(Notas de Usuarios) – Este viernes 6 de julio, en una editorial titulada «Los edificios tan cuestionados», el diario La Nueva Provincia se refirió al tema de la edificación en altura en los barrios Universitario y Napostá. Luego de haberla leído con interés, como corresponde, he creído conveniente aclarar algunos de los puntos comentados en el escrito.Comienza diciendo, como se puede leer en este enlace: «Los vecinos de los barrios Universitario y Napostá han recibido un curioso golpe a sus intereses al determinar la Justicia que ellos tenían razón…» Quienes acudimos a la Justicia para defender nuestro derecho humano y constitucional a la identidad barrial y quienes abonamos los honorarios del abogado para tal fin, fuimos sólo los Vecinos del barrio Universitario por la Identidad Barrial. Nuestros convecinos de Napostá, a quienes respetamos y les reconocemos su aporte en esta tarea (pues ellos también se vieron afectados por tales construcciones y se oponen a las mismas) no participaron de la acción judicial, por ende, la Justicia no puede referirse a ellos en sus fallos. El problema es que algunos medios nos identifican a todos como miembros de una única comisión vecinal de Universitario y Napostá cuyo vocero dice ser Walter Fonseca. Y no es así.
Los habitantes de ambos sectores coincidimos en que nos manifestamos en contra de los edificios. La diferencia radica en que los Vecinos del barrio Universitario por la Identidad Barrial, por un lado, no queremos edificios en altura ni de 2, 5, 10 ó 15 pisos, mientras que Napostá, por el otro, acepta planta baja y dos pisos. Además, la vocera reconocida de los Vecinos del barrio Universitario por la Identidad barrial es María del Carmen Cónsoli, a quien los periodistas locales consultan a menudo por este tema y no Walter Fonseca.
Luego, la nota se refiere a los vecinos como «… los de calle Alvarado…», que suena bastante despectivo y que se asemeja a la letra de un tango que habla «…de los cosos de al lado…». Enseguida el escriba asegura que se pone «en crisis una vez más a la industria más poderosa de la ciudad». ¿Puede un grupo de vecinos comunes poner en peligro a la poderosa industria de la construcción?. ¿3.000 años de Historia de la Arquitectura, desde los zigurat de la Mesopotamia asiática y de las pirámides de Egipto y Mesoamérica hasta las Torres Petronas de Kuala Lumpur hoy, se derrumba por la acción de los vecinos de Universitario? No es un argumento creíble. Nunca dijimos que los inversores y constructores sean delincuentes, sí pudimos tener alguna discusión al defender cada uno ideas diferentes.
Se afirma que «es una utopía creer que se puede frenar la construcción. Nosotros no queremos frenarla. Simplemente decimos que Bahía Blanca es mucho más que Universitario y que puede construirse en otros sitios que necesitan urgente desarrollo como la esquina de San Martín y Brandsen y las avenidas Parchappe y Cerri y por fuera del éjido urbano como el Camino Sesquicentenario o en cercanías del aeropuerto, por citar algunos ejemplos.
Por último, una coincidencia: resulta inadmisible que se sigan dilatando los plazos en relación a esta situación. Es importante que se defina, con claridad y precisión, la normativa definitiva.
