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Pasó un mes de su habilitación y las piezas de la nueva Terminal de Ómnibus no terminan nunca de acomodarse, como los melones de un carro en pleno movimiento. Los interrogantes abiertos, entre otros, por las filtraciones en el techo que desnudaron las últimas lluvias, el demorado transformador de energía eléctrica, las largas colas de pasajeros pugnando por un taxi y la pregunta del millón (¿cuánto nos costó a los bahienses la obra?) siguen sin respuesta ó al menos se conocen en cuentagotas. Que el flamante edificio “está todavía en ejecución” (es decir que el carro se sigue moviendo) fue el argumento utilizado por el secretario de Obras Públicas Rubén Valerio para eludir los interrogantes que varios concejales de la oposición le lanzaron durante su exposición sobre el presupuesto 2009 que, como explicaremos más adelante, aún sufrirá los coletazos del “efecto terminal”. Pese a las fintas del sobreviviente funcionario, un peso mosca duro de demoler, algunos puntos recibieron cierta luz. Entre ellos, valga la paradoja, el de la demorada subestación de EDES que alimentará exclusivamente al imponente edificio. Se supo que del millón de pesos que le costará la inversión a la concesionaria, 246.000 deberemos aportar los contribuyentes de Bahía Blanca vía municipio. El plazo de instalación sigue en medio de nubarrones aunque Valerio y su coequiper Ruben Lascano negaron que la actual demanda de electricidad de la terminal provoque caídas de tensión a los vecinos de los barrios aledaños. 22 veces más que lo que deberá desembolsar la norteamericana AES, controladora de EDES y en tironeos con el gobierno nacional por la situación de su otra empresa en Argentina, EDELAP, es la cifra que hasta ahora costó la construcción, según el funcionario municipal. Son seis millones menos que los que informó su jefe inmediato, el intendente Cristian Breitenstein, recientemente bendecido por su paisano Ratzinger en el Vaticano, unos días antes de la inauguración sin Cristina ni Daniel, pero con Sergio y Florencio. Cómo se llega a una cifra ó la otra y quién se hace cargo de los gastos de replanteo, nadie lo sabe aún y por eso a pedido del últimamente demasiado serio Juan Pedro Tunessi, Valerio acordó convocar a una reunión específica con su colega de gabinete Hugo Borelli para rendir cuentas sobre todos los pesos que se aportaron para poder tener una terminal moderna como la que está celebrando su primer mesario. Lo que es cierto también es que el proyecto que va tomando forma definitiva es muy diferente al que votaron los concejales allá por el turbulento 2006 y ni que hablar del boceto original develado en tiempos de Rodolfo Lopes. Cómo se hace para transformar en números esas modificaciones, será uno de los puntos para la prometida reunión cumbre. Sobre el estado de avance del proyecto global, Valerio estimó que resta un 20% todavía y estimó que una vez que se culmine, todas las cifras estarán claras. Algo que sí se pudo esclarecer en la reunión, una de las más concurridas desde que empezó el desfile de funcionarios de Alsina 65 por el Concejo, es que “terminar” con la terminal, recibirla y ponerla en marcha, fue la prioridad del área de Obras Públicas para este año que se va. El Ejecutivo lo admite y por si quedaban dudas el propio Valerio lo ratificó, al pretender trasladar ocho millones de pesos del actual presupuesto en ejecución al que se intenta aprobar para 2009. Esa cifra involucra unas veinte obras que tenían partidas aprobadas y asignadas desde comienzos de año, pero que recién pudieron iniciarse (algunas, porque muchas ni siquiera empezaron aún) cuando la Nación envió el dinero prometido para financiar la construcción de la nueva estación de micros. Es decir, que el gobierno municipal desvió temporalmente esa cifra destinada a otros fines, para pagarle a la constructora Beltrán y que esta pudiera poner en marcha la terminal en detrimento de varias obras más pequeñas pero consideradas vitales por los vecinos y los concejales. “Razones de técnica presupuestaria” argumentó para defender esta maniobra una edil oficialista que, al igual que la terminal, estrenó cara este año. Para algunos concejales opositores, es una decisión arriesgada que podría traer derivaciones a futuro, cuando intervenga el Tribunal de Cuentas. Se espera que para ese momento, los melones ya dejen de moverse…

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