En la lista de broncas de Néstor Kirchner están a la cabeza algunos punteros e intendentes de la provincia de Buenos Aires, como el jefe comunal de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein, quien era hombre propio, pero se negó a ser candidato a concejal. En nuestro partido, el kirchnerismo perdió por diferencias nunca pensadas, según se lee hoy en la sección «Charlas de Quincho», publicada por el diario Ámbito Financiero. Si quiere leer la historia vea el artículo completo.
Charlas de Quincho
(07/07/09 – Fuente: www.ambitoweb.com)
Sin Cristina, de cruzada democrática y llevando a presidentes del tercerismo en el Tango 01 entre Washington y El Salvador, y con el ánimo de derrota que gana al oficialismo, Olivos pareció el fin de semana un erial.
Desanimado, Néstor Kirchner trató de reponerse dándose una vuelta por el Parque Lezama en donde, al aire libre -o sea castigándose con el frío- lamió heridas con los funcionarios del ala «Carta abierta», un grupo de llamados intelectuales, con quienes se lamentó de la derrota. Con la singular compañía del jefe de la SIDE -cargo que otrora aterrorizase a ese padrón de sociólogos y artistas- se despachó contra la realidad y se volvió a casa, en donde recibió secretamente a algún gobernador y a un grupo de entornistas ante quienes desplegó sus proyectos, que contamos a continuación. Interesa lo que dijo en la tarde a esos visitantes porque la prensa el fin de semana se dedicó más a deducir el sentido de algunos gestos y especuló más de lo atinado sobre lo que pasa por la cabeza del solitario inquilino de Olivos.
Primero, la lista de broncas, en donde están a la cabeza algunos punteros de distrito de la provincia de Buenos Aires, como el intendente de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein, que era hombre propio, pero que se negó a ser candidato a concejal. En ese partido el kirchnerismo perdió por diferencias nunca pensadas. «El de Mar del Plata jugó bien y le fue mejor, otra que cobró fue Fabiana Ríos en Tierra del Fuego, que salió quinta, por no jugar bien». Otro que estuvo en la boca de Kirchner fue Sergio Massa, a quien dijo haberle descubierto después de la elección que había colgado dos listas «espejo» más a las del oficialismo municipal, desenganchadas de la boleta que encabezó el santacruceño.
En ese repaso de lealtades no quedó afuera el intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, quien jugó la testimonial pero que fue el único peronista del conurbano que perdió la elección, haciéndolo perder a Kirchner. Corrosivo, Kirchner quiere saber si es cierto que la esposa de Díaz Pérez dijo que «se perdió porque la campaña se pejotizó», cuando quien más se pejotizó fue el propio Kirchner.
Sobre los grandes culpables de la derrota del Gobierno, primero Reutemann: « ¿Por qué salió a atacarla a Cristina y a mí? Que no se queje si le respondo», se rió. No se arrepintió de haberlo atizado ese día en la plaza al Lole por sus responsabilidades en muertes en 2001 y en las inundaciones, algo que lastima especialmente al reelegido senador. Quien escuchaba atinó a una repregunta: «Pero vos, Néstor, mandaste a gente tuya a trabajar con Lole» (referencia al rol que tuvo en la campaña santafesina de Reutemann el operador santacruceño Olaf «Pilo» Asset, que no da un paso sin venia de Olivos). Sin respuesta, porque Kirchner admite que jugó a varias bandas en algunos distritos, pero después del resultado. Si no, tampoco se entiende el lapsus de Kirchner en la madrugada del domingo, cuando digo: «Hemos perdido por dos puntos en Rosario», con lo cual mostró su compromiso con el socialismo. El santafesino se ocupó ayer de responderle por una FM de Santa Fe con filo más agudo: «Si eso fuera cierto -castigó el Lole- yo no habría sacado el 60% de los votos en los barrios inundados». En ese listado lo rozó al Gobierno bonaerense: «En la campaña vi que hay problemas de gestión, hay que ser más eficiente». ¿Culpa de Scioli? No, culpa de la herencia de Solá, hay que gestionar mejor y eso cuesta. Y si no, miren lo que le pasó a Peralta en Santa Cruz».
