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cloacas(Editorial) – En el filme “Mentiras Verdaderas” un agente del Servicio Secreto le hace creer a su mujer que vende computadoras. La esposa, incrédula, acepta esa realidad dibujada hasta que un día, harta de una vida que soñó diferente, decide cambiar su destino. En Bahía Blanca el intendente le dice a la gente que recorre obras mientras se va de paseo por Europa. Un año antes, el mismo intendente había prometido el mejor sistema de transporte público del país; al principio mostró a la nueva empresa concesionaria con sus flamantes unidades, que lucían para la foto, tan rojas como lustrosas. Después, las nuevas desaparecieron y fueron reemplazadas por otras más viejas; a eso hay que sumar que las frecuencias no se cumplen, los micros están sucios y los usuarios hasta deben soportar trasbordos para llegar desde un barrio al centro. Nada es como debería ser. Llueve, pero la cota del Dique sigue bajando, mientras se descubre que en los barrios ricos algunos señores acomodados tienen conexiones clandestinas de agua con la que llenan sus lujosas piscinas. Cosa que ABSA sabía, según reconoció, pero recién ahora se preocupó por investigar. Las calles de tierra son un asco.  El recurso subterráneo que debería ser suficiente para asegurar agua potable y agua de riego en las calles polvorientas, todavía  no asegura ni una cosa ni la otra. Pero el marketing, con dineros de los contribuyentes, está a la orden del día.

Eduardo De Filipi dijo que está harto de las mentiras (ver video). Que ya no se banca la hipocresía de quienes sostienen que el estuario de Bahía Blanca no está contaminado. Como pescador artesanal sabe que las especies han desaparecido y si la naturaleza es tan sabia como para que la fauna ictícola decida huir raudamente hacia mejores aguas, ha de ser por razones fundadas. Había que documentarlas y por  eso encomendaron estudios fuera de la ciudad.  La evidencia previa abunda. En 1991  una serie de análisis químicos similares había demostrado la alta contaminación de origen industrial que subyace en los sedimentos de la ría. Hace 18 años y pese a los sellos académicos, nadie creyó la historia. Tiempo después, la AIQBB hasta se animó a decir ante los flashes que “la ría goza de Buena Salud”. Después vino Greenpeace, denunció a Solvay y a PBB, pero tampoco pasó nada. Ahora, cuando los peces ya no están y más de 100 estudios científicos dispersos en bases de datos académicas reportan niveles de contaminación por metales pesados e hidrocarburos, – como Solo Local viene demostrando reiteradamente-, todavía las autoridades municipales y provinciales siguen haciéndose las distraídas y mirando para otro lado, el más cómodo, el de ensayar el discurso facilista de que deben ser resposables y hay que encomendar más estudios.
El gobernador Daniel Scioli dice que recorre la provincia trabajando. Ayer, ante el planteo de la situación denunciada por los pescadores, prometió controles, como si esa no fuera la norma que debería hacer cumplir. Su caravana es figurita repetida en los últimos tiempos. Viene para una firma, viene para otra, viene para entregar subsidios, hasta para ver las zanjas de cloacas que debieron  haberse hecho en Cerri hace más de 40 años. Nadie dice que en realidad, casi siempre viene por cuestiones políticas que están alejadas de los intereses de los ciudadanos.
En consonancia con el gobierno provincial, la política de mercadeo del gobierno municipal es impresionante. Operaciones cosméticas son montadas desde la comuna para hacernos creer que este es un gobierno eficiente. Contratan a dos consultoras para elaborar encuestas cuyos resultados nadie cree y que además, pagamos nosotros a precios escandalosos. Organizan actos para anunciar obras; más actos para anunciar licitaciones; nuevos actos para el inicio de obras; otros actos para la recorrida de las obras y siguen los actos hasta para mostrar como exitosas acciones que son un fracaso. La conferencia de prensa de ayer, anunciando la continuidad (?) el  Programa “Bahía Conduce” y la firma de 3 convenios cuya letra no se conoce, constituyen un claro ejemplo. En realidad si se revisa el parte oficial se verá que se trata de controles en la vía pública, educación vial para los chicos, estudios, es decir todo lo que se viene haciendo. Nada nuevo. Más spots publicitarios que engrosan los bolsillos de  Rex Publicidad, la agencia publicitaria oficial. La verdad es  otra cosa. El tránsito sigue siendo un desastre, las víctimas aumentan  día a día y no hay un sólo indicador de que el problema se encamine hacia una solución. Ahí está el caso de EDES, que todos los días, indefectiblemente, corta la luz en algunos sectores de la ciudad sin que sepamos bien por qué. Los semáforos dejan de funcionar, pero no se ve a nadie ordenando el tráfico vehícular en las intersecciones de las avenidas peligrosas, como Cabrera. Según Cristian Breitenstein ahora los bahienses tenemos conductas distintas, se ve más gente con casco y hay mayor respeto en los cruces peatonales. Nadie sabe de dónde sacó tal información ni mucho menos cómo se midieron cuantitativamente dichas variables, si es que se midieron. Por citar dos casos, en julio pasado, tal como se lee haciendo clic aquí, sobre un total de 284 infracciones sólo 3 correspondieron a la falta de casco protector. Este fin de semana, tal como se lee haciendo clic aquí, sobre 274 infracciones, 21 correspondieron a la misma causa. Y aún suponiendo que la “percepción” municipal fuera cierta,  -cosa que dudo-,  no sirve de mucho que la gente cruce la calle por la esquina si el número de muertos va en aumento. A menos que las vidas no importen y la preocupación se concentre solamente en que la cosa se vea bien y “ordenada“.
Música de Glenn Miller durante la inauguración de la semi-peatonal de calle O’Higgins, como si fuera la obra cumbre de Bahía Blanca, cuando en realidad es un engendro. Ni calle ni peatonal. Se quedó a mitad de camino. Debieron hacerla peatonal,  pero para no ofuscar a un par de comerciantes, nos perjudicaron a todos. Las dársenas para estacionamiento solo sirven para que los infractores violen la norma, mientras los inspectores pasean sonrientes, por otro lado; las mesas y sillas de los cafés están ubicadas peligrosamente cerca del tráfico vehicular y el pavimento articulado es horrible; un recurso barato que suele emplearse con fines económicos, no por cierto para el principal paseo céntrico de la ciudad.
Esta semana, los techos del Hospital Penna gotearon por la lluvia, decenas de vecinos quedan aislados en medio de un lodazal, otro motociclista perdió la vida y la sombra de la sequía sigue firme, sin darnos tregua. En contrapartida, la agenda municipal  reportó actividades de todo tipo; por ejemplo, la Dirección de Turismo apareció promoviendo visitas a Dow, sin explicar por qué el municipio debe aportar infraestructura y recursos humanos, que los ciudadanos pagamos de nuestros impuestos, para financiar recorridas por PBB. Mientras anuncios de este tipo surcan los renglones del parte oficial de prensa, el intendente se mostró junto a Scioli durante el acto de cesión de tierras a las empresas Dreyfuss y Glencore, que construirán una planta de molienda de soja y girasol, para desgracia de los asmáticos y alérgicos bahienses, que seguramente deberán soportar más material particulado pululando por el aire. Eso sí, Breitenstein también hizo tiempo en su apretada agenda para disertar sobre progreso ante la derecha empresaria y recibir en su despacho al representante de la Konrad Adenauer.
Todo tiene una coherencia asombrosa. Un discurso prolijo y aceitado que las luces de la oratoria oficialista se encargan de reflejar, cotidianamente.

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