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(Solo Local) – A veces da un poco de pena que, de tan trilladas, algunas buenas frases terminen siendo confundidas con lugares comunes y pierdan su valor pedagógico.

Aquella que habla de la necedad de quien espera resultados distintos al insistir siempre con las mismas fórmulas, es una de ellas y puede aplicar a la perfección a la devaluada política bahiense.

La generalizada sensación de frustración constante, de expectativas no cumplidas, de potencial desperdiciado, no se condice con la forma de votar que tiene un electorado que recuerda a aquel que juega siempre los mismos seis números en el Loto y cada vez que no se ve favorecido, se gasta en maldecir su suerte y hasta ensaya sesudas críticas contra el sistema que nunca lo premia.

Pero eso sí: siempre que vuelve a ingresar a la agencia, no duda en repetir su fórmula imposible.

La pregunta es si están dadas las condiciones para que esa monotonía pueda romperse en este 2021 en el que habrá elecciones legislativas y, al desbarajuste generalizado que provoca la pandemia, se junta el recuerdo todavía fresco de la profunda decepción que significó el “macrismo” con el empecinamiento del kirchnerismo en repetir todo aquello que lo llevó a perder en 2015 y así defraudar a los que creyeron que “volverían distintos y mejores”.

Aún en medio de las incertidumbres e indefiniciones imperantes y muy presente esta enseñanza a los golpes, de que toda previsión puede ir a parar a cualquier lado de un momento a otro, corresponde asumir que esa chance de ruptura sólo alcanzaría a la posibilidad de que una tercera fuerza pudiera alcanzar representación en el Concejo Deliberante, lo que no sería poco si alcanza para romper la nada misma en la que la llamada “caja de resonancia de una comunidad” se ha convertido a partir de la mayoría de un oficialismo (cuyo mascarón de proa es Héctor Gay, pero hay muchas dudas de que sea realmente el capitán). De un modo u otro se las ha ingeniado para maniatar a la oposición a partir del sometimiento del alicaído sistema de medios de comunicación mediante la pauta publicitaria.

Hay matices y nada es tan lineal, pero justamente no es el peronismo que viene de tener dos intendentes como Cristian Breitenstein y Gustavo Bevilacqua el que más pueda poner el dedo en la llaga en este tema, más allá de que nunca antes se haya registrado el nivel de control que se advierte en un tiempo de suprema imposición de agenda tal que hasta los titulares sobre los temas vernáculos parecen calcados de un medio a otro y cuesta encontrar, no ya voces críticas sino aunque sea un poco disonantes, circunstancia que se explica con contundencia a partir de la recurrente circulación en redes sociales del obsceno listado de dinero municipal distribuido entre empresas y periodistas.

Sin embargo, allí donde la actual oposición ve una realidad que los frustra, los atemoriza y a veces paraliza, son quienes no están presos de ninguno de los dos lados de la grieta los que pueden tener una perspectiva superadora.

Y hasta se animan a avizorar que más que una fortaleza, gastar el dineral que la administración Gay destina a condicionar medios, en realidad esconde una gran debilidad. Es la paradoja de aquel que se cree un galán porque compra amor; el día que deja de tener dinero para pagar, deja de ser tan ganador.

A semejante forma de pensar no se pueden animar quienes querrían llegar al poder para hacer exactamente lo mismo que ahora critican: es decir ser ellos quienes administren y silencien o “den manija” de acuerdo a sus preferencias.

Y es desde estas terceras posiciones (las verdaderas y genuinas, no aquellas que se pergeñan como satélites funcionales a alguno de los dos polos hegemónicos, circunstancia que ameritaría una reflexión por si misma) donde se atreven a asegurar que lo único que la pauta le permite a la gestión de Gay es que sólo sea visible la punta del iceberg de su impericia e improvisación y que el menor colapso estructural (un escándalo real e indisimulable o un error de cálculo en el juego de los equilibrios nacionales o provinciales) podría ocasionar un desplome de una magnitud tal que se llevaría puesto no sólo a los miembros de la franquicia si no a quienes han sido funcionales.

Mucho más que dos

También llamativo es que desde adentro del sistema, el espejismo de robustez les lleva a creer a quienes lo integran en una invulnerabilidad que visto desde afuera es bastante más dudosa y no resiste, no ya estudios o investigaciones, sino la simple formulación de preguntas en serio y no la penosa sucesión de centros y bandejas en que se ha transformado la interactuación entre muchos periodistas y funcionarios municipales.