El roce de esa tarde con los intelectuales del Parque Lezama (sitio de los más melancólicos relatos de Ernesto Sábato, un experto en tristezas) le aportó otros argumentos con alguna miga sociológica: «Esta es una democracia que se consolida, y como ocurre en otros países que pasan por el mismo proceso, el voto se dispersa mucho en varias opciones, eso es lo que ha pasado en estas elecciones que son nada más que una renovación legislativa, aquí no se muere nadie», explicó a uno de los visitantes, venido del Norte. Sobre lo que piensa hacer en el futuro, más misterio: «Voy a hacer lo que voy a hacer, el que me quiera seguir, que me siga, pero estoy solo. Ahora hay que reforzarla a Cristina, que ella llame a gobernadores y a quien necesite. No puede haber agendas paralelas, yo en lo mío, ella en lo de ella». Lo que va a hacer es presumiblemente la construcción de un partido chico con los que han sido transversales pero desenganchado del peronismo formal, sin las ataduras del justicialismo», avisó. Los que visitan Olivos quieren ver algo del futuro, algo que se decide en lo que haga Kirchner; por eso quieren más claridad. ¿Va a seguir reclamando liderazgo político? «En el partido no, en lo que haga, que me siga el que quiera». ¿Y en 2011?, es la pregunta de los ansiosos: «Calma, el tema político se puede rearmar y de 2011 que hablen los otros, porque ese año, el último que salga a la cancha va a ser presidente. Háganme caso, no se jueguen a nada decidido ahora». Antes de salir, el capítulo narcisista: «Además del campo que nos jugó en contra, la verdad es que no me pude dedicar mucho al interior de la provincia, por eso perdimos como perdimos allí. Creí que había que reforzar el conurbano, pero no alcanzó. Qué se le va a hacer, es una elección más, no se muere nadie».
Mauricio Macri, que algo tuvo que festejar, amortiguó el entusiasmo. Creyó verlo al Gobierno nacional con el paso cambiado y prefirió no propiciar festejos por lo que cree fue lo más importante de la elección del domingo: el oficialismo opositor que ganó por más amplio margen. Lo hirió mucho que se dijera que los tres ministros con gripe (Horacio Rodríguez Larreta, Juan Pablo Piccardo, Daniel Chaín) se la habían ganado en la bacanal de Costa Salguero en la noche del domingo. Por eso sólo ofreció dos cenas en su departamento de la avenida Del Libertador, un amplio piso con algunos años pero decorado por su novia Malala Groba al estilo revista: paredes blancas, muebles modernos y algún toque antiguo (una lámpara acaso). El lunes pasó el matrimonio De Narváez para un condumio de los cuatro solos. El jueves planificó otra cena con el mismo menú (pastas y variedad de postres dulces, lo único que lo puede a Macri quien, de paso, no bebe alcohol) más amplia en homenaje a Gabriela Michetti, al que fueron los matrimonios de Marcos Peña, Nicolás Caputo, José Torello y Diego Santilli. Entretenida cena pero a la que Michetti nunca llegó. Estaba encerrada en su casa de la calle Pasco junto a sus padres venidos de Laprida (su pueblo natal) con un amago de gripe que nunca se comprobó (era una infección más modesta, y molesta, de la cual no daremos detalles).
En esas dos cenas, previas al viaje de Macri del fin de semana a Tandil (donde nació), pudimos conocer el verdadero pensamiento del jefe de Gobierno y qué cree realmente del resultado electoral. Lo festejó porque encabezó la lista la mejor candidata (Gabriela), pero eso no alcanzó ni a su deseo de máxima, un resultado del 40%, ni a lo que más convenía, sacar el mismo 35% de la elección a diputados de 2005, cuando enfrentó a la poderosa Elisa Carrió y a Rafael Bielsa, que representaba al kirchnerismo en su mejor momento. ¿La causa? Una campaña pobretona en sus términos. Primero, la pelea entre los publicistas Ernesto Savaglio, Ramiro Agulla y Federico Helmann terminó confundiendo los mensajes. Tampoco quedó conforme con el estratega ecuatoriano Jaime Durán Barba, quien (se quejó la mesa de Macri del jueves), nunca les entregó un informe de campaña « ¿Qué es un informe de campaña?», preguntó Macri.
