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(Notas de Usuarios) – Antes que termine el año se deberá elegir a un nuevo presidente de Olimpo y si, como todo parece indicar, desde el oficialismo aurinegro se conforma una especie de coalición en procura de intentar suceder al fallecido Jorge Ledo, hay muchas posibilidades de que, así como ya tiene bajo su control al municipio y al puerto, a una porción importante del poder judicial, a otra no menos amplia del sistema de salud, amén de una variada cartera de negocios privados de diverso calibre con una larga lista de asociados, Dámaso Larraburu pueda poner un pie en el negocio del fútbol de primera división. La idea es que para guardar la institucionalidad, las formas y las apariencias, el ingeniero Alfredo Dagna continúe en la presidencia, pero eso sí, flanqueado por un tándem vicepresidencial por lo menos, llamativo. El mismo estaría integrado en primer término por el fiscal Cristian Long, a quien alguna vez, por culpa de alguna cámara inoportuna, se ha visto dar rienda suelta a una exacerbada pasión futbolera, lo cual motivó no pocos comentarios y críticas de pasillo en los ámbitos tribunalicios bahienses. El segundo lugar parece destinado para Luis Vidili, quien viene acumulando para sí varios títulos nobiliarios dentro del berreta patriciado bahiense: entre ellos el de amigo incondicional del director de La Nueva Provincia, Vicente Gonzalo Massot, principal referente regional de Francisco De Nárvaez y, al mismo tiempo, una de las personas de máxima confianza de Dámaso Larraburu.

Esto último se consolidó con el desempeño de Vidili en el hospital Español donde literalmente, en pocos años, pasó de encargado de la maestranza y la seguridad a virtual mandamás, a partir del resurgimiento económico del nosocomio, entre otras cosas, concretado gracias a una estratégica alianza con algunas obras sociales públicas, primera y principalmente, con el PAMI, desde que estuvo regenteado a nivel local por Federico Susbielles…

Cualquier suspicaz podría ensayar una mueca dura ante el dato concreto de que el mismo fiscal que echó por tierra la primitiva hipótesis sobre posibles los autores intelectuales del homicidio del médico Felipe Glasman (insinuada incluso por La Nueva Provincia en dos recordadas y controvertidas notas tituladas como “La Guerra de la Salud” y en la que, entre otros, se involucraba directamente a Luis Vidili y a Dámaso Larraburu como actores relevantes de dicho conflicto) hoy pueda llegar a integrar una lista electoral para aspirar al manejo de la principal entidad deportiva de la ciudad, con todo lo que ello implica.

Sabido es que conducir un club de primera división del fútbol argentino no es tarea sencilla y no pocos sostienen que Ledo era el único en condiciones de cumplir tan delicada misión.

Pero estando los millones que aporta la televisión de por medio, sumados a la posibilidad de obtener auspicios que, según algunos entendidos, muchas veces sirven para “aclarar” fondos cuyos orígenes son más bien oscuros, la tentación es muy grande.

Mucho más porque cuando de ejercer el poder se trata, sabido es que no hay pausa posible y la única forma de mantenerlo es acumulando todo el que se pueda, sea en un club que mueve mucho dinero o en una sociedad de fomento barrial, pero nunca dejar, dentro de lo que se pueda, nada librado al azar, porque nunca se sabe cuál puede ser la minúscula fisura por donde podría empezar un derrumbe.

Lo cierto es que quienes vislumbran que los largos y múltiples tentáculos larraburistas también extenderán sus ansias de control al principal representante futbolístico regional sumaron con lo sucedido en la antesala del último partido entre River y Olimpo algunos argumentos para abonar su teoría.

Antes del cotejo, el secretario de Acción Social del municipio, Marcelo Ciccolla, recorrió el césped del estadio y dio una especie de media vuelta olímpica, acompañando a niños de algunas entidades de la periferia.

