Centro Bahiense, Una Riesgosa Carrera de Obstáculos

En la edición del miércoles 30 de diciembre del Diario La Nueva Provincia, se publicó una Carta al Lector firmada por un vecino de Bahía Blanca en la que, con muchisima razón, exponía sus reservas respecto a considerar a la semipeatonal como ¿de todos?, debido al avance sobre las veredas, de mesas y sillas de cafés, bares, confiterías y restaurantes. Aprovechando la iniciativa de este vecino, tomo la antorcha y continúo detallando lo que considero una “total y escandalosa falta de control y rigurosidad” por parte de los funcionarios municipales que, a todas luces, “algo esconden en sus bolsillos”.

A los ejemplos dados en esta Carta al Lector (Restaurante Piazza y Café Muñoz) agregaría ejemplos mucho más graves que los anteriores porque implican, además, una falta total de conciencia y una absoluta certeza de que la impunidad (lease “posibilidad de arreglar de otro modo”) se va adueñando de espacios que son públicos, con el potencial peligro que ello implica y con la triste e inocente complicidad de quienes allí concurren para disfrutar de un buen momento. Momento que, del disfrute, puede pasar a la tragedia en cuestión de segundos. Veamos solo algunos ejemplos para sumar a los ya dados: Boston Café, La Cibeles, Max-Well, North Western, Pelicano, Revoque, Don Tomás, Sottovento, Oliva, Santino, Tierra Fértil, los locales gastronómicos ubicados en Av. Alem e Irigoyen ó en Av. Alem y 11 de abril, etc, etc, etc. Para los peatones es muy molesto tener que “sortear” mesas y comensales ubicados en pseudo carpas climatizadas que se extienden casi prácticamente hasta la calle misma. Y para quienes “disfrutan” su estadía en un lugar prohibido, muchas veces resulta hasta peligroso. ¿No se han puesto a pensar en lo que podría pasar con sus vidas si, producto de un accidente de tránsito, son atropellados por algunos de los vehículos involucrados en dicho siniestro?. De la posibilidad de asegurar dicha hipótesis, ni hablemos. Tendrían que estar locas las Compañias dispuestas a tomar semejante riesgo.  A los dueños de estos locales, y a los que deberían hacer cumplir las ordenanzas y leyes, poco ó nada les importa. Espero que nunca tengan que lamentar el no haber previsto una tragedia.

 

 

 

 

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