La queja macrista es que el ecuatoriano descubrió las posibilidades de Francisco de Narváez y se dedicó al colombiano, lo que produjo celos entre los dos socios, tanto que Durán Barba vuelve a su país sin saber si regresa, ni a cobrar, porque le pusieron peso sobre peso todo lo que pidió. Les llevó además su mejor producto, Michetti, a quien pegó a De Narváez. Un pollster les hizo saber esta semana que la compañía de Michetti había beneficiado al colombiano por lo menos en 4 puntos, o sea que fue la clave del triunfo de su lista, pero que esa compañía la había perjudicado en el voto de los porteños, a quienes les producían rechazo las incursiones porteñas de De Narváez.
Durán mortificó además mucho al tercer socio, Felipe Solá, porque fue el autor de la táctica de limpiar a los duhaldistas de las listas de estos disidentes. Nunca contó con la ayuda de Solá, pero, supimos, sí fue asesorado por otro conocido de la casa, el americano Dick Morris, quien encargó e interpretó una encuesta para Solá. Macri, enterado, recordó que cuando le dio una mano Morris a él en 2005 no le sirvió mucho. Queda abierto el libro de pases para el estratega del macrismo.
¿Y del futuro? Mauricio repite hacia fuera lo mismo que hacia adentro: tenemos una idea, un proyecto, una visión de lo que hay que hacer. Si hay alguien del peronismo que la comparta y está mejor en las encuestas, lo apoyamos (léase Carlos Reutemann). A mí no me va a venir mal un nuevo mandato como jefe de Gobierno en Capital. Esto, les aclaró a sus amigos, se lo ha explicado extensamente a De Narváez y a Reutemann, con quien habló por lo menos dos veces en la semana que pasó. Sobre el futuro hay más enigmas en esta vereda del macrismo, empezando por el rol que tendrá en el Congreso Michetti, quien analiza en estas horas, más sola que nunca, cuál será. No es una dirigente cualquiera, revisa en cada etapa cuál es su relación con la política y sus aliados y no sacó un buen balance de las charlas personales y por teléfono con dirigentes de todo el país. Primero de todo, no está interesada en pegarse a ningún proyecto electoral para 2011, algo que (entiende) posterga la construcción de una alternativa sólida. Más acompañada que nunca, porque ganó, parece más sola que nunca en este limbo en el que vivirá hasta diciembre.
Si de festejos se trata, en el restorán La Raya, santuario político de Palermo, hubo una cuatrifecta porque se brindaba el miércoles en cuatro mesas: en una «Coco» Basile, Reinaldo Merlo, el dueño Claudio Codina, el «Panadero» Rubén Díaz y, entre otros, Jorge Ribolzi, descorchaban champán por el contrato cerrado con Boca Juniors. Le costó llegar porque se demoró en otros brindis en otras mesas. Una celebraba el triunfo radical en varios distritos, mesa convocada por el ex senador José María García Arecha en la que libaban y comían el ex secretario de Hacienda de Fernando de la Rúa, Eduardo Delle Ville (uno de los cerebros mejor dotados de la UCR), Rubén Campos (entró como cuarto legislador en las listas porteña), el veterinario Oscar Lencinas, director del Instituto Pasteur, el juez municipal Carlos Ventureira. Las copas chocaban con la del «Coco» pero terminaban en otro invitado, al que acariciaba la mesa, el director de Bromatología de San Isidro y un verdadero profesor del turf, Norberto Racines.
