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No es novedad que la consultora local Cepeda Belfiore y Asociados entregue a los medios locales algún muestreo referido a la actualidad política de la ciudad de Bahía Blanca, imágenes de dirigentes, percepción en relación a diversos temas. Según la empresa misma reconoce, lo hace con la intención de hacerse conocida, difundir su trabajo y, si cabe, interesar y captar nuevos clientes para sus productos. “Algunos creen que para hacer una encuesta si o sí hay que traer o contratar gente de afuera y lo cierto es que aquí estamos en condiciones de ofrecer los mismos o incluso mejores servicios, por una cuestión elemental de conocimiento del medio”, explicó Alejandra Belfiore, una de las directoras de la firma. Recientemente, el estudio entregó personalmente a muchos periodistas bahienses el resultado de un “estudio de opinión” llevado a cabo en nuestra ciudad entre el 10 y el 13 de febrero pasado y que puede consultarse aquí. Con más o menos detalles, algunos compartieron este material con su audiencia y hasta se animaron a sacar algunas conclusiones surgidas con bastante claridad de dichos guarismos. Lo llamativo es que, según pudo establecer Solo Local, la mera divulgación de estos números puso muy nerviosos tanto al actual oficialismo municipal interino (Larraburu-Bevilacqua) como al licenciado (Breitenstein), no porque desconocieran ciertos números y realidades, sino porque no contaban con que pudieran tomar cierto estado público.

A nadie escapa que determinadas “encuestas” suelen utilizarse como una herramienta para instalar o consolidar cuestiones en la opinión pública… Si de poner un ejemplo por la inversa se trata, para nada es casualidad que hasta éste, prácticamente no se hayan difundido sondeos sobre cómo cayó entre los bahienses la decisión de Breitenstein de irse a La Plata.

Dicho de otra manera, que muestreos al respecto no se hayan publicado no quiere decir que no hayan existido, si no, más bien, que la realidad por ellos evidenciada tal vez podía no ser la más favorable a determinados intereses, en este caso, los del licenciado oficialismo municipal y, por carácter transitivo aquellos medios que, pauta publicitaria mediante, actúan como voceros y difusores de su accionar y así como otra veces impulsan ellos mismos la realización de encuestas para influir en otros temas, esta vez omitieron hacerlo.

Por eso, cuando en forma independiente, una consultora se las arregló para saltar el cerco que de alguna manera determina qué se dice y qué se calla en la ciudad, tanto en Alsina 65 como en La Plata algunos se atragantaron.

Y es que si bien parece haber un cada vez menos solapado distanciamiento entre Breitenstein y Larraburu, esta encuesta, que tuvo al editor general de Solo Local como uno de los encuestados, contiene para ellos algunas malas noticias que, tal vez conozcan –porque ellos mismos seguramente tienen sus encuestas aunque no las publiquen cuando no les conviene—pero que no tenían previsto que se hicieran públicas.

Por empezar, la casi certeza de que, a juzgar por las imágenes públicas de sus figuras más relevantes, cualquier acuerdo entre dos o más sectores de “origen radical” (los hermanos Linares, Raúl Woscoff y Juan Pedro Tunessi) todavía podría poner en muy serios apuros cualquier expectativa de continuidad electoral justicialista.

Luego, la confirmación de que Dámaso Larraburu sigue siendo el dirigente con más pronunciada “mala imagen” de la ciudad (36,3 por ciento), lo que condiciona cualquier perspectiva de blanqueo electoral de su parte, como parece advertirse detrás de su elevado perfil público a partir de su entrada victoriosa en la Liga del Sur.

También el dato de que con su partida al gobierno provincial, Cristian Breitenstein triplicó la cantidad de bahienses que, directamente opinan mal de él (pasó de apenas 11,5 a 32,5 en menos de un año) y que se ubique muy cerca de Larraburu, ambos incluso en peor condición que el ex intendente Rodolfo Lopes, en un encasillamiento del que, según los especialistas, “es muy difícil, sino imposible salir”.

“Una imagen regular se puede trabajar, pero ya cuando es mala, revertirla se torna mucho más complicado”, explicó no hace mucho Jaime Durán Barba, gurú de Mauricio Macri en temas de marketing político, en una entrevista concedida a un diario nacional.

A esto se agrega el detalle de que prácticamente a tres meses de su llegada nada menos que a la intendencia municipal, con todo lo que ello significa en materia de posibilidad de elevación de perfil y consideración social, el nombre de Gustavo Bevilacqua, lo que más recoge es desconocimiento: alrededor del 35 por ciento de los bahienses “no conocen, no saben o no contestan”, no cuando se les pregunta por el último concejal de una bancada opositora sino sobre, al menos en los papeles, la principal autoridad política de la ciudad.

Y para coronar esta seguidilla de “pálidas” para la dupla Larraburu y Breitenstein, dos que hasta no hace mucho eran como uno solo y ahora sólo podrían unirse por cierto espanto ante estos números, el estudio menciona que el dirigente justicialista menos mal considerado, siempre por debajo de todos los de origen radical, es Marcelo Feliú, alguien que si bien hasta aquí siempre ha sido bastante renuente a enfrentarlos públicamente, está claro que no tiene un alineamiento o vínculo con ninguno de ellos dos, más allá de haber recibido alguna “flor” mediática (que no pasó de eso) de parte del interino Bevilacqua a poco de asumir.

 

 

 

 

 

 

 

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