Y para seguir, seguro que algún fiscal obediente hubiese actuado de oficio como corresponde para investigar hasta las últimas consecuencias (e informando a los voceros oficiales de cada paso dado para instalar bien el tema ¿vieron?) cómo alguien, con tanta naturalidad y desparpajo puede reconocerse ganador de lo que aún no se licitó, una aseveración que en condiciones normales, debería, por lo menos, hacer volver a foja cero todo lo actuado al respecto e inhibir a este personaje de participar de cualquier contienda.
Pero nada es como debe ser en esta ciudad. La diferencia es que se gastan millones en publicidad para comprar malos periodistas que cubran de humo esta realidad incontrastable.
Definitivamente, no le faltó razón al juez Ares para afirmar lo que afirmó hace unas horas en el texto público de su renuncia al Colegio de Magistrados.
Quiero aclarar que no conozco al juez Ares más que por fotografías y buenas referencias, pero por haber sido víctima de mucho de eso que insinuó en el preciso texto que se difundió, quiero hacer público mi reconocimiento a su actitud y, si cabe, brindar mi apoyo a conceptos que constituyen una denuncia pública cuya elegancia verbal no le quita gravedad.
Efectivamente, lo que expresó el doctor Ares muchos lo saben, lo susurran y hasta lo padecen, tanto en el Poder Judicial y en sus arrabales, como en muchos otros órdenes de una vida cotidiana jaqueada por un sector de la Justicia para nada independiente.
Y si se me permite sin ser abogado utilizar uno de esas expresiones que a ellos parecen fascinarles, me siento en pleno derecho de brindar “mayor abundamiento” de detalles, nombres y situaciones como para que sea cada vez más gente la que tenga en claro que la famosa “señora de ojos vendados”, al menos en esta parte del mundo, suele bajarse la tela que debería cubrirle los ojos y espiar antes de administrar su balanza.
¿O no hay un denominador común que atraviesa, por mencionar algunos ejemplos concretos, a saber:
el reciente nombramiento como juez del ex concejal larraburista (también lo fue del Frente Grande y luego de la Alianza, pero es un detalle paralelo) Esteban Usabiaga, genuino representante del partido “Corporacion Politica S.A.” , de raigambre local bahiense , nada menos que la llegada a camarista del ex socio de bufete del actual intendente, Gustavo Barbieri y un poco más atrás en el tiempo, el nombramiento como fiscal de la ex concejal, también larraburista, María Martha Corrado?
¿O quizás haga falta que algún periodista “no comprado” averigüe a qué concejal con cargo importante en el H.C.D., un Juez, (hijo de un ex juez recientemente jubilado), le obsequió como “agradecimiento por haber prestado su estudio como espacio físico para las reuniones que facilitaron su nombramiento” uno de los costosos relojes que suele lucir en su muñeca?
Para más datos es uno que tiene por principal actividad institucional, invitar a algunos chicos al cine (del shopping, por supuesto, así están las cámaras de REX filmando) y pedir que se restrinjan garantías constitucionales.
Lo cierto es que toda esta corruptela, que viene desde hace mucho, comenzó a tornarse definitivamente obscena, impúdica y empalagosa, al punto de tornarse insoportable, con el arribo hace unos años del inefable Juan Pablo Fernández (por lo visto, tampoco muy valorado por el juez Ares) a la jefatura del Ministerio Público local, sitial desde el que, entre otros servicios a sus mandantes, prestó el de haber sido “facilitador” o “coordinador” para muchas de las “ilicitudes” (así hay que definirlas según el veredicto de 16 jueces, ajenos a nuestro medio, claro) que desde la Justicia se cometieron para despojarme del cargo de intendente legítimamente ganado en las urnas.
Lo de Ares es muy digno y muy valioso porque quizás sea la primera vez que desde las entrañas mismas del ámbito judicial alguien se atreve a mencionar sin rodeos que hay interferencias de malos y corruptos políticos para contaminar a la justicia y servirse escandalosamente de ella, como aquí se ha hecho y se hace.
