
«Este hecho que ocurrió hace 40 años se reactualiza y vuelve a suceder cada vez que un compañero camarógrafo, fotógrafo o periodista es amenazado, lastimado o asesinado cumpliendo su labor. Esta causa entonces no es sólo la nuestra» así habló ayer, emocionada, Josephine Henrichsen en Santiago de Chile. Allí viajó especialmente desde Bahía Blanca, donde vive junto a su familia, para participar del homenaje a su padre, Leonardo, abatido durante el intento de golpe de Estado contra Salvador Allende del 29 de junio de 1973. Junto al periodista Jan Sandqvist, Henrichsen, de 33 años, filmaba para la televisión sueca los sucesos en la capital chilena cuando recibió un disparo mortal de parte de uno de los militares golpistas. Así, el camarógrafo, filmó su propia muerte. Cuando mataron a su padre, Josephine tenía 8 años y participaba de una clase de danzas en Buenos Aires, cuenta esta crónica publicada este domingo en la edición internacional del diario español El País. Actualmente, Josephine, que aparece a la izquierda de la foto junto a la alcaldesa de Santiago, enseña danzas en Bahía Blanca. Tras el retorno de la democracia a Chile en 1990 y junto a su hermano menor Andrés pugnó por la reapertura judicial de la investigación del crimen de su padre, pero se encontró con muchos escollos y el caso aún sigue impune. En la ceremonia de ayer, donde se descubrió una placa en la vereda de la calle Agustinas en homenaje a Leonardo, Josephine declaró: «yo creo que no hay voluntad ni compromiso de la Corte de encontrar y denunciar a los responsables de este asesinato y, por ende, a los responsables del tanquetazo» como se conoce a la frustrada asonada militar contra el gobierno socialista que dejó 22 muertos civiles. Por el crimen de Leonardo Henrichsen, desde 1989 se conmemora cada 29 de junio, como el Día del Camarógrafo Argentino.

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