(Notas de Usuarios) – Néstor Kirchner nunca se enteró que fue para mí el verdadero mentor de mi resurgimiento a la vida económica. Mientras él lidiaba con las riendas de un país desvastado para sacarnos de aquel infierno, yo, desde mi economía comercial, personal, doméstica y chiquita, traté de reconstruirme desde abajo, bien abajo. Como él lo fue haciendo con el País. Y hoy, rehecho en lo mío y dando nuevamente trabajo a ocho personas, cuando se me caen las lágrimas como a millones de argentinos, por la pérdida irreparable de un líder, más lamento aún, no haberle transmitido en vida mi agradecimiento por la lección de hombría y coraje que, sin saberlo, supo transmitirme a lo largo de todos estos años.
Aprendí que se puede resurgir cuando uno pone sacrificio, voluntad y convicción. Esa es la combinación que supo aglutinar Néstor Kirchner durante aquél primer mandato, y que con sabiduría continúa la Presidenta Cristina Fernández.
Y debo confesar que me copié de él. Sí. Me copié de Néstor Kirchner. Cuando todos los argentinos, me incluyo, lógicamente, veíamos, apesadumbrados, la triste realidad de entonces, aprendí de él la lección más importante: aprendí a defenderme. Sí, a defenderme de esos poderosos de entonces, que previamente a la crisis, me habían ensalzado los oídos con grandes descubiertos bancarios e increíbles posibilidades crediticias. Y esos mismos bancos, como verdaderas ratas, al menor atisbo de crisis, me soltaron la mano. Igual que el FMI le hizo a mí país. Y en aquellos momentos estuvo Kirchner. Y él me enseñó que se podía. Que no había que bajar los brazos ni la cabeza, que había que poner el pecho y plantarse. Y cuando él vio que el país que debía manejar estaba igual que mi negocio de entonces, fundido, sin recursos, sin crédito, los dos, él y yo, apretamos fuerte los dientes, nos arremangamos, cada uno en lo suyo, y le metimos para adelante. Néstor Kirchner nunca bajó la cabeza ante los poderosos. Los enfrentó y hasta los doblegó.
E hizo caso a sus más íntimas convicciones, y reconvirtió al País haciendo honor a muchos de los fundamentos económicos de la valiosa gente que lo acompañó desde el grupo Fénix, digo por aquello de vivir con lo nuestro y de lo nuestro. Venimos de una historia en la que nos “convencieron” que éramos ciudadanos de segunda, con un destino surcado por fracasos sucesivos y gobiernos acordes a esa postura. Kirchner y Cristina nos devolvieron el orgullo de ser argentino. Ese sano orgullo al verme representado en los más diversos foros mundiales por una Presidenta que es respetada y sabe de qué habla.
Durante décadas nos hicieron creer que para estar integrado al mundo había que estar endeudado y consecuentemente disciplinado a las directivas de los poderosos. Néstor Kirchner demostró que eso era una falacia histórica y derrotista solo esgrimida por las familias coloniales que detrás de las oscuras tradiciones escondían sólo genuflexión y sometimiento a las decisiones de los poderosos.
Nos enseñó que no era bueno vivir de fiado, como nos habían enseñado las sucesivas políticas entreguistas de las últimas décadas. Nos demostró que aquello de la autosuficiencia, marcada como típico defecto criollo, era una virtud latente y para desarrollar, y eso, de a poco, se va haciendo carne en los argentinos.. Y se pudo. Y lo criticaron. Y siguió adelante. Y gracias a esa, su política, nuestra Patria sobrevivió desde entonces a las crisis externas que antes llevaban a socavar nuestra endeble economía, y hoy nos demuestra que fue, justamente esa política autosuficiente, la que nos hizo inmunes a los cimbronazos de esa burbuja tan ficticia que el primer mundo , al fin, demostró ser.
Al gobierno de la Presidenta Cristina Kirchner también lo criticaron, lo vapulearon más que a ninguno otro antes. Hubo desde motivos genéricos –qué duda cabe- creyendo que femineidad era sinónimo de endeblez. A los opositores se les hizo ver con claridad que ésta administración y la anterior estaban empecinados en pagar los platos que habían roto otras gobiernos. Ni Néstor ni Cristina Kirchner endeudaron en un centavo al País.
Y aún así, recibieron críticas que no se le hicieron a ninguna de las sucesivas y fracasadas administraciones de la democracia moderna, por lo menos del 83 para acá. Es más. Ninguno de los gobiernos anteriores hubiera soportado la presión a la que se sometió a estos dos últimos turnos. Y es algo que aún los más acérrimos adversarios reconocen, sin exteriorizarlo, claro está. Sé que por estas horas la hipocresía vernácula está haciendo de las suyas. Escucho mensajes de condolencia de Bergoglio, Cobos, Bonasso, etc.
Si Dios le hubiese dado tan sólo 24 horas más de vida y los muertos fuesen ellos, ni Kirchner ni su esposa hubiesen enviado esos mensajes. Apuesto mi vida en ello. Son un montón de hipócritas los mismos que hace pocos días anunciaban la muerte de Kirchner y hablaban de las alternativas posibles. Dios los juzgará. Tengo fé.
Hoy lloro la desaparición de un Estadista, así, con mayúsculas. Hoy aplaudo la convicción de Néstor Kirchner en cada uno de sus decisiones. El férreo seguimiento de aquellos ideales setentistas, lo digo y lo pienso con orgullo, la bandera de las utopías que enarboló durante su administración y la de la Presidenta Cristina Fernández permanecerán en nuestros corazones de aquí en más. Es la primera vez que siento muy adentro la toma de conciencia cívica que la pérdida de un líder me produce. Néstor Kirchner no le tenía miedo a lo “políticamente incorrecto”.
Aquel animal político que supo plantarse frente a los poderosos sembró, aún fuera de nuestras fronteras, las semillas por las que hace más de treinta años una generación entera luchó y dio su vida. Y hoy él se convirtió en el abanderado de aquellas ideas. Porque, aún a sabiendas del riesgo de vida que corría, no dudó en dar hasta la última gota de esfuerzo por esos ideales setentistas que con orgullo supo mantener durante toda su vida. Hoy lamentando no haberlo conocido personalmente. Sólo me queda despedirlo como a un grande. Gracias por lo que me enseñó. Doctor Néstor Kirchner, Descanse en Paz.
Enviado a Solo Local por Daniel Bercovich
