(Notas de Usuarios) – Una vez más, en la cuestión planteada en relación al pésimo servicio de transporte público que desde hace muchos meses le complica la vida cotidiana a miles de usuarios, el intendente de Bahía Blanca pone en evidencia una patética coherencia a la hora de entender lo que es la función pública: siempre se pone del lado de los negocios de los empresarios y de las conveniencias de unos pocos particulares en desmedro del beneficio de todos. Así lo ha hecho desde que por mandato de su jefe Dámaso Larraburu fue instalado en el cargo y así lo seguirá haciendo mientras esté en ese puesto, cual si fuera un gerente del establishment, porque esa no sólo es su lógica sino su convicción ideológica, en clara contradicción con un proyecto nacional que desde 2003 a la fecha ha obtenido logros inmensos a partir de la simple recuperación de un concepto fundamental: el de entender al Estado como salvaguarda de los más débiles y no como socio de los poderosos.
Ante las incesantes, justificadas y crecientes quejas, primero de los vecinos que no encuentran sino problemas en un servicio que en realidad debería ser una solución a sus necesidades básicas de movilidad y el legítimo derecho de los trabajadores que para preservar su fuente laboral se ven condenados a poner la cara ante sus semejantes para recibir los justificados enojos de quienes son víctimas de una vergonzosa connivencia, el intendente, de nuevo, no vacila en tomar partido siempre “por la otra parte”.
Lo que hace, lo hace si es negocio para algún amigo del poder y si no es negocio, no hace nada o como en este caso, cuando urge apretar clavijas ante el papelón, se cuida muy bien de no incomodar los intereses de los socios de su gestión para quienes presta servicio de “gerente incondicional”.
Ante la contundencia de la realidad, está muy claro que son cada vez menos quienes se sorprenden por este tipo de actitudes y que cada vez alcanza menos con poner en marcha la costosa maquinaria publicitaria montada como escudo protector, pero aún así, sirve hacer un poco de historia para refrescar la auténtica naturaleza de esta corporación que tomó asalto el municipio bahiense con la única intención de generar negocios a cualquier precio… incluyendo la incomodidad de los habitantes de la ciudad.
A aquellas personas que viven el suplicio de no llegar a su trabajo en tiempo y forma porque el colectivo no pasó o se rompió no les sirve el cuento que les puedan hacer los periodistas a sueldo de turno ni el bombardeo de marketing dando la sensación de que hay una gestión pública cuando en realidad se trata de una “gestoría de negociados”, que encima, perjudican a muchos inocentes.
Y a quienes tienen el privilegio de no necesitar de un ómnibus para moverse, les hace cada vez más ruido que, por ejemplo, sus empleados falten o no lleguen a tiempo, siempre por el mismo motivo… entonces empiezan a preguntarse si es cierto todo aquello que intentan hacerles creer los voceros oficiales, especialistas en desviar la atención a cambio de cuantiosas pautas publicitarias.
Un servicio público primero tiene que cumplir con su cometido y luego, si se puede, favorecer el bolsillo de quien lo presta. Acá, desde que está esta gente en el poder, sucede exactamente al revés… solo se piensa en el bolsillo del prestador y no sólo eso, a ese prestador, vaya a saberse a cambio de que, también se le brinda el servicio de intentar cuidar que como hacían los capataces de los latifundios, la peonada no moleste con exigencias tales como, en este caso, vehículos decentes, recorridos adecuados o cumplimiento de horarios.
Insisto, pasa con “Plaza”, empresa que tal cual lo expresó con claridad el secretario general de la UTA no parece un concesionario sino el “amo y señor” del transporte público bahiense y pasó desde pocas horas después de haber llegado por asalto a la intendencia.
Recordemos: a poco de llegar al municipio, con gran aspavientos y pretendida chapa de “eficientistas” de rancia estirpe neoliberal, de la mano del por entonces Secretario Legal y Técnico hoy devenido en diputado provincial Iván Budassi, se resolvió dejar en la calle a 500 beneficiarios de planes sociales…
Poco después, en medio de una dura puja salarial con los trabajadores municipales, se resolvió publicar en La Nueva Provincia (¿dónde si no?) un aviso abriendo un registro de aspirantes para ocupar las vacantes que iban a producirse si no se llegaba a un acuerdo… nuevamente con Iván Budassi como orgulloso vocero de una “brillante” idea de la que poder jactarse en ciertos ámbitos recoletos donde suele reclamarse dureza para con la plebe.
¿Coincidencia? El mismo método al que ahora intentó recurrió la empresa Plaza para intentar presionar a sus choferes, hartos de estar hartos del desaguisado de sus patrones, tal vez engañados por un municipio que les prometió lo que no se podía cumplir: que juntos se iban a llenar los bolsillos sin poner casi nada.
