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(Notas de Usuarios) – El  24 de marzo se cumple un nuevo aniversario del sangriento golpe de Estado que sufrió nuestro país. Para los autoritarios esta será una nueva oportunidad para editorializar con su habitual lógica beligerante,  intentando transformar un acto delictivo (art. 226 del Código Penal) en una gesta patriótica que salvó a la Nación de la disolución, en manos de la subversión marxista leninista, etc. Nuevamente desempolvarán la vieja  teoría de los dos bandos,  nos explicarán que se trató de una  guerra y de  los errores y excesos de la misma. Implícitamente intentarán  convencernos de que fue cristiano tirar gente viva al mar, que fue un mal necesario torturar, violar mujeres y apropiarse de sus hijos menores. En estos días,  todas estas aberraciones están siendo ventiladas en audiencias públicas, ante los estrados judiciales. Los responsables de esos delitos son  juzgados con todas las garantías de las que no gozaron sus  víctimas y que explícitamente consagra nuestra Constitución Nacional y los Tratados Internacionales de Derechos Humanos incorporados (arts. 18 y 75 inc. 22). Ley superior que, por otro lado,  fue quebrantada  so pretexto de constituir un obstáculo para lograr la “seguridad pública”, para luego desatar una feroz persecución y exterminio de un sector de la población.

Probablemente nunca más vuelva a ocurrir una interrupción en la vida institucional de  nuestro país –al menos, en medida históricamente conocida-. Pero no pueden desconocerse ciertos datos preocupantes: la aparición de algunos dirigentes políticos oportunistas, de dudoso compromiso con los postulados constitucionales; la existencia de fuerzas de seguridad que continúan con las mismas prácticas ilegales y la circunstancia de que un amplio sector de la población aún conciba la aplicación de la ley como un obstáculo.  Resulta imprescindible relevar y repensar estos datos de la realidad, pues es sólo a partir de la memoria, de la justicia  y del respeto irrestricto de los derechos humanos,  que puede consolidarse la convivencia democrática.

JORGE LUIS SAYAGO

 

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