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“Durante seis años acompañé a mi mamá en el calvario que le tocó vivir. Al principio eran cosas pequeñas, que la metían en el pozo sin darnos cuenta. Iba a la casa de Ricardo Pera y no podía agarrar el celular para hablar con nosotres (sus cuatro hijes, menores de edad en ese entonces); él iba a casa y teníamos que estar todes sentades en la mesa escuchándolo hablar durante horas; ella estaba obligada a responderle el teléfono a cualquier hora que llamara, durante el tiempo que él quisiera. Fue una época difícil en casa porque la había absorbido tanto que casi no estaba”.

Así comienza un estremecedor relato publicado en el muro de Facebook de una joven bahiense, hija de la denunciante de Ricardo Pera por violencia de género.

La publicación data del 9 de febrero de 2020 y circuló por las redes sociales, sin demasiado impacto.

A pesar de eso, en los últimos 60 días el nombre del secretario general de la seccional local de la Unión Tranviarios Automotor fue noticia dos veces. A diferencia de otras ocasiones, no para referirse a cuestiones que lo tenían como actor de la política local, sino por situaciones relacionadas con la violencia.

Pocas horas antes de terminar el 2020, el gremialista y ex concejal fue en primera instancia condenado a 22 meses de prisión en suspenso por haber sido hallado responsable de la agresión y las amenazas a dos de sus pares cuando ocupaba una banca en el HCD en enero de 2015, último hecho de una serie de varias situaciones de violencia acaecidas en el ámbito deliberativo durante todo ese año en el que incluso se lo destituyó de su cargo y se lo repuso por orden del Suprema Corte Provincial bajo el argumento de “tecnicismos legales incumplidos”.¿Hace falta recordar casos en que similares aplicaciones del derecho terminaron realmente muy mal?

Lo cierto es que la semana pasada volvió a ocupar un espacio en las noticias al conocerse su citación a indagatoria a partir de la denuncia presentada por una ex pareja suya, Laura Trespando, ex empleada de la empresa Sapem Transporte en la que Pera, por decirlo de un modo prudente, ejerce una gran influencia.

“Le dio trabajo, sí, herramienta que usó todos estos años para manipularla, amenazarla y someterla a sus deseos. La violencia crecía cada día, era psicológica, económica, laboral y física. Ella no podía ni siquiera salir a hacer compras al supermercado tranquila, si él la llamaba, arrancaba el padecimiento. A veces parecía que la rastreaba de tan oportuno que era”, detalló la hija de la denunciante.

La singular relación de Gay con Pera

Más allá de hechos que se describen por sí solos (el de la agresión en pleno recinto del HCD) y este para con una mujer, no vendría mal establecer si para obtener sus “objetivos gremiales” (cosa que logró con prácticamente todas las gestiones municipales), Pera no recurrió a los mismos métodos ahora ventilados en la justicia.

Y entonces, al igual que sucede con muchas víctimas, el recurrente y doloroso interrogante surgirá una vez más: ¿Cómo se pudo tolerar esto durante tanto tiempo? ¿Por qué no se pudo erradicar antes? ¿Cómo fue que las distintas administraciones, sea cual fuere su color político, terminaron sometidas a sus pretensiones?

Como botón de muestra alcanza con analizar lo referido a la actual gestión de un intendente que ya en sus tiempos de periodista había sufrido alguna forma de violencia, llegó a la jefatura comunal hablando de la “caja negra de las dos Sapem” y a poco de comenzar su mandato terminó concediendo que nada suceda en materia de transporte sin la anuencia de Pera, quien según el testimonio a viva voz del propio gremialista, podía ingresar a su despacho sin pedir audiencia para conversar sobre todos los temas de la ciudad y hasta lo hizo subir al escenario para que los afiliados de la UTA los aplaudieran a ambos en una fiesta de fin de año.

Sin ir más lejos, la denunciante asegura que, dada su condición de empleada de la empresa, puso en conocimiento de su situación al intendente municipal y a quién él había designado por entonces como su representante (y presidente en la BTS), Tomás Marisco.

En la única vez que un medio pudo preguntar al respecto, el propio jefe comunal aseguró no tener conocimiento de esa denuncia.

En un tiempo donde saludablemente estos temas han pasado a tener una preponderancia implacable en la agenda mundial, bastante poco le preguntaron y, ni hablar, demasiada poca explicación ha brindado, tratándose de lo que se trata.

