Site Loader

Algo no huele bien en Bahía Sapem Ambiental, la sociedad anónima con participación estatal municipal mayoritaria creada en 2012 durante el gobierno del ex intendente Gustavo Bevilacqua.

Se la concibió como una empresa de servicios con su foco puesto en la higiene y la limpieza urbana, industrial y comercial.

Desde noviembre pasado, por designación del intendente municipal (por estatuto tiene la potestad de nombrar al encargado de conducirla), está a cargo del contador Juan Lucas Vélez, quien cumplió funciones como asesor contable en Bahía Transporte Sapem, la otra empresa con participación mayoritaria del Estado Municipal.

Ni el nombre ni la presencia de este joven profesional son nuevos: de hecho, a poco de llegar Gay a la intendencia, a principios de 2016, su presencia no pasó inadvertida cuando acompañó a su amigo, Tomás Adrián Marisco, al Concejo Deliberante, para dar detalles sobre los planes previstos para la Sapem Transporte, presidida por el entonces, “secretario privado” del intendente, hoy devenido en Secretario de Movilidad y Espacios Públicos.

Aquel debut fue en ocasión de intentar explicar la defraudación a la empresa a partir de la utilización de tarjetas “truchadas” y referirse a la cercana implementación del sistema SUBE.

En ese momento, Marisco sostuvo que “a partir del aporte de un profesional capacitado y creativo como Juan Lucas” se podría desarrollar el potencial de la empresa como generadora de “múltiples unidades de negocios que no se podían desaprovechar”.

Ya se ha dicho que la ciudad está en manos de un grupo de poder que usufructúa el nombre de “Juntos por el Cambio” como si fuera una franquicia que permite que sus intereses coincidan con el ejercicio de gobernar la ciudad.

Después de aquella irrupción del tándem Marisco-Vélez en el HCD, hubo un tiempito de tironeos con la UTA y enseguida una rendición incondicional, basada en la decisión de poner todo el dinero que hiciera falta con tal de que no hubiera conflictos que empañaran la imagen de un intendente que había llegado al cargo hablando de “cajas negras” y, sin mediar explicación, pasó a alimentarlas sin chistar, tal como requirió el recientemente condenado en primera instancia por actos de violencia, Ricardo Pera.

De las “unidades de negocios” ni noticias, pero sí de recurrentes salvatajes en forma de “aportes de capital” girados desde el Municipio para que los números cerraran, en medio de un festival de nombramientos de personal recomendado por el gremio.

Tras la recordada voladura de aquella garita en Vieytes y Suiza el mismo día de su inauguración en Agosto de 2016, se supo que la vinculación con la empresa de publicidad en la vía pública que las construyó, vino de la mano del contador Vélez, quien un tiempo después, sin dar demasiados detalles, dejó el puesto tras haber comentado a algunos allegados su poco gusto por la exposición y el conflicto que supone una función pública.

Dejó ese puesto, pero la relación de muchos años con el “Nidia’s Team” nunca se perdió ni mucho menos.

Es que tanto Marisco como Vélez, hay que decirlo, son alfiles de la máxima confianza de la senadora Nidia Moirano, pero de eso tampoco se habla en una ciudad cuya agenda informativa está definida por la pauta publicitaria de un municipio, devenido en principal anunciante de la mayoría de los medios informativos.

De otra manera no se explica que a más de dos meses de haber asumido el contador Vélez la conducción de Bahía Ambiental Sapem, la empresa acreedora del principal contrato municipal y la prestataria de un servicio clave en el andamiaje cotidiano de la comunidad, no haya habido una sola entrevista a su persona.

Apenas el anuncio escueto de su designación en reemplazo de su colega Ernesto Aguirre, quien dejó el cargo noviembre pasado, consecuencia de otra situación que, en condiciones informativas de mediana normalidad, podría haber merecido otro tratamiento.

Son más de mil millones de pesos anuales, de dinero de todos los bahienses, los que se destinan a solventar la operatoria de esta empresa.

Sin embargo se ve que a nadie le interesó saber qué planes hay para con una empresa que funcionaba relativamente bien, que a diferencia de su “prima” de calle Chiclana, tenía los números ordenados, no daba pérdidas y cumplía bastante con el cometido para el que había sido creada: que la ciudad pague lo menos posible por la mejor prestación de un servicio esencial.

Sin embargo, desde los tiempos en los que en el HCD había ediles de Integración Ciudadana, la llamativa expresión de las “unidades de negocios” hizo que se evocara aquella memorable historieta de  CarlosTrillo: “Las puertitas del señor López”.

Habrá que ver entonces qué hay detrás de las “puertitas” que se puedan abrir a partir de la presencia del contador Vélez.

¿Quién no tiene medio palo verde en su casa?