En la certeza de que cada vez son más los que no se tragan más esta versión berreta de “The Truman Show” porque, como le sucede al protagonista, son cada vez más los se chocan en algún momento contra la realidad de que la gestión municipal es sólo un decorado “de lucecitas montadas para escena”, radica la esperanza en que la costosísima e indignante noria del Concejo Deliberante bahiense condenado a no salir del desempate por doble voto de la presidencia, pueda tornarse un poco más productiva, vibrante, creativa y útil para la sociedad a la que representa.

Doce concejales forman parte del oficialismo y once de la oposición. La díscola radical Gabriela Schieda no logró una emancipación completa.

Cuando se vote este año, se pondrán en juego seis escaños por cada bancada, con el dato no menor que una de ellas será Schieda, cuyo reemplazo ya, se supone, no tendrá la menor rebeldía.

Si el panorama se pareciera al de 2019, cuando ingresaron 7 ediles por el oficialismo y 5 por la oposición, poca o nada modificación cabría esperar y los bahienses seguirán insultando por su inacción a la misma institución a la que con su voto condenan a que no pueda moverse demasiado.

Incluso si el peronismo mejorase un poco su performance y el oficialismo decreciera y se repartieran 6 bancas cada uno, se mantendría el “statu quo” actual y con 13 a 11 ni siquiera sería necesario que el presidente del cuerpo desempate en forma constante, como sucede ahora en forma casi vergonzosa ante la caradurez en abusar sin remordimientos de un mecanismo establecido para situaciones excepcionales.

La matemática indica que el camino tal vez más viable para salir del pantano, es uno del que se habla poco pero que no parece tan lejano, en especial en tiempos en los que, al creciente descontento y decepción con los partidos hegemónicos, se le suma la velocidad de propagación de mensajes en las redes sociales.

Esa opción sería que apareciera una tercera fuerza que obtuviese los aproximadamente 15 mil votos necesarios para instalar, no uno si no dos concejales (la diferencia que se necesita para que, una vez superado el piso mínimo de 8,33 % de los votos válidos, un partido ingrese dos es muy mínima)  y así, la próxima conformación de un concejo que podría tener dos bloques de 11 y uno de 2.

Con el agregado de que este de “minibloque” de dos podría pasar a tener un peso gigantesco a la hora de aprobar o desaprobar lo que sea, mucho más que los que hoy tienen, por ejemplo, el bloque de once opositores que lidera, al menos en lo administrativo, la “breiteinstenista” devenida en “susbiellista” Gisela Ghigliani.

Que quede claro que no es un vaticinio, si no la mera mención de un posibilidad cierta. La aritmética política es la variante más caprichosa de la matemática. También impredecible y a veces, hasta injusta.

Una opción que, corresponde hacer la salvedad, se esboza como hipótesis cuando ni siquiera hay reglas de juego claras, fechas o tendencias y que sólo toma como base los resultados recientes y la evidencia incontrastable de que la segunda institución política de la ciudad se ha transformado en un órgano muy poco trascendente y, por completo, sometido a las necesidades de una intendencia que, salvo a los que se benefician en forma directa de ella (periodistas y dueños de varios medios incluidos) conforma a muy pocos, pero usufructúa con precisión lo refractaria al peronismo que es buena parte de la sociedad bahiense.

En este estado de cosas, pensar en que quien gane la elección y quien lo secunde podrían situarse ambos entre 35 y 39,9 % de los votos y que hubiera un tercero en discordia que obtuviese alrededor de un 12 por ciento, no sólo no suena descabellado si no también hasta es una razonable expresión de deseos a las que podría adherir la otrora competitiva Integración Ciudadana (desde 2007 y por cuatro comicios consecutivos hasta 2013 fue un animador central de cada elección) o alguna de las expresiones que en 2019 lograron superar el piso de las primarias.

Más allá de niveles de conocimientos, aparatos, folklores partidarios y hegemonías, parten con la plataforma a favor de que no parecieran ser pocos los que no quieren saber nada con seguir insistiendo con las mismas fórmulas, solo que como a uno y otro lado de la grieta se gritan tanto todo el tiempo, no encuentran, por ahora, la manera de meter bocado. Por ahora…   

Solo Local

One Reply to “¿Y si se suma una tercera fuerza al HCD?”

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