Después del corralito de 2001, la construcción privada vivió un boom en Bahía Blanca. La desconfianza que generó el sistema financiero tras la incautación de los depósitos impulsó a los ahorristas que conservaron ó recuperaron la liquidez a invertir en ladrillos, una de las opciones más seguras contra la desvalorización ó los manotazos oficiales. El impulso en el sector se mantuvo, al menos, hasta el año 2008. La veda constructiva para viviendas multifamiliares que impuso el municipio en barrios como Napostá y Universitario, mal llamada «corralito» y los coletazos de la crisis financiera internacional frenaron aquel ímpetu que tardó poco más de un año en comenzar a mostrar signos de recuperación. Así lo evidencia el dato, que puede leerse aquí y que ubica a la ciudad en el sexto lugar entre las más dinámicas del país en materia de construcción de edificios durante 2010. Pero así como crece un tipo de oferta, dedicado al sector medio-alto de la economía bahiense, también presiona la demanda por otro segmento de viviendas. En esta nota se ubica a Bahía Blanca entre las cinco ciudades del interior del país donde se producen más tomas de terrenos para usurpar. Pese a la habilitación de algunas barrios construidos por el Estado nacional en los últimos dos años, el déficit habitacional aún no deja de hacerse sentir en la ciudad en una carrera despareja por hacer realidad el sueño de la vivienda propia.