No está de más recordar que  en agosto pasado tras un cuantioso robo perpetrado en un domicilio de calle Maldonado al 300, el presidente del bloque oficialista, Nicolás Vitalini, se apersonó con los damnificados en la Jefatura Departamental de Policía para ofrecer “un pacto de caballeros”, según el cual si el dinero sustraído aparecía, el tema “quedaba ahí” ya que había una presunción de la participación de uniformados en el hecho.

El domicilio violentado era el estudio contable de la familia Vélez y allí había una cifra cercana al medio millón de dólares, de los cuales a los pocos días se recuperó una parte, pero después poco más se supo al respecto, incluyendo las actuaciones judiciales iniciadas por la acción de la misma policía.

A fin de cuentas, ¿qué persona común no tiene medio millón de dólares guardado en su casa, en algún cajón, oculto entre medias y bolsillos de sacos viejos o en una bolsita de nylon, detrás de una enciclopedia?

Se dijo entonces que tanto o más que el dinero desaparecido, a los damnificados les habría preocupado la desaparición de una computadora en la que estaría almacenada información sobre los clientes del estudio y acaso varios de ellos, aportantes de la cifra robada.

Lo concreto es que o bien el mentado “pacto” funcionó detrás de un muro de silencio o alguna de las partes involucradas asumió con resignación la pérdida, sabedora de que, cuando no se podrían responder ciertas preguntas, no resultaba conveniente hacer olas.

Pero lo cierto fue que  en medio de la pandemia, el tema languideció y nunca más se habló del asunto.

Eso sí: para tranquilidad de la legión de bahienses que acumula decenas de miles dólares en sus domicilios, no estaría mal que el asunto se aclarara alguna vez.

Mucho más, si uno de los involucrados fue designado por el intendente para administrar una caja de siete millones de dólares anuales (o diez, según el tipo de cambio por el que se opte).

No sea cosa que un viernes cualquiera, tipo tres de la tarde, como le pasa a cualquier propietario de un negocio barrial, no llegue a depositar en el banco, se tome la mala decisión de llevarse la caja a su casa en la creencia de que “justo este fin de semana no va a pasar nada” y el quebranto termine prorrateado entre todos los contribuyentes, como jamás sucede con las ganancias.

La privatización que no fue… por ahora

Alcanza con googlear las palabras “Gay+privatización+Sapem” para comprobar que, casi en simultáneo con aquel suceso de calle Maldonado, el intendente anunciaba “la decisión tomada” de avanzar con la privatización de la empresa.

Vinieron entonces semanas en las que ni uno sólo de los argumentos esgrimidos para avanzar con esa intención pudieron sostenerse, hasta que a principios de octubre, también en otra de sus presentaciones mediáticas pautadas, el jefe comunal,  se desdijo sin ponerse colorado, aunque tampoco es que lo pusieron contra las cuerdas ni mucho menos.

Como muchas veces dio la sensación de que decía lo que le mandaban a decir.

Un razonamiento lógico podría partir de la base de que, en medio de los problemas imperantes, no tenía mucho sentido dar un salto al vacío con un tema en el que hasta allí parecía no haber demasiados cuestionamientos.

Pero fue un espejismo: noviembre llegó con la decisión de “renunciar” al entonces presidente y gerente de la Sapem Ambiental y colocar en su lugar a  Vélez.

Se habló de la intención de dar otra “impronta” al servicio al tiempo que también se difundió (no mucho) la decisión de “gratificar” al renunciado con una cifra cercana al millón de pesos para reconocer sus buenos servicios, pero sólo la falta de preguntas en serio disimuló lo inexplicable de la situación: ¿para qué desarmar lo que no estaba mal?

La estampida de miembros del directorio y su reemplazo por peones del núcleo más duro del omnipresente Marisco (recordar siempre que Marisco es Moirano) alcanzó su cenit entrado febrero con el cese del histórico asesor letrado Sebastián Scoccia, quien ocupaba ese lugar desde la formación de la empresa en 2012.

En su reemplazo se designó al abogado Ignacio Bechthold, quien cumple la misma función en Sapem Transporte, y tiene profunda ligazón personal y laboral con Marisco y los concejales Marcos Streitemberger y María Laura Biondini, con quienes compartiría un estudio jurídico “de hecho” en el que los últimos, aportan los contactos con eventuales clientes y él, el trabajo.

Pocas horas antes de esta noticia, en el anodino Concejo Deliberante local, hubo algún chisporroteo durante una sesión extraordinaria para tratar, entre otras cosas, un pedido urgente de pago de 2,6 millones de pesos para que pudieran cerrar los números de una empresa que, a diferencia de la Sapem Transporte, nunca había requerido, al menos en los últimos seis años, un auxilio de esa índole, ni ningún otro.

“Es genial: había una empresa que funciona mal y otra que funciona bien y al contador y al abogado de la que funciona mal los ponemos en la que funciona bien, así emparejamos los problemas. ¿Será para que los de Transporte no se sientan que sólo ellos necesitan ir seguido a pedir la escupidera?”, ironizó un ex concejal de una fuerza que ya no tiene representación en el HCD pero mira con lupa la realidad bahiense, al tiempo que recordó la trampa y el peligro que supone que haya representantes de la oposición en los directorios.

