del Concejo Deliberante bahiense, a partir de una ausencia cada vez indisimulable: la del concejal Luis Calderaro, hombre de la más extrema confianza del actual titular del Consorcio de Gestión del Puerto.

“Los kirchneristas volvieron a hacerlo. Son incorregibles”, se quejó un edil oficialista que, dicen, tiene en su habitación un póster del inefable diputado Fernando Iglesias, a quien admira con una devoción que hasta lo lleva a copiarle algunos giros y posturas cuando, salvando las distancias, la cosa se pica en alguna sesión.

“Recuerdo que andaban cuchicheando por los rincones cuando a Connie Rivas Godio se le complicaba venir por la enfermedad de su hija y había que andar haciendo malabares para que no la señalaran con el dedito acusatorio y ahora se hacen reverendamente los boludos”, comparó.

A decir verdad, todo hacía suponer que el mencionado concejal Calderaro iba a ser una de las espadas políticas a la hora de dotar de volumen de debate al cuerpo, pero a más de un año de su llegada, pandemia de por medio es cierto, lejos ha estado de cumplir con esas expectativas.

Más allá de la proverbial campechanía con la que se hace notar con alguna jovialidad en algún cuarto intermedio, no sólo su producción legislativa si no su injerencia en la vida interna ha sido prácticamente nula, en especial a partir de la intensificación de sus labores en el Consejo de la Magistratura que lo llevan a estar más tiempo en Buenos Aires que en la ciudad a cuyos vecinos representa.

“Es un concejal testimonial”, disparó la fuente, sin el menor remordimiento por sopesar entre la verdadera definición etimológica y la significación que el término adquirió.

Lo que tal vez no se anime a decir es que, más allá de esa chicana “en off”, es evidente que lejos está el oficialismo local de tener en sus planes sostener debate alguno al respecto.

Una cosa es twittear republicanismo e institucionalidad y otra ejercerlos, no sea que en lugar de uno que no existe ni está en condiciones de decir ni mu, se les dé por honrar el cargo y venga alguno que esté todo el día dando vueltas y haga algo.

Sin contar con que la situación constituye un “ahorro” en previsión de la próxima campaña, mucho más si como la inercia del 2019 hace suponer a algunos, es Federico Susbielles quien sale a ponérsela al hombro: “¿Con qué cara va a salir a bancar a un primer candidato a concejal, si a quien llevó en el mismo lugar la última vez apenas se lo escuchó? Pero así son: incorregibles y no se les mueve un músculo de la cara de vergüenza”, insistió.

A uno y otro lado de “la grieta”

Hay quienes sostienen que los que están a uno u otro lado de la famosa “grieta” no son más que un 15 por ciento en una orilla y un 15 por ciento en la otra.

El tema es que se gritan tanto entre sí, odian con tanta fuerza a los de la vereda de enfrente, que la gran mayoría, que está en el medio se queda silenciada, ahogada en una apatía que inmoviliza cualquier posibilidad de organización para hacer valer su peso.

No estaría mal que tomen nota del detalle quienes están más atentos a marcar el error, la contradicción, la patinada ajena y jamás la macana propia.

Tal vez sea cierto el carácter “testimonial” del concejal Calderaro, pero no lo es menos que muchas otras situaciones a las que les cabe la misma calificación.

¿O no es “testimonial” un Concejo Deliberante que sólo levanta un poco de temperatura cuando desde uno y otro lado se tiran con temas nacionales, como si pudieran hacer algo por resolver alguno, pero nunca ponen el mismo énfasis en discutir cuestiones locales sobre las que sí podrían tener alguna injerencia?

¿O no es “testimonial” la sobreactuación de las cuestiones relacionadas con la igualdad de género y la lucha por colgarse cucardas cuando se trata de denunciar y condenar casos de la periferia o de personas “comunes”, pero ni una palabra cuando hay que señalar que este flagelo también involucra a un personaje influyente de la ciudad y dicho sea de paso, “anunciante” de distintos emprendimientos periodísticos desde hace muchos años, como el todavía secretario general de la UTA, Ricardo Pera, a quien desde diversos sectores se le sigue profesando un tratamiento mezcla de temor, pleitesía y sumisión?

¿O no es “testimonial” la permanencia de unos cuantos legisladores provinciales a los que no se les conoce la voz y sólo ofician como “cadetes muy bien remunerados” de organizaciones nacionales que, dicho sea de paso, así demuestran su escasa consideración por nuestra ciudad: su representante es alguien que habla poco, escucha mucho, informa y hace lo que le mandan?

¿O no es “testimonial” que, a favor del blindaje mediático y la tibieza de una oposición tal vez demasiado cómoda en el rol de apenas manifestar su desacuerdo, pasen los días y no se dé ninguna explicación seria sobre la liquidación de dos líneas de colectivo, con traspaso de unidades incluido a “precios de outlet”, a un empresario que no sólo aportó importantes cifras a la última campaña del intendente Gay, si no también hace pocas semanas fue ya favorecido con la concesión y explotación de un espacio en el Parque de Mayo por 20 años?

¿O no es “testimonial” que, a cinco meses de haber sido designado por el intendente un nuevo presidente/gerente de la empresa municipal que ejecuta el contrato más caro de la ciudad, no se haya escuchado su voz ni haya habido necesidad de preguntarle qué piensa hacer con un servicio que funcionaba bien y era superavitario y revirtió ambas condiciones en poco tiempo?

Hasta aquí, estas preguntas plantean situaciones “testimoniales” entre comillas. Sólo son algunas, casi elegidas al voleo, entre muchas otras que se podrían mencionar.

Tal vez entonces, sirva terminar este intento de reflexión con la mención de un hecho testimonial en serio, sin salvedades de ninguna índole respecto del real sentido del adjetivo y no el que le cupo a partir de la agachada de Kirchner.

En una ciudad cuyo nombre está asociada, y no en forma virtuosa, a la influencia ejercida durante más de un siglo por el diario “La Nueva Provincia”, en términos ideológicos y de poder, hace poco más de un mes, se hizo “desaparecer” una edición entera de la impresión en papel para evitar la difusión de una nota, que también fue eliminada de la web.

La escasa repercusión y la casi nula indignación que despertó a nivel local un hecho que hubiera sido cismático hasta hace unos años, quizás sea el mejor testimonio del oscuro signo de estos tiempos, en los que puede pasar de todo y decirse cualquier cosa, sobre lo que sea…

Pero lo que se dice a caballo de una amplitud de posibilidades, basada mucho más en una prepotencia tecnológica que en el cultivo de los derechos y obligaciones que implica el ejercicio de las libertades individuales, pareciera no importarle a nadie.

A punto de que no termina por quedar claro qué es peor: si una censura o la indiferencia generalizada ante ella. A no devanarse los sesos: quizás sean ambas parte de una misma y suprema gravedad.

Usuario de Solo Local

One Reply to “Testimoniales”

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