Para quienes supongan que este tipo de sobreactuaciones a las que parecen tan adeptos unos cuantos dentro del submundo oficialista bahiense pueden significar algún rédito electoral, hay que decir que el paseo, anunciado por los altavoces, fue por los más ignorado y por los menos tomado con absoluta indiferencia, entre los integrantes de la multitud agolpada—nunca mejor empleado el término—en las tribunas.

Y es que el fútbol y la política no siempre suelen llevarse bien: el declive del otrora exitoso Mauricio Macri es un buen ejemplo, como también lo fue el propio Ledo cuando, a favor de los resultados de su “exitosa gestión dirigencial” fue tentado por el propio Vidili para ser candidato a concejal hace unos años y terminó por no ser votado ni por la quinta parte de los miles que acuden habitualmente a ver a Olimpo.

¿Se viene el operativo “blanqueo”?

Con todo, así como el ya desaparecido presidente olimpiense solía advertir que para sobrevivir en la jungla de la AFA había que ser tan rápido como para poder fumar dentro de una garrafa, hay otros que creen ver en éste relacionado con Olimpo y otros datos recientes del acontecer bahiense, una suma de factores que podrían converger en una maniobra para intentar la reversión de la muy escasa buena imagen (85 por ciento de rechazo) que el hoy vicepresidente del grupo Bapro tiene ante la sociedad bahiense.

La reciente visita del Daniel Scioli a General Cerri, donde se pudo advertir que mucha de la gente “espontáneamente reunida” en torno al palco oficial, vivaba bastante más a Larraburu que a Breitenstein, (¿para que llegue a oídos del gobernador?) también aporta elementos a quienes piensan en esa dirección.

¿Puede estar Larraburu planeando su candidatura a “algo” en octubre venidero?

Quienes lo frecuentan no lo descartan, pero también advierten que a esta altura de los acontecimientos no tiene ninguna necesidad de saltar sin red como, de alguna manera, lo hizo cuando enfrentó a Juan Carlos Cabirón en 1987 y a Jaime Linares en 1995.

Los pronósticos de un aluvión de votos para Cristina Kirchner y “todo lo que pueda ir colgado de su figura”, es cierto, constituyen argumentos muy considerables a la hora de buscar una anhelada reivindicación electoral.

Tan considerables como que el propio Larraburu tiene bastante en claro que la mera mención de su nombre podría llegar a resultar “piantavotos” como pocas cosas en esta parte del mundo y ni siquiera el manejo discrecional de los contenidos de los principales medios de prensa a fuerza de pauta, alcanzaría para disimularlo. ¿O sí?

“De vez en cuando, el intendente admite más o menos públicamente que quien manda no es él y que el capitán del barco es Dámaso y cosas por el estilo y nadie se escandaliza demasiado. Pero lo que sucedería si se desatara una campaña constante y sostenida batiendo el parche con ese tema es por lo menos algo de lo que sabe que tiene que cuidarse”, explicó hace unos pocos días, sentado a la mesa de un coqueto restó de avenida Alem al 300, alguien muy allegado a Larraburu. Enfrente de él estaba un periodista “adherente”, por decirlo de una manera elegante, conductor de un programa radial vespertino para más datos.

“¿Qué pasaría si fuera candidato a primer senador o cuánto mucho en  segundo lugar, como parte de un acuerdo entre los dos sectores preponderantes del peronismo regional?”, se preguntó, sin saber que alguien escuchó lo que decía.

“Elsa Strizzi ya no está y la experiencia de Budassi no salió bien, toda vez que se la pasa diciendo en dónde puede que responde a Cristian y no a él y encima, en la legislatura viene perdiendo con Feliú, que fue para lo que lo pusieron. Además está el temita de su cargo en la AFIP que saltó en Solo Local, que le condiciona sus apariciones públicas, porque tiene terror que le pregunten y no lo pueda explicar. En fin, con Dámaso en el senado, otra sería la historia”, argumentó, sin poder ocultar eso sí, en su tono un dejo de resignación, acaso porque en un rincón de su alma, él mismo alberga desde hace tiempo la esperanza de que “el Jefe” pueda llegar a premiarlo alguna vez con un puesto por de esa índole y pasar a otro tema bastante más “tangible”, referido, para variar, a cierto auspicio para el programa de su ocasional interlocutor.

