(Notas de usuarios) – “Quienes no tenemos miedo al futuro ni complicidades con el pasado, queremos una juventud que pronuncie su mensaje con valor y vigor; no una juventud adocenada que cumpla con mansedumbre bovina, las órdenes que llegan desde arriba”. Era el atardecer del Martes 29 de Julio de 1890, Leandro Alem era el último en abandonar el parque, donde minutos antes se había firmado la rendición. Caminaba como un sonámbulo, solo, se le oía repetir: “nosotros tenemos la culpa”. Se refería a que dos clases de hombres formaron las filas revolucionarias: Primero, los que consideraban que la reacción ética era la causa Argentina, el motivo profundo de la revolución. Segundo: los hombres que consideraban que la conquista del poder era el objetivo dominante del movimiento; revisionista personales en rigor, no luchaban por la movilización y ascenso al plano político y al plano del Estado de todo el pueblo de la Republica. La Revolución tiene en esa duplicidad de su composición la causa de su derrota en el Parque.
Eran los albores del radicalismo y en esa experiencia quedaba impregnada una línea, una lección que debía servir para todos los tiempos. Los “frentes” y “uniones” de fuerzas heterogéneas buscando aumento de su “potencia” logran todo lo contrario, se quebranta su consistencia y de llegar al triunfo material, estalla desde su médula el mismo fracaso. Por eso, la mejor tradición del Radicalismo consiste en considerar que, en los grandes movimientos de reivindicación nacional, de reparación de graves daños morales, la posesión de los gobiernos no es nunca el fin. Hoy 121 años después nos vemos en la obligación de recordarle a nuestros dirigentes este viejo postulado del radicalismo, del verdadero radicalismo, esa lección que nos dieron nuestros grandes maestros políticos: no transigir. Menos con quienes pensamos diferentes. Es preciso recordar que el radicalismo es en su esencia un partido de centroizquierda, socialdemócrata, progresista. Que nada que ver, tiene con posturas neoliberales, de derecha, conservadoras. Esta dualidad de composición no haría más que repetir, lo acontecido hace 121 años, fracasar por errores propios.
No somos ajenos a la lucha del poder, claro que tenemos vocación de poder, pero como nos enseño Raúl Alfonsín no podemos construir la democracia sobre la base de claudicaciones éticas. Desde hace 2 años y medio el radicalismo viene experimentando claros síntomas de recuperación desilusionando a quienes nos querían extender el certificado de defunción. Superando de manera responsable la diáspora del 2001/2002 y a diferencia de nuestros opositores haciéndonos cargo de nuestros errores y de nuestra historia. Volvimos a ofrecer a la sociedad una alternativa, ante el falso progresismo del gobierno, ante el populismo imperante. Una alternativa que reunía en su composición fuerzas políticas con las cuales compartimos un ideario de país, compartimos un proyecto y una manera de solucionar problemas estructurales que aquejan a la Argentina de hoy. Es sobre la base de esa expectativa que nos conformábamos como una real alternativa al actual gobierno, que la gente volvió a confiar en nosotros y muchos jóvenes se sumaron a nuestras filas. El partido nuevamente está de pie. Y es también sobre la base de esa expectativa que le pedimos coherencia y responsabilidad a nuestros dirigentes.
Entendemos que en la provincia de Buenos Aires, principal distrito electoral del país no tenemos un candidato que represente a nuestro partido con el conocimiento público que una enfrente electoral requiere. Pero lejos de buscarlo en quienes solo reúnen marketing y publicidad, deberíamos hacer una profunda autocritica. Revisar que es lo que estamos haciendo mal, que hace que año a año, elección tras elección sigamos sin poder ofrecer alternativas electorales potables en nuestra provincia.
Como Juventud Radical, entendemos que una de las causas, es la no normalización de nuestra organización. Que permitiría un fortalecimiento de los cuadros políticos y un posicionamiento territorial mucho más fuerte, que encarnaría una renovación real y responsable del armado partidario terminando con una camada de políticos “corcho”, como los definió Lebensohn, personajes del establishment y del status quo que no deciden ni conducen ni orientan, sino que arrían las banderas tradicionales de la intransigencia y buscan la oportunidad para seguir a la corriente del momento.
Finalmente convocamos a todos los afiliados y simpatizantes a debatir y expresar su opinión. Somos un partido con profunda convicción democrática, en la que está permitido el disenso. No somos un simple movimiento que a dedo elige sus candidatos. Por tanto y en virtud de ello es que damos la discusión y nos proponemos llevar nuestra opinión a los convencionales provinciales que el 11 de este mes decidirán el futuro de esa alianza.
Exortamos a nuestros convencionales a que, con coherencia y responsabilidad, rechacen este acuerdo de cúpula. Porque quien no distingue el rojo del colorado, no distinguen la educación pública de la educación privada; un sistema de salud gratuito, de uno privatizado; los ideales, de mero oportunismo. No distinguen que el mejor presidente de la democracia fue Raúl Alfonsín y no Carlos Menem.
Gisela Caputo, Fernanda Herrera, Guillermina Aguirre, Edurne Gil Irazusta, Fernando Ivan Bustos, Miguel Andres Tejera, Valentin Lopez, Emiliano Aguirre, Diego Gomez Schlitter, Federico Tucat, Santiago Dieguez, Walter Gimenez, Paola Sierra, Matías Nebot, Nicolas Ferrari, Juan Gasparri, Juan Pablo García Diaz, Carolina Lopez, Geraldine Rojas, Daniela Alimenti, Ingrid Mazzeo, Bernardo Blazquez, Bruno Giangreco, Gisela Piatti, Constanza Filocomo, Juan Cruz Fernandez.
