(Notas de Usuarios) – Los entendidos en arte y sus biógrafos afirman que “Lola Mora no Buscaba Colores” refiriéndose a sus obras; esculpía el mármol y sus escritos decían una gran verdad. Para qué quería colores si en el mármol blanco estaban todos ellos. Hoy día, la fuente “Lola Mora” está iluminada con color que ensucia el grupo escultórico, Le han agregado al color blanco del mármol de Carrara un rojo intenso que desmerece el grupo escultórico y que es para el observador un elemento que nubla la visión. El color original del autor de la obra hay que respetarlo, las normas técnicas y artísticas hay que tenerlas en cuenta. Este conjunto escultórico, para que brille en todo su esplendor tiene que estar iluminado con luz generada por lámparas de mercurio corregido. La actual iluminación es una blasfemia al arte y una ofensa para la ciudad iluminarla con una luz que es más apropiada para un boliche. Es por eso que solicito al rector de la Universidad Nacional del Sur Guillermo Capriste que el grupo escultórico denominado Lola Mora quede iluminado con la iluminación que se instaló en el año 1992, de acuerdo a las normas internacionales para las esculturas realizadas en mármol de Carrara. Si vale el ejemplo, es lo mismo que se analice y mire una pintura clásica iluminada con la mezcla de luz blanca y roja.
¿Quién fue Lola Mora?
Dolores Mora Vega, tal como figura en el acta de bautismo, conocida por su nombre artístico “Lola Mora”, nació el 22 de Abril de 1867 en la localidad tucumana de Trancas, región de característica árida que limitaba por aquel entonces con Salta. Posteriormente Trancas, ante una reforma de límites, quedaría dentro de la provincia de Salta, por eso algunos biógrafos la consideraban nativa de Salta, pero en realidad había nacido en Tucumán y vino al mundo en el seno de una familia pudiente, hija de Don Romualdo Mora y de Doña Regina Vega.
Años más tarde la familia estableció su residencia en la ciudad de Tucumán. Allí cursó sus estudios Dolores Mora Vega, en el colegio Sarmiento. En 1887 el pintor Italiano Santiago Falucci se radica en Tucumán e ingresa como profesor en el Colegio Nacional y en la Escuela Normal, posteriormente en la primera década del siglo XX se integra a la Academia Provincial de Bellas Artes. Santiago Falucci traía de Europa una rígida formación académica apegada a la perfección en el dibujo y al neoclasicismo. Las primeras clases que tomó Lola Mora fueron con Falucci en su academia particular. Falucci por ese tiempo había tallado, a pedido de la Sociedad de Socorros Mutuos de Tucumán, una estatua de Cristóbal Colón. Los primeros trabajos de Lola Mora fueron sobre papel al carbón en blanco y negro; ella no buscaba colores.
En la Academia de Falucci había adquirido el arte de pintar a la carbonilla y al poco tiempo participó en un concurso de pinturas organizado por la Escuela Normal de Tucumán. Presentó una serie de retratos a la carbonilla. La obra comprendía 20 retratos de los 20 gobernadores que había tenido la Provincia de Tucumán. El diario “El Orden” de esa provincia no escatimó elogios ante la sorprendente obra. Los retratos los obsequió a la gobernación.
Las obras fueron aceptadas y colocadas en los pasillos de la gobernación. Posteriormente, el Senado le acreditó por ley un premio de 5000 pesos.
Como es lógico de suponer Lola Mora ambicionaba poder perfeccionarse. Por aquel entonces uno de los lugares en donde los artistas se perfeccionaban era Europa. Lola Mora tenía conocimiento de la creación de un fondo de becas que en 1856 había creado en Buenos Aires Bartolomé Mitre. En esos años, muchos artistas habían accedido a la beca, continuando sus estudios especialmente en Francia e Italia. Este último país era el predilecto ya que el academicismo Italiano gustaba a las elites argentinas.
El 12 de Julio de 1895 Lola Mora estaba en Buenos Aires y se presenta en el Senado de la Nación solicitando una subvención para poder perfeccionarse en Italia. El Senado estaba presidido por Julio Argentino Roca y le fue concedida una subvención mensual de 100 pesos oro. En su viaje a Italia la acompaña su hermano y lleva cartas de recomendación, una dirigida al embajador argentino en Roma Enrique P. Moreno, firmada por Dardo Rocha, fundador de la ciudad de La Plata.
En Italia fue discípula del famoso pintor Francesco Paolo Michetti. Tomó cursos con el escultor Constantino Barbella y el escultor Giulio Monteverde, realizando innumerables obras. Había pasado varios años desde su partida de Buenos Aires y la fama de Lola Mora había cruzado el Atlántico; sus éxitos en Europa se conocían en Argentina.
Su primer trabajo en la Argentina fue en el año 1900, contratada por el gobierno de la Provincia de Tucumán y consistía en una estatua de Juan Bautista Alberdi, autor de nuestra Constitución.
Para concretar el trabajo, Lola Mora viajó a la Argentina y propuso hacer dos obras: la de Alberdi para el gobierno de Tucumán y la Fuente de las Nereidas, que ofreció a la Intendencia Municipal de Buenos Aires. La fuente estaba destinada para ser colocada en la Plaza de Mayo. Cuando concluyó “Las Nereidas” no se pudo colocar en dicha Plaza debido a que las figuras esculpidas en el mármol estaban desnudas y ante la negativa de algunos funcionarios de colocarlas en ese lugar, el intendente de la ciudad ordenó que se instalara en el Paseo de Julio y Cangallo, hoy Alem y Perón. La fuente fue inaugurada el 21 de Mayo de 1903. Reconocida como artista internacional, Lola Mora dejó una prolífera cantidad de obras, algunas de ellas en la Argentina; la mayor parte de su producción esta en el extranjero. En el año 1908 Lola Mora estuvo en Bahía Blanca, la finalidad de esta visita estaba relacionada con la realización de un monumento a Bernardino Rivadavia para lo cual presentó una maqueta de su proyecto el que no fue aceptado.
Miguel López Francés, la U.N.S. y Lola Mora
En 1951 el Doctor Miguel López Francés compró en remate público 24 piezas de mármol de Carrara grupo escultórico que pertenecía a la familia Paz Anchorena, con intención de donarlo e instalarlo en los jardines del Instituto Tecnológico en Avenida Alem 1253.
Luego de los acontecimientos políticos del año 1955, la instalación del grupo escultórico quedó en el olvido. Las partes que componían la fuente fueron depositadas y olvidadas en un galpón del parque Independencia.
Omar Peñuñuri Goñi, el Casamiento de Atilio (Lito) Fruet y las Esculturas de Lola Mora
Corría el mes de Noviembre del año 1968 cuando un grupo de amigos decidió hacer una broma a un contrayente en una despedida de soltero. El novio a quién le iban a organizar la despedida de casamiento era nada menos que el campeón basquetbolista bahiense e integrante del seleccionado Nacional de Básquetbol, Atilio «Lito» Fruet. Un grupo de amigos, entre los que se encontraba el señor Omar Peñuñuri Goñi, conocido por su oficio de restaurador, tomó el compromiso de conseguir una jaula con el fin de que en un momento de la despedida encerraran a Fruet en ella y lo pasearan por el centro de la ciudad.
Peñuñuri se dirigió al Parque Independencia; habló con el encargado del depósito del parque al que le pidió en préstamo una jaula. Al llegar al galpón en donde había innumerables objetos. Peñuñuri, que era conocedor de obras de arte, se detuvo ante unos bloques de mármol totalmente embarrados. Su curiosidad lo llevó a indagar más sobre estos objetos. Comenzó a limpiar parte de la suciedad y su asombro no tuvo límites al encontrar en la base de uno de los capullos la firma de Lola Mora.
Seguidamente, se pusieron en contacto con el periodista Carlos Viglizzo, corresponsal del Diario La Nación en Bahía Blanca. Peñuñuri le entregó a Viglizzo una fotografía de la escultura para que fuera publicada en ese matutino con el fin de averiguar la procedencia de las mismas. Posteriormente a la publicación en La Nación recibieron una carta firmada por el Dr. José María Paz Anchorena reconociendo esas esculturas.
En la misma, Paz Anchorena, le comentaba que su padre había comprado el grupo escultórico en Roma, en el Taller de Lola Mora y agregó que él lo acompañó en ese viaje. Al subastarse la Mansión de los Paz Anchorena el Dr. Miguel López Francés, en subasta pública, compró el grupo escultórico para destinarlo a los jardines del entonces Instituto Tecnológico del Sur. Los dos capullos eran obra de Lola Mora, y de la fuente lamentablemente no se conocía el autor.
Con los datos de donde provenían las esculturas Peñuñuri se reunió con funcionarios de la U.N.S. Les relató los antecedentes del caso ofreciéndose para restaurar e instalar el grupo escultórico. Las 24 piezas habían sido trasladadas desde el depósito del parque a la UNS.
En el mes de Septiembre de 1967, la viuda del Dr. Miguel López Francés donó la obra a la Universidad Nacional del Sur, cumpliendo de esa manera con los deseos de su esposo.
El Sesquicentenario de la ciudad, Julio Cesar Lucero y la Fuente de Lola Mora
El proyecto quedó en el olvido hasta el año 1977. La ciudad conmemoraba los 150 años desde su fundación y la instalación de la fuente había sido incluida por el rector de la UNS Ing. Julio Cesar Lucero para ser instalada frente al edificio de la UNS en Alem 1253, en los actos de los festejos del sesquicentenario. Para ello el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires donó la suma de 2.500.000 pesos para cubrir los gastos de la instalación.
Al Arquitecto José M. Pascualetti le tocó la tarea de preparar la base para la instalación del grupo escultórico compuesto por 24 piezas de mármol de Carrara. Mientras tanto, Peñuñuri se dedicó a la restauración: pulido y limpieza a buril y cincel de las distintas piezas.
Fue así que el lunes 18 de diciembre de 1978 a las 20 horas fue inaugurada la fuente de Lola Mora. A la ceremonia asistió el intendente de la ciudad Sr. Víctor Puente. En el acto habló el rector de la Universidad Nacional del Sur Ingeniero Julio Cesar Lucero, quien agradeció la donación destacando la personalidad del Dr. López Francés, artífice del Instituto Tecnológico del Sur y posteriormente cuna de la Universidad Nacional del Sur. La primera iluminación de la fuente fue a base de 32 reflectores, algunos de ellos, bajo el agua. El tendido de cables sobre los grupos escultóricos desmerecían la obra; en el interior de la fuente había una cantidad enorme de cables conductores con 220 voltios para alimentar las distintas lámparas que la iluminaban.
Pasaron varios meses sin poder solucionar la instalación hidráulica y la iluminación, y el Rector Carlos Mayer dispuso a través de la resolución Nº 371 del 29 de Junio de 1992 con los siguientes términos:
Visto, el valioso patrimonio que representa para esta Casa de Estudios el complejo escultórico Lola Mora, y Considerando:
Que es decisión de la Universidad potenciar en el mayor grado posible las virtudes de la mencionada estructura, a efectos que pueda ser apreciada y disfrutada no solo por los miembros de la comunidad universitaria, sino por toda la ciudad de Bahía Blanca.
EL RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DEL SUR
R E S U E L V E:
ARTICULO 1º
Afectar el complejo escultórico Lola Mora a la jurisdicción de la Subsecretaría de Acción Cultural, con el fin de que a través de la Dirección de Audiovisuales se implemente su puesta en funcionamiento y posterior mantenimiento general, autorizando las modificaciones necesarias que hagan al propósito señalado. Firmado Ing. Carlos Mayer – Rector U.N.S.
La fuente, bajo mi responsabilidad como Director de Medios Audiovisuales de la UNS, fue puesta en condiciones de acuerdo a mi planificación. El sistema hidráulico fue modificado y se desmontó totalmente la vieja iluminación compuesta por reflectores y cables que reptaban por las esculturas y el piso de la fuente. El interior del grupo escultórico quedó totalmente limpio; en el nuevo proyecto, ningún objeto extraño desviaba la mirada de los que contemplaban las esculturas y solamente el agua interfería con el observador.
Iluminación del frente de la UNS en Alem 1253
Al tiempo que se planificó la iluminación de la fuente, también se proyectó la del frente del edificio principal de Alem 1253, hasta esa época totalmente oscuro. El mismo fue iluminado por siete reflectores con lámparas de vapor de sodio de alta presión, con luz amarillo naranja, (hoy día totalmente desvirtuada por el cambio de lámparas con luz de distintas longitudes de onda).
Cómo y por qué se instaló el tipo de luz en el grupo escultórico
Antes de tomar la determinación del tipo de luz a emplear en la fuente, consulté por medio del Consulado de España en Bahía Blanca si me podían brindar esa información. El Cónsul Sr. Cappa consultó a España al organismo que mantiene las obras de arte en distintas ciudades. Todas mis preguntas iban referidas a la iluminación y conservación de obras de arte en mármol de Carrara. También en el mismo pedido le solicité si podían donar a través de la embajada de Buenos Aires una fuente para colocarla en el patio central de la Casa de la Cultura.
Todo coincidía con la información que también pedí a las multinacionales fabricantes de lámparas de iluminación Philips y Osram, empresas que han iluminado grandes monumentos que son patrimonio de la humanidad. Hubo total coincidencia de los consultados en qué tipo de espectro de luz emplear para iluminar la fuente. En el grupo escultórico instalé, a tres metros del perímetro exterior de la fuente, cinco reflectores de 450 Watts cada uno los cuales llevaban lámparas de mercurio corregido,. La instalación eléctrica se realizó en forma subterránea con cables SINTENAC.
También se construyó un tablero para el comando automático de la iluminación que se activaba con la falta de luz del sol, por medio de una célula fotoeléctrica. Se tramitó ante el Concejo Deliberante una autorización de conectar la provisión de energía a la fuente al sistema de alumbrado público ya que ésta había sido la causa anterior de desconección de la corriente por el ahorro de energía eléctrica. El Concejo Deliberante accedió al pedido ya que se trataba de una obra de arte que integraba el patrimonio de la ciudad.
Cabe agregar que la empresa Philips, a través de su sucursal en Bahía Blanca, donó 4 reflectores. La obra se realizó y se instaló sin originar grandes costos bajo mi dirección y con la única ayuda del señor Carlos Larribitté, no docente de la Dirección de Medios Audiovisuales. Durante 14 años consecutivos mantuve la fuente en funcionamiento bajo mi responsabilidad y se realizaron todos los mantenimientos. Todos los sábados el señor Cordero, agente no docente de la UNS, destinaba 8 horas de su trabajo para la limpieza de la misma. Aun hoy día cuando paso por la fuente me detengo a contemplar su belleza. Bahía Blanca es una ciudad que lo único que resalta dentro de ella es el cemento, hay pocos paseos y tal vez una cuenta que le tengamos que pasar a los intendentes que estuvieron a cargo en nuestra ciudad es esa falta de complemento para embellecerla.
Muchos de nosotros que fuimos al viejo continente admiramos la gran cantidad de monumentos y obras de arte que adornan las ciudades. so no se hizo en el mandato de un gobernante, sino que al cabo de cientos de años cada uno que gobernó su ciudad la embelleció con un aporte: una fuente, una escultura, una alameda, todo ello con una premisa, mejorar la calidad de vida de sus habitantes y también conservar con el paso del tiempo esos lugares con sus reliquias. No importaba que gobernante lo había hecho, sí importaba la conservación.
Lamentablemente ese concepto es ignorado por nuestras autoridades. En la Grecia antigua los herederos al trono de Atenas disputaban ese cargo en lucha a muerte y no lo hacían con el fin de tener poder, los impulsaba la idea de embellecer Atenas. Hoy día después de 3000 años la humanidad desfila maravillada ante esas obras de arte.
Para terminar esta nota mi recuerdo y homenaje al doctor Miguel López Francés, luchador incansable, a quien le debemos la concreción en Bahía Blanca del Instituto Tecnológico del Sur, el cual fue la base de la Universidad Nacional del Sur y al bahíense Omar Peñuñuri, por su voluntad y dedicación para recuperar esta obra de arte por propia voluntad, sin recompensa alguna.
Enviado a Solo Local por Miguel Tohmé – Ex. Director de Medios Audiovisuales de la Universidad Nacional del Sur
La suma de los tres colores primarios rojo, verde y azul con una misma intensidad, en la síntesis aditiva de los colores, dan como resultado la luz blanca. (Teoría del color)

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