Lo que como ciudadano me asusta es que ante “errores” tan flagrantes y vergonzosos como los que se cometieron para escandalizar a la ciudad y propiciar mi destitución, no exista la posibilidad para la sociedad de alguna suerte de reclamo por MALA PRAXIS que nos ponga a salvo del desperdicio de tiempo y dinero público que suponen estos tipos a hacer los mandados para “devolverle la gauchada” a quien los puso en el cargo.
En mi caso particular, grabaciones de escuchas telefónicas mal habidas que se “filtraron” desde la fiscalía e incluso de acuerdo a dichos de periodistas honestos, que se les ofrecía con cierto costo para que las tuvieran y para su difusión abusiva en casi todos los medios de la ciudad, sin que nadie supiera como, ni haya una sanción o un responsable por la pésima administración y cuidado de un material tan sensible.
O la actuación de una jueza como la doctora Susana Calcinelli, quien, por lo habitual, se muestra garantista hasta el extremo de liberar a asesinos y violadores por insignificantes procedimientos de forma, pero que a la hora de evaluar a un intendente elegido por el voto del pueblo por el préstamo de un automóvil y dos celulares, aplicó (muy mal) la máxima dureza posible y no tuvo la menor contemplación, lo cual le valió una dura reprimenda de la Cámara de Casación.
Esto, sin contar a la connivencia entre los fiscales y un patético policía que se dedicó a interpretar “libremente” lo que escuchaba en forma ilegal y en base a esas interpretaciones libres, “sugerirles” o “apuntarles” la existencia de supuestos delitos, otra descomunal aberración según el fallo que me absolvió por completo de cualquier imputación y que, también por esos “valiosos servicios prestados a la causa”, fue promovido a jefe departamental, labor por la que también ha ganado la protección de los medios comprados con pautas millonarias, (más de $ 3.000.000 durante el año 2010) para “desinformar”.
Insisto con algo: elijo estas, solo por mencionar algunas de las irregularidades que me perjudicaron (y perjudicaron a toda la ciudad) directamente y que encastran a la perfección con lo que menciona el juez Ares en su texto.
Lo cierto es que estas burradas le costaron bastante dinero a la sociedad, porque mientras estos funcionarios se “equivocaban” conmigo, no sólo utilizaban recursos públicos sino también dejaban de lado la posibilidad de ocuparse de otros asuntos más acuciantes y podrán volver a costarle en el caso que prosperen los juicios de reparación que tengo el derecho de iniciar.
Finalmente deseo mencionar que lo que quizás está realmente mal no es el sistema instaurado sino el mal uso y el abuso que se hace de él, algo que permite que, por caso en Bahía Blanca, un gran porcentaje de nombramientos judiciales de todos los niveles en las últimas dos décadas se hayan concretado gracias a la misma “palanca”.
Y es que el hecho que el poder político, en este caso a través de la cartera de Justicia o de las comisiones respectivas de legisladores que intervienen en los nombramientos de los jueces, tenga alguna injerencia en los nombramientos no debería ser, por ejemplo, para pasar por encima olímpicamente los resultados de los exámenes que se toman para cada cargo, sino exactamente para todo lo contrario: es decir velar porque sean los más calificados los que pasen a desempeñar tal o cual función y no los más “amigos”, los más “súbditos”, los más “obedientes”, los más proclives a “hacer los mandados que se les ordene, por turbios que sean” o llegado el caso de necesidad en un juicio, favorecer no al inocente sino al representado por el estudio jurídico más conveniente.
Así de simple, así de tremendo. Quizás la investidura del juez Ares no le permita más que insinuar ciertas inmundicias, así como mi condición de damnificado aún no resarcido me habilita a precisarlas con más contundencia. A esta altura, me temo que solo hay dos motivos para no ver y repudiar esta situación: la ceguera o alguna forma de vinculación directa o indirecta con el tentaculario aparato político, periodístico y judicial que ha tomado por asalto ya demasiados resortes del poder en esta ciudad para usarlos siempre en beneficio propio.
Enviado a Solo Local por Dr. Rodolfo Lopes