Seamos claros: no hay casualidad posible. Ni el método ni en la repetición de nombres e ideas. Es una práctica vieja y deleznable de una derecha desesperada porque lo de ellos sea siempre de ellos y cada vez más y lo de todos también lo sea.
Sigamos repasando: ¿Qué pasó en el aeropuerto? La comunidad perjudicada por la sociedad entre municipalidad y un consorcio que no cumplió con nada de lo prometido. Entre otros perjuicios, mucha plata desperdiciada por el erario público que se privó de explotar la playa de estacionamiento, como estaba previsto, pero la municipalidad impedida de hacer cualquier cosa que pudiera perjudicar a sus “socios” en el asunto.
¿Qué pasó con la Terminal de Ómnibus? Se construyó una muy mala copia de la que estaba proyectada y no se sabe cuanto costó realmente, en beneficio, claro de un privado que, de haberse hecho las cosas como estaban programadas, no hubiera estado en condiciones de efectuar un trabajo para el que, a juzgar por las graves falencias que ya se advierten, no estaba calificada.
Algo similar estuvo cerca de pasar con la concesión de esa terminal: pretendió otorgársela a una empresa privada (TEBA) seriamente objetada por muchas cuestiones y solo un escándalo nacional llevó a dar marcha atrás con la idea… eso sí, mientras tanto, miles de pasajeros se vieron perjudicados por el muy deficiente servicio que se les presta a la hora de partir o arribar a una ciudad como la nuestra.
Y lo mismo pasó con el vergonzoso alquiler del Cine Plaza: no se buscó favorecer a los cinéfilos bahienses con la recuperación de una sala sino sacarle un problema de encima a una familia del patriciado bahiense y de paso hacerles ganar unos cuantos pesos, alquilándoles algo que no se podían sacar de encima.
Pequeño detalle, a parientes directos del mismo Iván Budassi quien, en la ocasión y haciendo gala del mismo estoicismo vikingo con que suele sobrellevar otros desafíos familiares, en la ocasión y cuando le preguntaron (porque ante semejante papelón, a algunos comunicadores no les quedó más remedio que ocuparse del tema), afirmó sin ruborizarse, “no estar al tanto del asunto”.
O con el flete de “vuelos charter” que terminamos pagando entre todos para que unos cuantos comerciantes y empresarios pudieran cumplir con sus “escapaditas” semanales a Buenos Aires… Subsidiar estudiantes y pymes ¿no? A la corporación aliada, lo que sea. Empezando por su comodidad, por supuesto.
Y la lista sería interminable, atravesada siempre por una misma y terrible lógica: la de siempre ponerse del lado de los poderosos siempre dispuestos a quedarse con la chancha, los veinte y la máquina de hacer chanchitos y no de aquellos que necesitan un Estado que los proteja y los ayude a mejorar su calidad de vida.
No quiero terminar sin recordar que cuando tuve el honor de ser intendente, a los empresarios bahienses del rubro, junto a quienes pudimos prestar el servicio en condiciones normales (nunca antes había habido subsidio de boletos para estudiantes y durante nuestro mandato, lo hubo), les advertí que existían fuertes presiones corporativas para que sucediera lo que finalmente terminó sucediendo: que viniera un pulpo gigante y se quedara con casi todo.
Un testigo fundamental de aquellas advertencias y de los esfuerzos que hicimos para evitarlo fue Carlos Lemos, quien ya no está. Pero también pueden dar buena fe de ello el contador Rodríguez y Olga Pérez, a quienes les consta que siempre antepusimos primero la necesidad del usuario y luego, la posibilidad de trabajo de las empresas locales.
Exactamente lo contrario de lo que sucede ahora, para mal de muchos y beneficio de unos poquitos, empezando por el intendente y su socia foránea, quienes se encargaron, primero que nada, de terminar con los empresarios locales y entregarles (por ahora) nada más que tres cuartas partes de la torta.
Como siempre digo y no me voy a cansar de repetir: abramos bien los ojos para ver bien lo que cada vez, de tan burdo y evidente, da más asco y, cuando llegue el caso, proceder en consecuencia.
Y si a alguien aún le queda alguna duda, quizás le haga falta preguntar quiénes hubieran alentado por el equipo del intendente cuando, hace unas semanas, viajó a Mar de Plata a jugar un partidito de fútbol con el gobernador Scioli y para “motivarse” e impresionar bien, decidió aportar al espectáculo una numerosa barra de “hinchas” que se trasladó a la “Ciudad Feliz”, en forma gratuita, en cómodos colectivos de color rojo. ¿Otra coincidencia? Me temo que no.
Enviado a Solo Local por el Dr. Rodolfo Lopes
