En la primera aparición pública tras confirmarse el triunfo de su lista 2 del Frente para la Victoria en las elecciones primarias, el propio intendente de Bahía Blanca reconoció como uno de los aspectos salientes del resultado del domingo la novedad del primer triunfo kirchnerista en la ciudad. Después de un 2003 favorable a Ricardo López Murphy y un 2007 que mostró ganadora a Elisa Carrió, Cristina Fernández pudo también por fin cantar victoria en tierras bahienses como lo muestra el escrutinio oficial. Este logro, resaltado en este video por el jefe comunal la misma noche del domingo, no puede separarse de las características de aluvión que tuvo la precandidatura de la presidente en toda la provincia de Buenos Aires, ya que se impuso en casi todos los 134 distritos, salvo dos de la Sexta Sección Electoral, como puede leerse en esta nota. Aquí incluso con unos puntos por encima de los que logra el propio Cristian Breitenstein, de acuerdo al escrutinio preliminar de la votación para intendente. Cuando se culminen de contar todos los sufragios, el jefe comunal terminará por recolectar, tras casi seis años de gestión, una cantidad de votos algo superior a los 59.359 que sumó Rodolfo Lopes en la elección de 2003 en la que el justicialismo recuperó la intendencia tras más de veinte años de hegemonía radical. Eso sí, la cifra será bastante mayor a la que él mismo Breitenstein obtuvo en los comicios municipales de 2007 y que premiaron su interinato de dos años al frente del gobierno local. Determinar qué pesó más en la elección de los bahienses, si el arrastre de la ola cristinista (y en menor medida sciolista) ó el respaldo a la gestión del actual administracíón municipal (sostenida en millonarios aportes de fondos de la Nación y la Provincia), es una incógnita imposible de despejar, aunque no se puede negar que ambos fenómenos jugaron en la determinación de los resultados electorales en Bahía Blanca.
Durante los últimos meses y más aún en la campaña electoral, Breitenstein le abrió las puertas de su proyecto a referentes más puros del kirchnerismo. Primero a través del acuerdo programático alcanzado con el sector de Federico Susbielles (este último ausente de la ciudad durante el tramo final de la campaña y reaparecido el jueves anterior al inicio de la veda con un llamado a votar por el oficialismo aunque sin mencionar expresamente la candidatura del intendente), luego incorporando al Movimiento Evita a su gestión (con la apertura del centro de gestión en el viejo edificio de la terminal de ómnibus) y finalmente compartiendo escenario, discurso y banderas kirchneristas emblemáticas (como el apoyo a la ley de Medios ó el impulso a la causa Noble Herrera contra la dueña del diario Clarín) junto al titular de la AFSCA y luego precandidato a vicegobernador Gabriel Mariotto, como Solo Local lo reflejó aquí. Pese a esos esfuerzos, que parecen haberle dado rédito en términos electorales, no pudo evitar igualmente que varios votos K se le filtraran a través de las precandidaturas de Daniel Cuadrado, dentro del propio Frente para la Victoria y en menor medida de Ana Colantuono, por Nuevo Encuentro.
Como las victorias, tanto las políticas como las deportivas, se nutren tanto de virtudes propias como de falencias ajenas, la oferta disgregada que ofreció la oposición bahiense en estas primarias, también jugó su rol en el resultado a favor de Breitenstein aunque por su amplitud, cercano a los 30 puntos, su peso relativo queda relegado a un segundo ó tercer plano. Integración Ciudadana, que aparecía en los sondeos previos como la fuerza en condiciones de disputarle con más chances al oficialismo (no en vano este la había elegido como el rival a apuntarle) padeció como debilidad lo que hasta el domingo era exhibido como una de las fortalezas de la agrupación: su carácter puramente local aislado de cualquier otra fuerza provincial ó nacional. En el debut de las boletas multicolores y con fotos, la lista liderada por Raúl Woscoff pareció aún más pequeña. Y en un escenario donde el voto arrastre jugó un rol preponderante, es natural que en ese contexto se haya desfavorecido su posicionamiento, que venía en alza desde su irrupción en el escenario político local el año 2007. Así como la tracción hacia abajo (ó hacia la derecha de la boleta) no se verificó, sino todo lo contrario, en los votos locales obtenidos por los precandidatos del Frente Amplio Progresista y del Frente Popular (en ambos casos obtienen casi la mitad de los sufragios que aquí recolectan Hermes Binner y Eduardo Duhalde, respectivamente) podría haber contribuido al resultado más que aceptable obtenido por Martín Salaberry, precandidato de la UDESO y uno de los postulantes que más activo se mostró, al menos mediáticamente, en los días previos a los comicios, con propuestas y críticas al Ejecutivo comunal en dosis balanceadas. Finalmente, la izquierda bahiense pareció aprender que la unión hace la fuerza: urgida por la necesidad de llegar al piso del 1,5% de los votos válidos para aspirar a la competencia final de octubre, se nucleó dentro del Frente de la Izquierda y de los Trabajadores y casi duplicó los apoyos conseguidos, cada uno por su lado, en la última elección para la intendencia de 2007.