Basile quiso saber por tanto entusiasmo y le contaron el motivo: este Racines los convenció hace un año a los miembros de esa mesa que compraran un caballo, «El Charleta», les costó U$S 10 mil que terminó siendo una revelación. Corrió cinco carreras, ganó cuatro, perdió una sola, por medio pescuezo en el premio República Argentina, y lo acaban de vender al rey de Arabia Saudita, nada menos que en u$s 500 mil. «Para la AFIP», tronó el vozarrón del «Coco», pero no le contaron más. Basile también se paseó por otra mesa triunfal, en la que cenaban los peronistas disidentes Osvaldo Papaleo, Guillermo Piuma, Teresa González Fernández, Alieto Guadagni y el entrerriano Héctor Maya. Todos levantaban las copas cantando el triunfo de los disidentes en Buenos Aires, ante un mustio Maya, que no entró como diputado nacional por su provincia. Con el mejor humor que tiene, cuando a los postres el mozo le preguntó qué quería, respondió: « ¡Un café y un revólver!». Al salir, Maya saludó a la mesa radical con otra chanza: «Muchachos, si se les llega a dar en 2011, no me dejen afuera». La última estancia en la que se detuvo Basile fue en la mesa que presidía el jugador de River Plate Radamel Falcao; saludó y se interesó por sus acompañantes: un grupo de «gallinas» que habían ganado un concurso para pasar una noche con el ídolo. « ¿Y con el «Ogro» no hay sorteo? ¡Qué nochecita!», se despidió el «Coco».
Para retener con tanto sarao electoral -todos los que jugaron creen haber ganado algo, hasta los que perdieron- algunos festejos de contra frente:
1) No lo intimidó a Carlos Menem para celebrar sus 79 años en un lugar típico de la capital riojana, la casa imponente del concesionario de autos Raúl Tico Nash, cerca del club de golf en donde vive el ex presidente. Claro que ya no son las algaradas de antaño, pero estuvieron los íntimos que aún creen en sus promesas de ser presidente del PJ o de nuevo candidato presidencial. El menemismo es un género gastronómico de la política y un triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Por eso hubo comida de sobra para el casi centenar de invitados: quesos de toda variedad, salames, chivitos, carnes y postres regionales, como el cayote con nuez, dulces de lima y de zapallo regados de tintos, blancos y, al final, una grapa anisada que acercó un amigo en volumen suficiente para tumbar a un regimiento. Hubo un invitado de lujo para el cumpleañero: Ramón Díaz, que festejó junto a Eduardo Menem y Susana Valente (su esposa) y la sobrina que atendía los llamados de Buenos Aires (Gerardo Sofovich, Mariano Grondona), de Montevideo (el candidato Luis Alberto Lacalle) y hasta de París, del ex ministro Carlos Corach. Ausentes, la mayoría de los succionadores del gobierno de Menem, que tuvo tantos ministros, jefes del PAMI, empresarios, adláteres y sanmillanes que esta vez no aparecieron. Cosas del poder de turno.
2) El que organizó el gobernador de Tucumán, José Alperovich, en la casa de su provincia en Buenos Aires para festejar la jura de Juan Manzur como ministro de Salud, que nunca llegó a la fiesta. Los hizo esperar un rato larguísimo, les hizo ver la jura por TV y terminó justificándose como todo ministro: «Me llamó la Presidente». La espera fue para Alperovich y algunos que se escaparon por la jura, como Ginés González García, y que fue el más celebrado porque es el hombre que puso a Manzur en el cargo. Ginés fue enviado como embajador a Chile y mereció la mortificación de Graciela Ocaña que amenazaba con revisar su gestión presumiendo irregularidades que nunca pudo ni explicar. Cada vez que la salud estuvo en emergencia (dengue, ahora la gripe), Cristina de Kirchner tuvo que llamarlo a Chile para preguntarle qué había que hacer y él respondía con consejos que Ocaña desairaba. Esta reivindicación de Ginés la festejan todos sus amigos -los tiene en todos lados, entre ellos, los sindicalistas, a quienes quería también amartillar Ocaña. Manzur sabe algo de lo que dice ahora Cristina de Ocaña, por ejemplo: «No sé, esta mujer me venía a hablar siempre de chanchullos, de carpetas y de sindicalistas, pero nunca me hablaba del dengue ni de la gripe».
