Miércoles 15 de diciembre de 1999. Aquel día por la tarde, ya casi de noche, Julián Oscar Corres ingresó a paso firme a la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca en Chiclana y Lavalle. Dos días antes, en ese mismo lugar, había sido interrogado en el marco del Juicio por la Verdad y se había constituido en el primer militar en reconocer la existencia de La Escuelita. Pero ahora, cuarenta y ocho horas después, no sólo lo aguardaban los jueces, el fiscal y el público. Junto a la silla que lo esperaba, se hallaba sentada Patricia Chabat, una de sus víctimas en el centro clandestino de detención donde el Laucha, como lo apodaban, participaba de las sesiones de tortura. La misma mujer lo había declarado días atrás en el mismo sitio durante las audiencias. Habían sido convocados a participar de un careo que, como se lee en esta nota, no prosperó porque Corres, por entonces todavía un oficial del Ejército en actividad, se negó. La escena del torturador y la torturada, sentados a escasos centímetros de distancia, duró un par de minutos y quedó registrada en este video de Canal 7. En el audio, Chabat recuerda aquel duro momento y se refiere a la fuga que Corres protagonizara desde la delegación bahiense de la Policía Federal a fines de julio de 2008. Veinte días después iba a ser recapturado en la casa de su madre en Villa Pueyrredón y volvería a Bahía Blanca para declarar en el Juzgado Federal I. De allí salió procesado por delitos de lesa humanidad, pero nunca llegó a juicio. Su deteriorado estado de salud le impidió ser uno de los dicienueve imputados que, como Solo Local publicó en esta nota, comenzaron a ser juzgados a fines de junio en la Universidad Nacional del Sur. Un cáncer de estómago se le adelantó al fallo de la justicia.
El Día que Corres se Sintió Juzgado

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