Como fantasmas que aparecen y desaparecen, extraños personajes siguen cruzando la causa Nair Mostafá. Y la verdad que dicen portar se evapora tan pronto como aparecen. Primero, en 1991, fue la «confesión» del barrendero municipal Carmelo Piacquadío de que había sido el autor del crimen que conmocionó a Tres Arroyos en el Año Nuevo de 1990. La insólita imputación se sostuvo increíblemente durante varios años y tuvo que intervenir la Suprema Corte de Justicia de la Provincia para ¿terminar? con el despropósito. Luego en 1998 apareció Fernando Bayúgar Aispurúa haciéndose cargo de la violación y homicidio de la nena de 9 años que derivó en una inédita pueblada en la habitualmente tranquila capital provincial del trigo. Su protagonismo duró poco y una pericia psiquiátrica acabó pronto con sus quince minutos de fama en el expediente. Bayúgar terminó en un hospital neuropsiquiátrico. Ya en el nuevo siglo y al borde de la prescripción de la causa, otro extraño testimonio volvió a poner en la escena del crimen al pobre Piacquadío. Esta vez la acusación en su contra no se sostuvo tanto como la primera y el juez José Luis Ares, uno de los tantos que pasó por la investigación, ratificó su inocencia y envió la causa al archivo, con la impunidad consagrada: el caso Nair Mostafá se cerraba en 2005 sin imputados ni culpables. Pero había más.
En un día como tantos de setiembre de 2008, Marcelo Sancinetto se presentó en la estación comunal de Tres Arroyos y dijo saber quiènes mataron a Nair. Dio dos nombres: uno de los apellidos ya figuraba en el expediente y el otro no. Habló también de una grabación donde la esposa de este último confirmaría su autoría en el crimen y dio el nombre de la supuesta persona que poseía ese casette. Nada de esto pudo ser comprobado y la propia madre del denunciante lo descalificó. Dijo que tenía problemas mentales, que estaba bajo tratamiento y que solía fabular y delirar, cuando no tomaba los medicamentos. Esta descripción de su estado mental fue corroborada por los psiquiatras que lo atendieron. Y la mujer que Sancinetto dijo que tenía la grabación, negó su existencia. Así, con todos estos elementos y ante las dificultades para que el denunciante ratificara sus dichos ante la comisaría frente a un fiscal, el juez Ares, que en octubre pasado había pedido que desempolvaran el expediente para incorporar la novedad, decidió devolver la causa al archivo y ratificó su prescripción para las personas nombradas por Sancinetto en su delirio. La versión tuvo tan poco peso de entrada que el juez ni siquiera se molestó en notificar a los padres de Nair sobre la fugaz reapertura de las actuaciones. Así el último fantasma se evaporó. ¿Habrá sido el último?. La resolución del juez correccional 1 de Bahía Blanca dictada el 26 de marzo pasado puede consultarse AQUI.