“Por algo nosotros siempre nos negamos a integrarlos. Se corre el riesgo de que te dejen pegado y les sirve a ellos para hacer el marketing de que las decisiones se tomaron en conjunto, total nadie pregunta nada ni mira las actas de las reuniones”, advirtió.

Lo cierto es que al momento de la ida de Aguirre se dijo (y nadie lo desmintió) que había en caja más de 5 millones de pesos disponibles, además de haber presentado en su último ejercicio un balance levemente superavitario.

Tres meses después, la mayoría automática oficialista en el Concejo tuvo que autorizar un pago “extra” de 2,6 millones por un supuesto “error involuntario”, elegante y práctico eufemismo, sobre todo si se cuenta con la red suficiente para no tener que dar demasiadas explicaciones.

Simultáneamente se advirtió un incremento en la cantidad de avisos publicitarios pautados por Bahía Ambiental Sapem en distintos medios.

También se registró un incremento en los reclamos por mal funcionamiento (casi 300 por mes cuando no superaban los 70, según explicó el concejal Carlos Quiroga a la hora de fundamentar la negativa del kirchnerismo a la autorización del mencionado pago) y en los gastos por repuestos, horas extras y necesidad de contratación de personal eventual.

Más allá de todas las bajas en el directorio (entre ellas, el otrora presidente del Consorcio de Gestión del Puerto, Pablo Pussetto, cuya estrella, otrora fulgurante en el oficialismo bahiense, se apagó sin que se conozcan los motivos) sí permanece firme en su cargo y tal vez con el mandato de canalizar entusiasmos juveniles, el contador Gustavo Etman, otro profesional de la más estrecha confianza de la senadora Moirano, para quien presta desde hace muchos años diversos servicios.

Tal vez la “primera puertita” que se abre con la presencia del señor Vélez sirva para poner en evidencia quien está en la cúspide de la pirámide del poder del oficialismo local, más allá de que algunos vean un triunvirato, otros intenten hacer ver que hay uno y se ponen adentro para sacar tajada y a juzgar por los votos, unos cuantos puedan suponer que Gay es el jefe por el mero hecho de que es el que más conocen, el que pone la cara y, sobre todo, es el que más habla.

Es muy probable que no vaya ésta a ser la única cortina que se vaya a correr: aquel curioso concepto de las “unidades de negocio” ancladas en instituciones públicas, ya volvió a mencionarse en los corrillos de avenida Parchappe, muy cerca de la sede del sindicato de Camioneros sita a pocos metros, en calle Corrientes, desde donde tienen un conocimiento medular del funcionamiento del sistema y miran con suma preocupación la sucesión de acontecimientos.

Después del asunto de la “no privatización”, suponer que todo puede obedecer a un plan digitado desde la jefatura de Gabinete ocupada por otro “moiranista” de pura cepa como César Tomassi, para crear las condiciones que hagan factible una liquidación, es por ahora un ejercicio de anticipación audaz, pero al mismo tiempo basado en algunas premisas atendibles, al menos mientras no se demuestre lo contrario.

Que nada que pueda ser privado sea estatal es un postulado al que adscriben con fervor los neoliberales argentinos, para quienes una empresa pública y que, encima, funcione bien, es algo inaceptable, inconcebible y hasta peligroso, no sea cosa que se extienda el mal ejemplo.

Por eso, deteriorarla, averiarla, conflictuarla y complicarla, aunque cueste un poco de enojo por parte de vecinos molestos porque no les recogen los residuos como antes y no barren, es algo que se justificaría en aras de modernizar y hacer más eficiente a un Estado repleto de quienes se nutren de los impuestos que paga la gente.

Y si esa profecía autocumplida, además, termina sirviendo para que algún empresario, ocasional aliado (no hay amigos en ciertos niveles, que quede claro: sólo conveniencias) pueda terminar haciendo un buen negocio, mucho mejor.

Al “contador López” de la historieta de Carlos Trillo, a medida que iba abriendo las “puertitas” con las que se evadía de la realidad, podían sucederle cosas maravillosas u otras más terroríficas que aquello de lo que el personaje de la historieta quería escapar, en espacial la mujer que lo torturaba con sus órdenes y sus demandas.

Habrá que ver si la comparación con aquel personaje que supo interpretar Lorenzo Quinteros, suma coincidencias o las descarta.

Por lo pronto no sería de extrañar que en las próximas horas se le organice al contador Vélez, por fin, un cuidado raid mediático para guardar las formas y los bahienses, conozcan la voz y el pensamiento de aquel a quien el intendente designó (o le hicieron designar) para administrar el principal contrato municipal.

Como decía al final de cada capítulo de la historieta: “continuará”.

Usuario de Solo Local

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *