Vil Metal
(Editorial) – La semana pasada, el intendente de Punta Alta tomó una decisión ejemplar: la paralización de la actividad que suponga aglomeración de personas, en la misma línea de la decisión que se tomó a nivel nacional con las escuelas. Empresarios de esa ciudad, furiosos por los alcances del decreto, emprendieron una dura línea de protesta que incluyó pintadas y escraches no sólo frente al municipio rosaleño, sino ademas, frente al domicilio particular de Néstor Starc. Finalmente consiguieron lo que querían y el intendente retrocedió sobre lo que él mismo había firmado, dejando sin validez la medida. No es un buen mensaje para la ciudadanía. Siempre es bueno que el gobernante revise sus acciones, ya que no hay nada malo en hacer las correccciones que sean necesarias. Algo de eso se vió en Bahía Blanca cuando, por presión popular, se tuvo que reformular el sistema de frecuencias y recorridos de micros, pero a la hora de prevenir enfermedades que pueden llevar a la muerte, no se debería borrar con el codo lo que se firmó con la mano.
Starc dió hoy una muestra de falta de coherencia. Su marcha atrás ocurre justo cuando se está poniendo un freno abrupto a la actividad general en las grandes ciudades de todo el país, pese a que el Gobierno insiste en desaconsejar el cierre de lugares de asistencia masiva. La acción, lejos de fortalecer su imagen ante la opinión pública, lo debilita.
En el Conurbano y en provincias como Mendoza, Chaco, Jujuy, Formosa y San Juan , se está tomando la decisión de clausurar boliches y cines. No es broma: la gente se muere por esta enfermedad y lo peor del caso, es que en nuestro país están muriendo personas que no pertenecen a los grupos de riesgo.
Ya vemos qué importante es para los empresarios el riesgo de perder la vida. En el Bahía Blanca Plaza Shopping se comenzaron a tomar medidas de prevención, recién cuando un grupo de empleados alertó a la prensa sobre carencias en la desinfección de ese edificio. No tiene lógica que por un lado no se suspenda la actividad en los boliches, pero sí se acoten al mínimo las frecuencias de micros: ambas decisiones favorecen al empresariado: al primer sector porque sigue facturando y al segundo porque gasta menos. En consecuencia, las dos medidas van a contramano de la emergencia sanitaria, pero en el mismo sentido que el bolsillo del empresariado. Peor aún, en el primer caso se trata de diversión y en el segundo de necesidad ya que son miles las personas que utilizan los micros para ir a trabajar.
El vil metal todo lo puede, en especial cuando la máquina de facturar encuentra en su paso a gobernantes, como el intendente de Bahía Blanca, que dejan librada al sentido común la concurrencia a los espacios cerrados. Sabemos que el «común» es el peor de los sentidos.
Hay veces en la vida en que hay que hacer simplemente lo que corresponde, y bancarse las consecuencias.
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http://www.perfil.com/contenidos/2009/07/07/noticia_0030.html
http://www.impulsobaires.com.ar/nota.php?id=74691
http://www.argenpress.info/2009/07/argentina-demasiado-tarde.html
