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La expresión podría ser la síntesis de la vida diaria en la Bahía Blanca de estos días. Sí, de los tormentos, sin ambages, porque a ello son sometidos los sacrificados vecinos de nuestra ciudad. Sin agua y con cortes intermitentes de luz. Mientras ello ocurre un grupo de políticos y sus seguidores reiteran hasta el cansancio, año tras año, uno tras otro, numerosos proyectos cuasi faraónicos que se supone derramarían toneladas de bonanza en la ciudad.

Nóminas extensas de pretendidos nuevos puestos de trabajo, empleo indirecto, y vaya a saber cuántas industrias locales beneficiadas. Luego frustrados por las insidiosas relaciones comerciales internacionales, cambios de precios en el mercado, y ahora, claro….la pandemia que todo lo destruye. Como si nuestro destino marcado fuera el de una grandeza desconocida y no el de diluir las desigualdades y hacer más felices a nuestros convecinos.


En este caluroso escenario todo depende del sol, la temperatura y los vientos. Casi como si viviéramos en un etapa prehistórica. Resta transformar a la sufrida ciudadanía en adoradores de los elementos naturales.


La pregunta, un tanto ingenua, es ¿qué factores impiden resolver los problemas que ya grandecitos, superando la mayoría de edad, agobian a los bahienses? ¿Se trata acaso de una conspiración extraña de fuerzas del mal o simplemente, de cuantiosos recursos que tienen que llover de las jurisdicciones nacional y provincial, como las aguas al dique Paso de Las Piedras?


Dicen que el Presidente de la República alude muchas veces a esa expresión que indica que si se hacen las mismas cosas no esperemos resultados diferentes. Atribuída a Einstein, hagámosla nuestra por simple ejercicio, nomás.


Dos aplicaciones concretas.
En base a un acuerdo de todos los partidos políticos y organizaciones sociales, en una suerte de Consejo Económico social bahiense, acordemos una partida para las obras de infraestructura. Si no es suficiente en un presupuesto, afectemos recursos en los siguientes. Al fin y al cabo el cálculo ha resultado siempre un pronóstico incumplido, con partidas excedidas y otras evidenciando una flacura injustificada.

Tan difícil es hacerlo?


Otra. ¿Por qué no identificamos, con el mismo acuerdo, los factores que impiden nuestro desarrollo y nos avocamos a removerlos?
Si no se quiere. No se puede.


Mientras tanto nuestros dirigentes con responsabilidad institucional siguen mirando al sol, enceguecidos en su impenitente tozudez.

Raúl Woscoff

Usuario de Solo Local

One Reply to “Bahía de los tormentos”

  1. A muchos dirigentes políticos le resulta más ventajoso a sus intereses seguir engañando a los vecinos con proyectos “prometedores” que con obras de mejora y mantenimiento y a muchos vecinos les resulta demasiado enojoso pedir cuentas a los dirigentes e incluso prefieren la ilusión a la efectiva labor correctiva

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