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(Notas de Usuarios) – El reciente caso del que fuera, y aun es, actor principal el periodista bahiense Jorge Palacio, ha traído a la palestra un interesante problema de índole judicial que sólo puede ser resuelto desde la óptica médico legal. Dicho problema no es otro más que el de la simulación o, puesto en otra perspectiva, el diagnóstico diferencial entre enfermedad cierta y enfermedad simulada; y siendo éste un problema que involucra al Derecho y a la Medicina, el camino natural para resolverlo es el de la Medicina Legal a través de sus expertos, los especialistas en este campo. Valen entonces algunas aclaraciones para que los amables lectores tengan en claro de qué se trata este tema.

En primer término, quede sentado que los siguientes conceptos aplican, de manera genérica, a cualquier caso que se trate; no implican estas líneas, por ende, juicio de valor alguno sobre el caso Palacio en forma puntual y específica, el que sólo tomamos a guisa de ejemplo por su actualidad. La simulación -enseña el Prof. Dr. Humberto Lucero en sus magistrales clases al respecto- es central al carácter humano; por ello, esta característica reconoce tanta antigüedad como la existencia misma de los hombres sobre la tierra. En igual sentido, aunque en diversos términos, se expresan otros antiquísimos autores, entre ellos Homero, al describir al inefable Ulises u Odiseo, y el mismísimo Roger Bacon, quien se ocupa también de este tema en sus obras. Más cerca en el tiempo, José Ingenieros realiza un excelente trabajo sobre el particular al escribir un ensayo titulado “La simulación en la lucha por la vida”. Ahora bien; definir el concepto de “vida” implica una tarea ardua que excede la idea de mera existencia. Vida puede definirse, según Sócrates, como aquella existencia sometida al imperio último de la razón; Kant, en cambio, la ata al imperativo categórico moral; Ortega y Gasset y Julián Marías, mientras tanto, la ciñen a una idea de responsabilidad y escrutinio intelectual. Muy lejos de la genialidad de estos pensadores, sin disentir con ellos, creemos que vida es, además de lo propuesto por estos filósofos, aquella existencia que se disfruta en libertad. Amenazada esta última condición, apremiada entonces la vida misma, la simulación, inherente a todo ser vivo, viene a actuar como mecanismo defensivo de la existencia; dice el Dr. Lucero que todo sujeto sometido a examen pericial tiene, en cierto sentido, derecho a simular. Nosotros vamos más allá y sostenemos que ningún individuo, amenazada su vida o su libertad -que en este caso es lo mismo- no puede evitar simular. La simulación podrá ser consciente y voluntaria en muchos casos; en otros, inconsciente e involuntaria, menos “trabajada” intelectualmente, pero siempre estará presente cuando la existencia sea coartada en cualquier sentido. El complejo sindromático de la simulación reconoce ciertas variantes: simulación propiamente dicha, disimulación, meta-simulación y perseveración. Sin embargo, no hace ahora a la cuestión, y sería complejizar inútilmente el tema, diferenciar los caracteres específicos de cada una de ellas; contentémonos, por el momento, con decir que “simular” implica “aparentar lo que no se es o no se tiene” (por ejemplo, no se es un millonario o no se tiene una enfermedad) y “disimular” supone “no mostrar lo que se es o se tiene” (se es un millonario pero se aparenta ser un mendigo o se está enfermo pero se disimula la enfermedad o, inversamente, se simula un estado de salud que no se tiene). Lo cierto es que la simulación, en cualquiera de sus variantes, es una entidad de tipo médico y, por ende, de diagnóstico exclusivamente médico, y resorte específico del especialista en Medicina Legal y/o Psiquiatría Forense. Claro que para llegar a un diagnóstico -de simulación o de cualquier condición médica- deben reunirse ciertas condiciones. Sostiene un viejo adagio médico que no se puede diagnosticar aquello que no se piensa o que no se conoce; por ende, el verdadero especialista en estas lides, sabiendo la altísima incidencia de cuadros de simulación al realizar un peritaje médico legal, deberá tener siempre -absolutamente siempre- muy presente el cuadro de simulación y sus diversas variantes como diagnóstico altamente probable. La segunda condición, siguiendo en este aspecto las enseñanzas de Nerio Rojas y del Prof. Dr. Miguel A. Maldonado, es tener la tenacidad para buscar la verdad, la sagacidad para reconocerla y, finalmente, la valentía para expresarla; estas imprescindibles condiciones antes citadas, aunadas a una total independencia del perito interviniente darán, sin duda alguna, un adecuado informe médico legal que, elevado al juzgador, permitirá a éste emitir un fallo ajustado a la verdad de los hechos controvertidos. Así, la figura del experto en Medicina Legal y/o en Psiquiatría Forense adquiere, nuevamente, capital importancia en la resolución de problemas médicos vinculados al Derecho, y deviene irremplazable en todo estamento que tenga que ver con estas cuestiones, ya sea Policía Científica, Tribunales de Familia, Asesoría Pericial, etc., no pudiendo ser reemplazado, adecuadamente, por ningún especialista en otro campo de la Medicina.
Dr. Alejandro A. Bevaqua Médico – Especialista Jerarquizado en Medicina Legal M.P.: 220167

 

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