Lo concreto es que si lo de semejante candidatura sucediese, efectivamente, una larguísima lista de aspirantes bahienses a acceder a una banca en la Cámara Alta bonaerense “de la mano de Larraburu”, se habrá encontrado, una vez más, con ese cartelito que dice “Seguí participando” al destapar la gaseosa…

Entre ellos pueden contarse, entre otros, a Federico Susbielles (si bien no taxativamente definida, esta posibilidad formaba parte del famoso “acuerdo programático” puesto operativamente entre paréntesis por el “caso Palomo” y sus aún no resueltas consecuencias), al ya mencionado Marcelo Ciccolla, al ex dirigente gremial Sergio Palladino y hoy funcionario de Zona Franca.

También a Sandra Reñones, Diana Larraburu y Ana Civitella, para el caso que hubiera que ocupar el cupo femenino y a dos nombres surgidos con bastante énfasis pero diferente lógica en los últimos tiempos.

El primero es el del secretario general de la UTA, Ricardo Pera, a quien, no hace mucho, en plena crisis del transporte, desde muy del riñón del oficialismo habían calificado públicamente como “bipolar” y “versión local del asesino Pedraza”. Lo cierto es que el nombre del gremialista apareció en el primer lugar de un listado de sindicalistas de bastante dispar peso específico firmante de solicitada de adhesión y apoyo a Cristian Breitenstein, publicada en la página 3 de La Nueva Provincia el mismo día de la última visita de Scioli.

Y pensar que a mi me dijo alcahueta becada y que Cristian era un mamarrachito político”, recordó la concejal Soledad Espina cuando un edil de otra bancada le hizo notar el “detalle”.

En efecto, Pera –y como para abonar la teoría de que se detectan rasgos bipolares, al menos en su personalidad política, cuando no, una rara forma de “masoquismo político”, ya que pocas veces alguien tan castigado por un sector, terminó formando parte de él por propia voluntad-, alguna vez afiliado radical, ex funcionario de la administración de Rodolfo Lopes y amigo personal del ex intendente, a quien empleó como médico auditor en la obra social de su gremio, reveló a sus más cercanos que, como pago por tan brusco “cambio de lealtad” recibió la promesa explícita de “El Flaco” de que, si, acuerdo de cúpulas con Moyano mediante, se llega a bajar la orden de que hay que darle lugar a los sindicalistas en las listas electorales, sin dudas, el de “senador provincial”, será para él.

El segundo nombre anotado en la nómina es el del actual secretario de Economía municipal, Ramiro Villalba, con cuyo “desempeño comunicativo”, Larraburu parece estar “encantado” a partir de sus recientes apariciones públicas referidas a la situación planteada en relación a la Rendición de Cuentas.

En efecto, la desenvoltura mediática de este funcionario eclipsó de un plumazo a otras “grandes esperanzas”, la mayoría de las veces aportadas por el intendente y no por Larraburu, las cuales decepcionaron a poco de empezar a andar (por caso Guillermo Quevedo, reciente autor de uno de los discursos más patéticos y anodinos pronunciados en la historia del Concejo Deliberante local) y la para muchos inesperada elevación de su perfil parece ya haber generado no pocos resquemores y recelos dentro de la ardiente hoguera de vanidades del oficialismo vernáculo, cuya cohesión, salta a la vista, se nutre bastante más de intereses y ambiciones, que de afectos y amistades.


 

Enviado a Solo Local por Santiago Ismael Rosso

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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