Necesitaba la semana electoral alguna tertulia abierta para hablar sin frenos; la aportó la Embajada de los Estados Unidos para celebrar la fecha patria del 4 de Julio. La aprovechó un lote político calificado: Ricardo López Murphy, Francisco de Narváez, Hermes Binner, el apoderado kirchnerista Jorge Landau, los macristas Esteban Bullrich, Laura Alonso, Gustavo Posse, Enrique Nosiglia; el camarista electoral Alberto Dalla Vía, el electo Gustavo Ferrari (secretario de De Narváez, a quien nadie cree cómo llegó a diputado y encima anda dando explicaciones), el juez Rodolfo Canicoba Corral, los empresarios José Ignacio de Mendiguren, Héctor Biolcati, Julio Werthein, la kirchnerista María Laura Leguizamón, el sindicalista de los porteños Víctor Santa María y más de 850 invitados del encargado de negocios Thomas Kelly. Como siempre en la embajada imperial, lo mejor es la comida: canapés, rolls de atún, langostinos empanados, variedad de mini sándwiches de lomo, milanesas y hamburguesas, hasta en el salón acomodado para un dancing al ritmo de música rock norteamericana. Un barítono entonó los dos himnos nacionales y luego Kelly habló de la cercanía en las relaciones bilaterales para dar paso luego a una salutación en video de la secretaria de Estado, Hillary Clinton.
Se notaba en la cara la alegría de los diplomáticos estadounidenses por una convocatoria que creían se reduciría ante las prevenciones por la influenza porcina. Los únicos ausentes, como si la emergencia los hubiese alcanzado de lleno, fueron los funcionarios del Gobierno nacional, del gabinete, se entiende. Nadie acudió; sólo algunos con cargos de baja jerarquía, entre ellos, el embajador Agustín Colombo Sierra, subsecretario de Asuntos Latinoamericanos de la Cancillería; el jefe de gabinete del canciller, embajador Alberto D’Àlloto; ausencia total de senadores y diputados del oficialismo; de la Corte Suprema, un solitario Eugenio Zaffaroni. Eso sí, asistencia total de los jefes militares, excepto el de la Fuerza Aérea, brigadier Normando Costantino, de viaje de inspección a la misión de paz en Haití. El marino Jorge Godoy, el teniente general Luis Pozzi, el general Domingo Bruera, el vicealmirante Benito Rótolo, exultante porque la causa del espionaje ilegal en Trelew pasó a jurisdicción de los tribunales federales porteños, garantía de que puede zafar del procesamiento. Los uniformados aprovecharon la posibilidad de mezclarse e interactuar con miembros de la oposición triunfante y saludar sin culpas -porque no había nadie que los viese- a la estrella de la noche: Francisco de Narváez. Se ubicó en el centro del salón y todos parecían girar en su derredor, repartía besos entre las damas y apretones de mano y algún abrazo. Con estudiado cálculo gestáltico ni se movió de esa ubicación para concentrar así las miradas de los presentes. No estuvo Mauricio Macri -ya se había ido a Tandil-; envió un representante, Fulvio Pompeo, director de Relaciones Internacionales del Gobierno porteño.
La salida de Ricardo Jaime concentró los comentarios en varios círculos, pero lo más jugoso lo aportó Julio Werthein, quien dijo haber comprado un Lear Jet 60 modelo 2008 en Bélgica, sólo que él puede justificarlo en bienes personales, cosa que al parecer el ex secretario de Transporte no. Lleno de figuras de empresas de origen estadounidense, entre ellas el embotellador de Coca-Cola, Wenceslao Luiggi Arias, y un resurgido Alberto Albamonte, ex UCeDé, presidente para la Argentina de la cadena de hoteles Howard Johnson’s, el presidente del Club Americano Jorge Gandolfo. Otros presentes despachaban en silencio cuitas electorales. Miguel Ángel Toma festejaba porque asesora a De Narváez, más triste el ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, hablaba ante los atentos Carlos Ávila, Saúl Rotsztajn, el embajador de Francia, Frederic Baleine du Laurens, quien prepara junto al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires una adhesión al Bicentenario que consistirá en una exhibición de acrobacia de una escuadrilla de aviones Alpha Jet de la Fuerza Aérea gala; la embajadora de Irlanda, Philomena Murnaghan.
