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solariEl ex senador nacional Hipólito Solari Yrigoyen responsabilizó al general Acdel Edgardo Vilas, fallecido el año pasado, por la violenta detención ilegal que sufrió en agosto de 1976 en su casa de Puerto Madryn y el posterior calvario que debió soportar. Tras ese operativo, en el que le dispararon muy cerca de su rostro, estuvo preso en el centro clandestino La Escuelita, en el batallón de Comunicaciones 181, en la comisaría de Viedma y en la cárcel de Rawson. Allí fue donde vio por última vez con vida a Mario Amaya, electo diputado nacional por el radicalismo junto a él en las elecciones de 1973. Poco tiempo después, Amaya moriría como secuela de los tormentos y maltratos que recibió, en el penal de Devoto. La declaración de Solari Yrigoyen, ex abogado de varios presos y detenidos y actual titular de la Convención Nacional de la UCR, fue la primera de la sesión de la tarde en el marco del juicio  por delitos de lesa humanidad que se realiza en la Universidad Nacional del Sur. Su presencia en Bahía Blanca motivó la presentación en el Concejo Deliberante de este proyecto que propone otorgarle el reconocimiento ciudadano en honor a su tarea en pro de la vigencia de los Derechos Humanos y el trato humanitario para los detenidos.

Solari Yrigoyen relató ante el Tribunal Oral Federal que sufrió tres atentados, los dos primeros antes del golpe militar de 1976. El 21 de noviembre de 1974, al regresar desde Buenos Aires a Puerto Madryn, fue a subir a su Renault 6 y explotó. Aunque alcanzó a salir con vida, la explosión le destrozó las piernas, sufrió seis operaciones y debió pasar mucho tiempo en silla de ruedas y muletas, hasta que pudo recuperarse en forma plena. Días antes del primer ataque, Lorenzo Miguel, por entonces mandamás de la UOM lo había declarado el enemigo público número 1 del movimiento obrero organizado, tras rechazar en el Senado, una ley sindical enviada por el entonces presidente Juan Perón a la que calificó de autoritaria. Según Solari Yrigoyen, esa fue la primera acción de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) en el país. El segundo atentado ocurrió en su casa de Puerto Madryn, en la que todavía vive a cien metros del mar, el 15 de abril de 1975, ya con María Estela Martínez de Perón al frente del gobierno. Dos bombas arrojaron contra su casa aunque una sola explotó. Del poder expansivo que tenía, la deflagración lo hizo levantar de la cama por el aire y golpear en el techo.

El tercer atentado ocurrió ya en tiempos de dictadura, el 17 de agosto de 1976 y fue el que motivó su presencia como testigo y víctima en el juicio que se desarrolla en Bahía Blanca. Un comando militar fue a buscarlo a su casa en Madryn y al salir, un balazo le rozó la cara y dio contra el frente de la vivienda. Varios años después, al regresar del exilio, la marca del balazo todavía se notaba en el domicilio. Tras ese ataque, Solari Yrigoyen y Amaya fueron trasladados atados de pies y manos, amordazados y con una capucha en sus cabezas en avión a Bahía Blanca y fueron alojados en La Escuelita. Allí el trato fue cruel y sufrió la tortura, lisa y llana en lo que llamó “un verdadero descenso al infierno”. Recordó que cerca del lugar donde estaba él y Amaya había una chica a la cual uno de los guardianes la sometía a graves abusos sexuales y obligaba a decirle que le agradaba. Lloraba desconsoladamente y pedía que no la matara. “Había mucha gente en el pabellón. Una noche entraron a los tiros y decían que acababan de repeler un ataque guerrillero. Todas parodias. Sufrí asfixia, electricidad y simulacro de fusilamiento. Fuimos golpeados y maltratados. Un episodio me conmovió. Entraron los guardianes y vieron que un preso estaba hablando. Oí que dispararon un tiro y el guardia diciendo “este ya no va a hablar más”. Presumíamos que lo habían matado, porque no veíamos nada. Luego parecía que sacaban el cuerpo” son algunos tramos del relato minucioso y descarnado de Solari Irigoyen. a quien los militares lo habían definido como un “delincuente terrorista de extrema peligrosidad”.

Luego relató otra parodia, muy utilizada por los militares en aquella época. Cuando eran trasladados, siempre junto a Amaya, en una camioneta, de repente se oían gritos, tiros y los que guíaban el vehículo que se bajaban. Los agarraron de pies y manos y arrojaron a ambos en una alcantarilla. Pensaron que allí mismo los iban a a matar. A los minutos, cuando advertían que no había nadie, llegaba otro grupo que decía ser de la Policía Federal y los trasladaba hasta la comisaría de Viedma. De allí, volvió nuevamente a Bahía Blanca y al ex Quinto Cuerpo de Ejército. Relató un diálogo que mantuvo en ese lugar con un par de jefes. “Dos días me entrevistó un oficial, muy cordial, que me decía que estábamos en una guerra. Disentí con él, le dije que poco antes de terminar la senaduría por el golpe de Estado, me visitaron en el Senado unos oficiales y explicaron cómo era la lucha antisubversiva y dijeron que ya había sido vencida. Que eran pocos los que quedaban y ya no eran un peligro. Este oficial me dijo que pensaba que me iban a liberar y tanto él como Azpitarte (por entonces el jefe del Quinto Cuerpo) creían que había sido un error y se lo atribuyeron a que Vilas tenía una gran enemistad conmigo. Nunca lo conocí, pero su resentimiento estaba motivado en ese pedido de informes”. El pedido de informes al que aludió Solari Yrigoyen es uno que presentó en 1975 para que el Ejecutivo diera detalles de cómo se había llevado adelante el Operativo Independencia con el que se combatió a la guerrilla, aún bajo el gobierno constitucional, en la provincia de Tucumán. El ex senador relató que en ese proyecto, que figura en el diario de sesiones del Senado del 30 de setiembre de 1975, describe los tormentos aplicados a unos 30 presos capturados y aporta nombres de sus victimarios. Según declaró Solari Yrigoyen, Vilas, quien lideró ese operativo en Tucumán antes de instalarse en Bahía Blanca y luego encabezó una declaracion pública sobre supuestos enfrentamientos y muertos en la provincia,  “mató a todos los que quiso. No hubo ningún juicio ni nadie puesto a disposición de la justicia”. Resaltó Solari Yrigoyen, que todo eso ocurrió durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón y calificó a lo que sucedió tras el golpe como una “continuidad muy agravada” de lo que ya venía sucediendo en el país. “El ministro del Interior del gobierno militar fue Albano Harguindeguy quien había sido el jefe de la policía de la señora de Perón y los jefes de las tres Fuerzas Armadas del mismo gobierno fueron quienes luego encabezaron la Junta Militar. Con el golpe, los militares tomaron el 20% del poder que les restaba” opinó. Dijo que si bien Vilas era el segundo jefe del Comando “Azpitarte era un débil de carácter y dejaba actuar a Vilas”. Más adelante relató como llegó a exiliarse en Venezuela y luego en Francia, gracias a los contactos internacionales que había tejido durante su vida como estudiante en el exterior, abogado y político.

 

 

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