El 20 de agosto de 2000, el viento, ese habitante molesto y tan arraigado a esta región que ya los mapuches lo padecían y le temían mucho tiempo antes que esta zona se llamara Bahía Blanca, jugó a favor de los habitantes de esta ciudad. Fue él quien se llevó bien lejos y hacia el mar, no solo la nube de cloro emanada desde la planta de Solvay Indupa sino también vaya a saber cuántos padeceres y lamentos que hoy serían evocados trágicamente. Pero así como nos alejó de ese destino ominoso, nos dejó otra realidad, otra relación de convivencia entre la comunidad bahiense y el área petroquímica a partir de aquel suceso. En un trabajo para la Universidad de Andalucía, Magalí Routaboul dedica un capítulo a La Crisis Ambiental del año 2000. Define allí al nuevo marco jurídico y social de control de la actividad en el Polo, con participación de entidades de la sociedad civil, gestado a partir no sólo del escape de cloro en Solvay sino también de los dos episodios posteriores de fuga de amoníaco ocurridos en Profertil, en agosto y noviembre del mismo año. En el documento que puede leerse aquí y cuya edición electrónica fue realizada este año por el profesor Roberto Bustos Cara del departamento de Geografía de la Universidad del Sur, se concluye que la participación «se constituye en una herramienta fundamental en el día a día. Mediante ella se crean instrumentos que permiten involucrar a todos los sectores en la planificación y gestión del desarrollo«. Y contiene una frase que llama a la reflexión: «se puede afirmar que algo se aprendió de la crisis. Pero también hay que reconocer que si ella no hubiera ocurrido, difícilmente se hubiera logrado tanto«. En definitiva y a partir de lo sucedido días atrás con la explosión en la refinería de Petrobras y esta semana con un incidente en una de las plantas de Dow, que Solo Local comentó en esta nota, podemos afirmar que subestimar el aporte que puede realizar la comunidad a través de sus integrantes ó instituciones, ong, sindicatos, sociedades de fomento, significa no haber aprendido la lección que nos dejó aquella crisis. Y que pasa por ocuparse y movilizarse sin la necesidad de esperar una nueva crisis para actuar.