Muy atendido fue el apoderado y diputado Jorge Landau, que ofreció un mapa poselectoral interesante. Señaló, por ejemplo, la buena elección del peronismo en Río Negro, que puede alentar el sueño peronista de ganar la gobernación después de triunfar en la de diputados del domingo. Igual sentido le vio a la derrota de Enrique García en Vicente López; señal, dijo, de un cambio en el voto de ese distrito dominado por este vecinal radical que parecía imbatible. Admitió también las limitaciones de la campaña de Kirchner, quien arrancó en Buenos Aires con el 30% de intención de voto y terminó sacando el 32%. Animó al círculo que lo escuchaba con una anécdota deliciosa: «Lo conozco a Pino Solanas porque trabajé en una de sus películas». Landau explicó entre risas que en 1975 actuó como extra de fusilado en el penal de Trelew en la película «Los hijos de Fierro». ¿Eras actor? « ¡No, era militante! Me llamaron que fuera a una algodonera en Villa Devoto, me bajaron al subsuelo y me dijeron que tenía que hacer de fusilado de Trelew. Y lo hice, pero nunca vi la película. A lo mejor la alquilo, ahora que Pino está de moda». Uno que escuchaba sentenció: «Este Landau -con haber actuado en eso- ya tiene más antecedentes de insurgencia que Kirchner, que fue extra en «La Patagonia rebelde». Se abre la interna de los extras.
En una rueda de empresarios en la embajada, uno de ellos, un chileno que pilotea su propio avión y tiene licencia para operar aviones a reacción, esbozó otra hipótesis sobre la causa de la caída del avión de Air France. Según su relato, esta teoría es sostenida por la mayoría de los pilotos con los que se comunica frecuentemente. El hombre señalaba que este Airbus fue víctima de lo más atractivo que publicitaba la empresa para su venta: estar totalmente computarizado y tener motores que economizan combustible. Aviones de otras marcas aún conservan una parte de sus controles mecánicos y sus turbinas son más potentes y devoradoras de aero querosén JP1. Según el empresario, un rayo afectó a todas las computadoras y el radar. Como tardan algunos minutos para «resetearse», el piloto tuvo que tomar el control de la nave. Al no funcionar el radar, se encontró con el cielo oscuro y cubierto por la tormenta, por lo que creen que enfiló el avión hacia un «cumulus nimbus», una formación de nubes a la que ninguna nave sobrevive. Cuando le preguntaron al empresario cómo pudo sorprenderlo esa tormenta e ir a esa altura, después de casi tres horas de haber despegado, contestó que las turbinas del nuevo Airbus economizan combustible pero tienen menos potencia. Al ir el avión muy cargado, demora más que otros modelos para alcanzar la altura plena que le permitiría ir por encima de la tormenta. Contó que los nuevos Airbus, cuando despegan de Santiago de Chile, deben enfilar al mar para tomar la altura que les permita sobrepasar la Cordillera. En cambio, otros aviones -los construidos en los Estados Unidos- toman la altura directamente, porque ellos no han reducido la potencia de las turbinas. Este argumento les estaba jugando en contra para las ventas, pero ahora todo se revirtió.
En otra rueda se escucharon detalles de avatares pasionales. Uno que afectó a la política de Estados Unidos y otro que pudo cambiar el resultado de las elecciones locales. Ocultando las identidades, un empresario contó que quien mandó los mails sobre el affaire de María Belén Chapur con Mike Sandford, gobernador de Carolina del Sur, fue un brillante directivo de una empresa líder con el que tuvo una prolongada relación. Este hombre, conocido en el ambiente empresario, no hackeó los mails: tenía la clave en su memoria porque era excesivamente celoso. La relación había terminado hacía más de un año, pero el hombre quedó deprimido al punto que sus amigos lo vieron llorar de amor. Despechado, siguió la vida de su ex pareja paso por paso en los mails. Se enteró de cada relación y cada vez sufría más. Pero lo del gobernador fue lo que hizo estallar sus celos porque vio un serio rival para recuperarla y no tuvo mejor idea que mandar los mails a las redacciones de los principales diarios. «Es como el que mata a su amada porque lo va a dejar y después no se suicida». La conversación iba ganando en confianza y animó a otro de los comensales a cometer una infidencia. Uno de los principales candidatos a legislador en las recientes elecciones casi pierde su integridad física cuando el marido de una lindísima y joven mujer le descubrió en su celular apasionados mensajes de texto. La mujer concurría a un gimnasio adónde iba el candidato y allí nació el affaire. El personal trainer del candidato consiguió calmar al marido engañado porque aparentemente la relación no había pasado de los textos. El enamorado sabía que si lo descubrían, jugaba algo más que una banca porque siempre hacía mención a su mujer y a sus hijos ante las cámaras y en cuanto estrado se subía. Alguien comentó lo poco eficiente que es el equipo de Néstor Kirchner que estuvo buscando tantas causas para desprestigiar opositores y se le pasó de alto ésta que podía haber cambiado la historia. «Los halcones no cazan moscas», respondió el indiscreto.