Mucho más cuando estaba allí incontrastable la contundente evidencia de que Gay le entregó literalmente a uno de los más estrechos colaboradores de Pera nada menos que un Juzgado de Faltas, un hecho que pretendió ser presentado como una muestra de pluralismo pero tal vez no sea más que una ofrenda más de parte del violentado al violento con tal de no despertar su ira.

Amo y Señor

“Ni hablar de reuniones familiares, cumpleaños o juntarse con sus amigas, la alejó de todo. Íbamos a ver a mi abuela a escondidas para que él no se entere, le molestaba que ella se rodee de gente que la quiere y que le hace bien”, escribió la hija de la denunciante en su muro de Facebook sin que a ningún medio se le “ocurriera” nunca pedirle mayores detalles.

Aunque sea para acordarse de “Amo y señor”, aquella caricaturesca telenovela de Arnaldo André con Luisa Kuliok que hoy coleccionaría denuncias por “machismo extremo”.

¿No es acaso Pera un personaje público en esta ciudad? Por ejemplo, el caso de aquella mujer que viene peleando desde hace años para que se le reconozca su derecho a ser chofer de colectivos sin lograr nunca superar la caprichosa negativa del gremio ¿nunca llamó la atención como si la despiertan otras situaciones vinculadas a la inequidad de género?

“Siempre se creyó un Dios, como si todo lo que mi vieja logró en su vida se lo hubiera dado él, así se maneja hoy en día también, da trabajo y después hostiga con eso, le debés tu vida, tenés que respetarlo, idolatrarlo y obedecerle para que no te deje en la calle”, detalló la joven en una publicación que es de acceso público para todos quienes tengan una cuenta en la misma red social.

“Ella siempre aparecía con algún moretón distinto: “Me caí”, “Me choqué algo”, “No sé de qué es”. Los golpes y gritos empezaron a ser moneda corriente. Era común que aparezca llorando desahuciada. Le pegó adentro del gremio, todos los que trabajan ahí se ocuparon de vaciar el lugar para que él haga tranquilo lo suyo. Todes en la empresa sabían de la situación que estaba viviendo, la empatía es algo que falta ahí adentro”, advirtió, antes de referirse a las dificultades de la (supuesta) víctima en terminar con una relación que según sus palabras, “la estaba consumiendo”-

“Cada vez que iba a su casa iba con miedo. Yo también tenía miedo. Miedo a que no vuelva. Ojalá sea la última víctima de Ricardo Pera, porque todes sabemos que no es la única”, concluyó.

En efecto, es bastante lógico suponer que pueda haber más violentados.

¿Alcanzará con el ejemplo de una ya consumada condena en primera instancia y una citación a indagatoria, paso previo a un nuevo juicio oral con el gremialista en el banquillo de los acusados, para que quienes no se han animado, se decidan a hacer escuchar su voz?

La exhortación bien podría alcanzar al sector del periodismo que ha mirado, para ser piadosos, para otro lado durante bastante tiempo.

A fin de cuentas, como bien evidenció con la valentía que la caracteriza, Lorena Zerneri (su madre también fue víctima de la irascibilidad del sindicalista en la puerta misma del HCD, en un hecho que se resolvió en una mediación judicial) a poco de conocida la condena a Pera el pasado 29 de diciembre, el conductor radial que oficia como principal vocero de la familia Elías, propietaria del grupo La Nueva, hasta editorializó a favor del condenado e intentó poner el asunto en el terreno de los códigos y las mal entendidas hombrías.

Con esta información, cada podrá sacar sus propias conclusiones.

Según se informó, por no haber podido localizar a Pera para notificarlo, la audiencia para indagarlo por violencia de género, y, otra vez, lesiones y amenazas se pospuso para el 29 de marzo venidero.

Una maniobra de dilación similar, el acusado había intentado antes del juicio en el que resultó condenado y debió concurrir a Tribunales compelido por la fuerza pública.

Hasta entonces quizás haya tiempo para preguntarse si la violentada, durante todos estos años, además de una imprecisa cantidad de víctimas de diversa índole, no ha sido tal vez toda una comunidad en la que impera un sistema de poder preso, entre otros vicios, de la equivocada creencia de que “conviene tener contento a Pera. con tal de que no te pare la ciudad”.

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