Proponen Reemplazar las Importaciones de GNL con Biogás

maizDragar ó no dragar. Esa es la cuestión. Como en Hamlet, la ciudadanía de Bahía Blanca, y no sólo la de General Cerri, enfrenta por estas horas un dilema difícil de resolver, pero que es clave para el futuro de su ecosistema marino y su comunidad. La instalación de una planta regasificadora en cercanías de Puerto Cuatreros, como propone YPF en asociación con ENARSA, es decir, el Estado argentino, requiere de un inmenso movimiento de sedimentos de los fondos de la ría y su depósito en algún área costera cercana, con un compromiso ambiental aún no precisado. La meta suprema de esa propuesta es clara: consolidar el perfil importador de Gas Natural Licuado que comenzó tímidamente en 2008 y apunta a expandirse geométricamente, como Solo Local publicó en Cuatreros y Rosales, en Carrera por el GNL, en los próximos dos años. El argumento central es que el país necesita de ese fluido, aún a costos mayores y en ascenso, para sostener el crecimiento económico y su consecuente demanda incrementada de energía, tanto de las industrias como de las familias. Ahora, ¿y si hay una alternativa a la dependencia del gas importado? ¿Y si esa alternativa existe, como propuesta, desde 2008, el mismo año en que el buque regasificador Excelsior se instaló en el puerto de White y luego, alternando con su gemelo Excelerate, no se fue más? Desde Maizar, entidad que reúne a todos los integrantes de la cadena productiva del maíz en Argentina, aseguran que esa alternativa existe y se llama, como se puede leer en esta nota, biogás.

 

Ese combustible, de acuerdo a lo que se publica aquí, surge de una mezcla de gases cuyos componentes principales son el metano y el dióxido de carbono y se produce como resultado de la fermentación de la materia orgánica en ausencia de aire por la acción de un grupo de microorganismos. Una de sus principales ventajas es que el biogás puede utilizarse como sustituto del gas natural, ya sea para alimentar turbinas ó como combustible para el transporte, además de la generación de electricidad y calor en plantas combinadas. Según el informe citado, su producción es posible en países que posean abundantes cantidades de materia orgánica y capacidad para desarrollar cultivos energéticos como el maíz. La propuesta de Maizar es destinar setecientas mil hectáreas de ese cereal y de sorgo, combinadas con desechos orgánicos, para la producción de biogás y así reemplazar los 6000 millones de metros cúbicos anuales que le aportan hoy al país las plantas regasificadoras móviles de Bahía Blanca y Escobar a partir de las compras de GNL en el exterior, puntualmente Trinidad y Tobago y Qatar. Lo que se propone es, ni más ni menos, una sustitución de importaciones, herramienta de política económica que el actual gobierno ha utilizado con énfasis en otros sectores menos transversales y básicos de la economía como es el energético. Tal como se muestra en la captura de pantalla al final del artículo, la propuesta de Maizar no es nueva: figura publicada en su sitio web desde setiembre de 2008, exactamente tres años atrás. Justo cuando el proceso de regasificación daba sus primeros pasos en el país desde Ingeniero White y al mismo tiempo sobrevenía la etapa post conflicto con el campo, que dividió aguas entre la administración Kirchner y el sector productivo agropecuario. En el enlace citado más arriba se destaca que el país pionero en el mundo en la generación de biogás es Alemania. Pero no hay que ir tan lejos para encontrar antecedentes: el propio intendente de Bahía Blanca, como se puede leer aquí, promueve el uso de ese tipo de energía a partir de los residuos depositados en el relleno sanitario.

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