Como esas películas en las que el final se conoce por anticipado, lo interesante de la sesión de este lunes en el Concejo Deliberante, donde se aprobó por 13 votos a 11 la licencia al intendente Cristian Breitenstein, estuvo en el desarrollo de la trama. Comenzó con escenas fuertes, casi de un film dramático, con la sede del deliberativo rodeada, en forma inédita, de vallas y una fuerte presencia policial, tal cual ocurre en las cercanías de los partidos de fútbol considerados «de alto riesgo». El montaje motivó críticas unánimes de los concejales opositores, como se puede ver, por ejemplo, aquí. La avant premiere estuvo muy bien publicitada, porque desde temprano todos los lugares disponibles aparecieron cubiertos por gente que tenía «otros Planes», pero ante la invitación a semejante estreno no quisieron perdérselo. El «repentino» interés por el debate político demostrado por los madrugadores espectadores mereció, según se ve en este video, comentarios irónicos y hasta una propuesta de programa de participacíon cívica para aprovechar el «furor». Es que la sala se colmó tan rápido que a un grupo de personas les quisieron mostrar, a la fuerza, el cartelito de «no hay más localidades» como puede verse en este video registrado por un usuario de Solo Local. Después de ese golpe de efecto, al apasionante guión. Algunos concejales fugaces, émulos quizá de Campanita, aquel personaje de Disney que volaba de un lugar a otro, pintaron un lugar de maravillas, como mostraba el célebre Walt en sus cuentos y films. Y tras advertir, como se puede ver aquí, que estaban allí para votar una licencia «y no para emitir juicios de valor», acto seguido llamaron a Cristian Breitenstein, «el mejor intendente» y el que «salvó la institucionalidad de la ciudad, cuando en 2006 volvió de Alemania» lugar donde se encontraba… de licencia, según recordaron otros ¿Ó habrá que decir ogros?
El mismo (aunque no el único) volátil edil recurrió a algunos gags, como poner apodos a los concejales críticos del oficialismo, para sacudir a los espectadores, que promediando el film, comenzaron a evidenciar que el guión no los entretenía y dieron varias muestras de aburrimiento. Otros, por más que se esforzaron con sus sesudos argumentos, no lograron entretener a parte de la platea, que sólo quería llegar al final tan ansiado. Ni siquiera lograron sacar del tedio al público más selecto como el subsecretario de Gestión Ambiental Eduardo Conghos quien, como se puede ver en este video, debió recurrir a su teléfono móvil para matizar la espera, ¡con un videojuego! Algunos, calificados como agoreros (claro, en las películas de Disney sólo hay buenos y malos) advirtieron en su intervención sobre un final para nada feliz de toda esta historia a la que calificaron de traición. Sin dudas que el rol protagónico estuvo a cargo del trío de concejales de Unión Pro que se mostró decidido a archivar su papel de reparto de otras realizaciones cinematográficas recientes. Aunque su actuación, lejos estuvo de representar un apasionado y fogoso tríangulo amoroso. Más cuando uno de los vértices de ese triángulo, la cerrense María Cristina Molina, sacó a relucir un claro deja vu peronista. Los rostros de sus partenaires protagónicos en este tramo, lo dicen todo. Por momentos se notó cierta improvisación de parte de algunos de los protagonistas centrales, lo que motivó que algunos apuntadores, de punta en blanco, pretendieran escribir el guión, a puro mensaje de texto desde la platea. De fondo, se podía oir como el concejal Manuel Mendoza del Frente Amplio Progresista hablaba de estafa. Y no fue el único, como puede verse aquí, en utilizar esa palabra para describir lo que todos estaban viendo y sintiendo. El final, anunciado y sin sorpresas, fue como se esperaba. Aunque opuesto a la tradición hollywoodense en la que, antes del The End aparece el muchacho y salva a todos, en este film de «ficción» varios se unieron para salvar al muchacho. Y para ungir a otro muchacho, que ni siquiera apareció en escena… Ah! Y tampoco hubo el tradicional cameo del director de la película, según se rumorea, «disconforme» con el muchacho salvado por el número esperado por todos: el 13. Después de los Once de Ocean (La gran estafa) y los Doce de Ocean (La nueva gran estafa), ¿asistimos al estreno de los 13 de Ocean?

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