Site Loader

(Por Raúl Woscoff) – Son casi términos hermanados. La segunda es el ámbito donde la primera se ejerce con habitualidad y pasión. En su dimensión local no alcanza extremos vitales como el de Cayo Julio César quien muere en manos de Bruto, quien lo traiciona. Aunque la existencia de los brutos en política sigue tan presente como la traición. Dicen que camino al senado Julio César fue avisado que la traición se avecinaba. Pero una característica del traicionado es que en el fondo es un gran incrédulo.
Siempre hay un intento de justificarla, a la traición, me refiero. A punto tal que una de las verdades no escritas del movimiento histórico de mayor vigencia en nuestra historia política señala “que el que avisa no traiciona”.
La traición es inclusiva. La ejercen por igual ellas y ellos. Los traidores son por lo general exitosos. En política nadie traiciona sino es para mejorar. Y eso generalmente supone asegurarse un cargo, habitualmente electivo y de los otros cuando se traiciona para incorporarse a una fuerza que es oficialista y tiene mucho para ofrecer. Y es comprensible. La política no tiene estabilidad y el que quiere vivir de ella tiene que hacer algunos sacrificios, por ejemplo traicionar.
Las razones, poco fundadas, por las que el traidor traiciona, son infinitas, pero en el fondo, o en la superficie, siempre se reduce a ese afán de continuar. Tienen desarrollado el olfato como una forma de supervivencia. El traidor percibe, antes que nadie, el triunfo del antagonista de ayer que los va a cobijar por un nuevo período mañana. Son devotos del progreso, el propio, claro.
Desconocemos si los felones terminan horizontalizados en el diván de algún psicólogo. Imaginamos que no porque de ser así los consultorios no tendrían tantos turnos para atenderlos.
Al fin y al cabo la traición tiene que ver con la fidelidad.Y ambos no son atributos exclusivos de la política. Lo son de la vida. Sino pregúntese el lector por que se generan algunos divorcios?
Siempre hay alguien que detecta la inminente traición. Son como anticuerpos que se desarrollan en las fuerzas políticas. Generalmente expresadas en esa frase que cae como un mazazo por su desnuda veracidad: “…te dije, esta/este nos va a traicionar…” ( generalmente el verbo utilizado alude a una función intestinal. )
Cuando llega el aviso ya es tarde. Se ha consumado la traición.
Y lo que queda es velar las armas.
 Si hay algo que la política también ofrece, es revancha. Es cuestión de paciencia. Se necesita tanta cantidad como traidores pululan en este mundo.

Solo Local

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *