(Notas de Usuarios) – La muerte de Néstor Kirchner me llevó a preguntarme en qué país vivo. Miraba las imágenes del velorio por televisión y no entendía nada. Escuché a chicos, jóvenes, adultos, abuelos, diciendo que Kirchner hizo mucho, que mejoró la vida de todos, que recuperó la economía, que fortaleció la unidad latinoamericana, que pagó la deuda con el FMI y tantas otras cosas más. Yo debo ser extraterreste porque ese país que describieron muchos, no es el mio. Me parece muy bien que desde el 2003 hacia adelante hayamos avanzado en muchas cosas, como lo que se logró con la política de derechos humanos. También es buena la Asignación Universal por Hijo y las jubilaciones a las amas de casa, como la que recibe mi madre. Pero ese no puede ser el eje de la discusión, porque mucho de eso no deja de ser asistencialismo. Y los países no crecen ni se desarrollan de esa manera. Lo hacen asegurando que todos tengan trabajo digno, buenos sueldos y básicamente, acceso al crédito. Pero el crédito en este país no existe. No me refiero a las 12 cuotas con tarjeta para comprar una batidora. Me refiero al crédito para el progreso, para tener una casa, un auto, para irte de vacaciones con tu familia.
Para dar un ejemplo, fui al Banco Nación a pedir un préstamo hipotecario y para comprar una casita de barrio, tendríamos que reunir un salario de 9.000 pesos por mes. La vivienda está por las nubes. Los precios son terribles, altísimos. Ninguna vivienda medianamente habitable tiene un valor por debajo de los 50.000 dolares. Y con esos montos y creditos caros, acceder a un techo es imposible.
La clase media a la que pertenezco no tiene acceso a nada. La inflación se deglute lo poco que ganamos. Ya ni al cine podemos ir. Cada vez trabajamos más con mi marido, para tener cada vez menos. Me siento frustrada, vencida. ¿De qué país lindo me hablan si hasta comer se ha transformado en un lujo?
Por eso pido disculpas si no logro sentir lo mismo que el resto. Tampoco me alegré, porque la muerte de otra persona siempre es algo triste. Pero yo todavía no vivo en el país en el que me gustaría vivir. Vivo en un país con inseguridad, inflación y desigualdad de oportunidades, trabajando para empresarios que son cada vez más ricos y políticos que sólo buscan lo mejor para ellos mismos. Los demás, seguimos esperando.
Enviado a Solo Local por María M. Hernández

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