En la comida que la galerista Orly Benzacar realizó en su casa el miércoles, después de la vernissage del grupo Mondongo, había unos 30 invitados; poca gente si se estima la multitud que acudió a la exposición desafiando la gripe porcina, codo a codo, en el subsuelo. El público llegó para ver los nuevos cuadros de tres artistas que ganaron fama con sus retratos burlones y los de los reyes de España, pero los fans del estadounidense Matt Groening, el creador de los Simpson, se arremolinaban en un rincón. Algunos se llevaban sus Homeritos, pequeños bocetos firmados como verdaderas obras de arte. Desde ya, Groening aclaró que no pretendía competir con su novia, la artista de Mondongo, Agustina Picasso. La historia de la pareja es más alegre y entretenida que la del sufrido gobernador pescado en falta con una ejecutiva argentina, aunque existen algunas semejanzas. Lo cierto es que hace más de dos años, cuando se conocieron en una galería de Los Ángeles, Groening y Picasso ya estaban separados.
Se sabe, los Simpson son incomparables, pero Mondongo ha cosechado sus éxitos, desde hace diez años en Nueva York. Seducidos por Andy Warhol, proclamaron su pasión por el arte Pop. Hoy, los cuadros de Mondongo oscilan entre los 10.000 y los 40.000 dólares, que no es poco dinero en el mercado local.
Entre empanada y empanada criolla, los artistas contaron que la sofisticadísima marca de moda conceptualista y antifashion Comme des Garçons los contrató para ilustrar veinte fascículos con sus imágenes. «Ya nos mandaron un montón de revistas niponas que se leen al revés; no entendemos una goma, pero son muy top», aclaraban Picasso, Juliana Laffitte y Manuel Mendanha, y agregaban los nombres de otras celebridades que los antecedieron en esas páginas. «La historia parece muy egotripper…, pero acá nunca salimos del taller, estamos siempre encerrados, trabajando como coreanos», justificaban, antes de contar que en México van realizar un mural con galletitas. (Ellos trabajan como materiales no convencionales, caramelos, vidrio, fibras y hasta carne cruda).
Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte. Un empresario vuelve de su oficina en su poderoso auto alemán y en medio de un temporal de lluvia y viento ve a una bella mujer en la parada del colectivo. Detiene la marcha y le dice:
– Llueve a cántaros…. ¿No me deja que la acerque?
La chica duda, lo piensa un momento, y responde:
– Bueno, gracias…
Entra al auto. Llegan al edificio donde ella vive y lo invita a entrar.
– ¿No quiere tomarse un cafecito, un whisky, alguna cosita que lo tiente, con este frío?
– No, gracias, debo llegar temprano a casa.
– Pero ha sido usted tan gentil… Déjeme que le compense tanta amabilidad con un tecito caliente, al menos…
Ante la insistencia, el hombre sube a la casa de la chica. Cuando entran, ella le sirve una copa de coñac y se va al dormitorio, del que retorna arreglada y perfumada, dejando entrever un cuerpo bellísimo bajo una sugestiva bata. Beben algunos tragos, oyen música, charlan, ríen, entran en confianza, y -como era de esperar- se van a la cama, hacen el amor varias veces y caen en profundo sueño. A las seis de la mañana, el hombre se despierta sobresaltado.
– ¡Qué tarado: me quedé dormido! ¿Y ahora qué hago?
Piensa un segundo, toma el celular, marca el número de su casa y al momento que su esposa atiende, grita:
– ¡Mi amor: no pagues el rescate! ¡Me pude escapar!
