La Entrega del Rosquete

(Notas de Usuarios) – La tan publicitada como poco clara actuación del intendente de Bahía Blanca en las últimas horas en relación al conflicto que afecta al transporte público de pasajeros quizás fue en realidad toda una entrega de rosquete. ¿Qué es “entregar el rosquete”? Antes que, tal vez basado en las rimas fáciles y ramplonas, alguien realice interpretaciones demasiado libres o incluso de dudoso buen gusto, sirve explicar a que obedece esta expresión, herencia de las más antiguas raíces castizas. En la península ibérica, en tiempos medievales, cuando al señor de una comarca, sea por necesidad o por debilidad, no le quedaba más remedio que someterse a la voluntad de otro con más poder, acudía a su castillo y llevaba consigo un rollo que contenía una especie de pergamino de cuero en el que expresaba los términos de su sumisión y enumeraba todos los dominios y propiedades y derechos que cedía a la potestad del nuevo “jefe”. Ese objeto simbólico se denominaba “rosquete”.

 

Algunas veces—pocas según hacen constar los historiadores—la entrega del rosquete servía para evitar que el más poderoso arrasara con el más débil con la brutalidad propia de aquellas épocas oscuras y casi siempre equivalía a una segura pérdida de dignidad tanto del avasallado, de su familia y sus súbditos.

De allí que “entregar el rosquete” era una suerte de antesala de la derrota definitiva y estaba emparentado con otras costumbres arcaicas como el tristemente célebre “derecho de pernada”, según el cual el señor de un territorio siempre tenía el privilegio de iniciar sexualmente a todas las mujeres que lo habitaban su dominio.

Dicen que la historia avanza en espiral, es decir que nunca se repite exactamente a como ya fue, pero, en ocasiones, transita por sitios muy cercanos a los que ya transcurrió.

Y que el intendente de una ciudad como Bahía Blanca deba hocicar y salir de su ciudad para comparecer “de visitante” ante quien sólo debería ser el concesionario de un servicio público, se parece demasiado a esas visitas a castillos ajenos de nobles en desgracia para entregar su rosquete.

Uno puede imaginar que al regreso de esos viajes oprobiosos, los subyugados podían instruir a sus heraldos para que recorrieran el pueblo y vociferaran la gestión como si se tratara de todo un logro, tal cual sucedió ahora con los medios oficialistas bahienses (empezando por el diario LA NUEVA PROVINCIA en su portada) que presentaron esta ignominia como si de una corajeada de un capataz para poner a todo el mundo en caja se hubiese tratado…

Es que en el “rosquete” que el intendente entregó a sus amos de la empresa Plaza, sin dudas, entre otras cosas, están incluidas las necesidades de todos aquellos vecinos que necesitan y merecen un transporte que los lleve y los traiga allí donde necesitan y no uno que les complique su existencia diaria.

La historia también marca que en aquella Iberia medieval, la entrega del rosquete nunca resultó suficiente solución y que muchas veces, terminaban siendo los mismos vecinos de un pueblo los que, hartos y desesperados, daban cuenta de aquel señor ineficiente e incapaz de anteponer la resolución de los requerimientos comunes a las conveniencias propias y mezquindades personales.

Porque, a esta altura, hay que decirlo con todas las letras, el problema del transporte bahiense consiste en que el actual intendente, una vez más y van unas cuantas, prometió algo que no puede cumplir tanto a los usuarios (que deberían ser la prioridad) como a la empresa concesionaria (que debería someterse primero a cumplirle a la gente y luego pensar en su negocio).

Y lo más grave es que en medio del reproche de ambos, prefiere ante todo atenuar la bronca de los empresarios, quienes no sólo no ganan el dinero que les aseguraron que iban a ganar sino que encima lo pierden y dejar para después o para nunca las molestias de miles de vecinos, quienes ni de cerca tienen ese “mejor sistema del país” que, por los mismos medios que ahora disfrazan de bravura este vergonzoso recule, les anunciaron con bombos y platillos cuando, entre otras brutalidades, sin ofrecerles alternativa o socorro alguno, se cargaron de un plumazo a la mayoría de las empresas locales.

Lamento finalmente si algún lector, atraído por la sonoridad del título de estas líneas, prejuzgó que cuando hablé de entregar el rosquete como lo entrego el intendente me refería a otra cosa.

Eso sí: quizás si repasa con detenimiento la somera explicación, rigurosa y documentada aclaro, que pretendí desarrollar de la forma más amena que me fue posible, tal vez llegue a la conclusión que entre aquello que imaginó y de lo que se trata en realidad puede no haber tantas diferencias, pero, claro, eso queda librado al criterio de cada quien.

 



Enviado a Solo Local por Dr. Rodolfo Lopes

 

 

Los comentarios están cerrados.

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