La Ciudad Gobernada por Larraburu

(Notas de Usuarios) – La verdad siempre se las arregla para hacerse evidente. Cuando se la pretende ocultar o disimular, a veces, se requiere de un esfuerzo para descubrirla, pero a la larga, ella misma termina revelándose aún ante quienes no saben, no quieren o no pueden verla. Nueva prueba de ello se tuvo el último lunes, con lo sucedido durante una singular reunión en el salón de actos de la Asociación de Empleados de Comercio, allí en la primera cuadra de la calle Rodríguez, convocada a instancias de dirigentes de poca monta  con la excusa de celebrar el “Día de la Lealtad». Como el almanaque indicaba 18 de octubre y no 17 hay que reconocer en este detalle acaso fortuito una buena cuota de sinceramiento o tal vez, de pudor. de lo que se vio, se escuchó y puede deducirse, cabe concluir que de peronismo verdadero no había mucho y que la única lealtad que, casi como un sambenito del que saben que no pueden desprenderse, atravesaba a los presentes era a Dámaso Larraburu.

“Yo soy el capitán del equipo, pero el director técnico es Dámaso Larraburu”, textualmente, admitió desde la mesa de cabecera el intendente, flanqueado por dos curiosos ejemplos de militancia  oportunista: Oscar Temporelli y Marcelo Ciccola. Temporelli acredita haber sido primero concejal y luego senador provincial, para finalmente haber accedido a la redituable titularidad de un Registro del Automotor en Coronel Dorrego, gracias a su condición de familiar  del mandamás. (¿Cómo se hace para pasar de carnicero y a buena honra a titular de un registro automotor?)

Ciccola, hoy presidente del Concejo Deliberante, es el mismo que no hace mucho no dudó en declarar que era hora en este país de suprimir algunas garantías constitucionales. Debería el Colegio de Abogados sancionar a un personaje que, como diría  Serrat, ignora las garantias constitucionales, y  en boca de él doblemente calificada la barbaridad dicha, más tratandose de un abogado del foro local,  siendo que por ello, luchando por que se respetaran, murieron miles de compañeros que ahora deben retorcerse en sus tumbas sabiendo que alguien que ocupa un cargo en nombre del peronismo es capaz de sostener tales atrocidades.

“A la ciudad le hubiera ido mucho mejor si Larraburu hubiera sido intendente”, agregó Breitenstein, flanqueado claro por el “primo/comisario”, no sea cosa que se descarríe… ¿vieron? El pobre Larraburu, el que dos veces lo intentó y dos veces perdió, y  fuera  rechazado por escándalo, la última, contra el mismo al que a mi me tocó vencer. Luego hubo que sacarme del medio como se me sacó, inventando un escándalo inexistente y coordinando unos cuantos intereses, con la complicidad de periodistas, funcionarios  judiciales y policiales  para, por fin, alzarse de hecho con la intendencia  de esta ciudad y así concretar todos los negocios pendientes. Porque está claro que se cuidan de que nadie le haga preguntas incómodas. O de coordinar la tapa del diario con su amigo Vicente (otro ejemplo de des-lealtad peronista ¿no?) ¿Cómo alguien puede decirse “peronista” y al mismo tiempo, ser aliado a los intereses de La Nueva Provincia, desde cuya tapa se desgañitan insultando desde a la Presidenta, a todo lo que huela a justicialismo, con enconado gorilismo al mejor estilo “55” menos, claro, al actual intendente municipal bahiense que pone, todos los meses, unos cuantos pesos? ¿Se imaginan una declaración como ésta en la tapa del diario del domingo: “hago todo lo que me dice y quiere Larraburu”? ¿Qué diría la señora del Palihue que “odia a los peronistas pero a la que este intendente le cae bien porque le dijeron que era estudioso y habla alemán” si se enterara así, sin anestesia, que, en realidad quien siempre lo mandó, lo controla y lo manejará, es aquel al que todos, por algo siempre  que pudieron, rechazaron?
En definitiva, se cuidan de mostrarse tal cual son ante la empalagosa maquinaria publicitaria que aceitan con el dinero de todos pero, de vez en cuando, hasta pareciera que tienen una llamativa necesidad (¿u obligación?) de asumirse tal como son. Como pasó el lunes pasado: se reunieron para recordarse entre ellos que, aunque lo tapen para afuera con una montaña de plata, en realidad son lo mismo a lo que la mayoría de los bahienses, desde el momento en que se descubrió que se hacía pasar por abogado cuando no lo era, le dio un no rotundo en las urnas en dos ocasiones: es decir, el gobierno de Dámaso Larraburu.
En la medida que esta certeza, por muchos sabida pero ahora asumida de boca del propio títere, se propague y se difunda, como corresponde propagar y difundir a toda verdad, llegado el caso, nos será posible obrar en consecuencia para librarnos del engaño.
Gracias por permitir un espacio libre para expresar ideas que luego quedan disponibles para ser divulgadas por quienes las compartan y debatidas por quienes no lo hagan.
Decia Aristóteles: «La realidad es la unica verdad». ¡Viva Perón Carajo!


Enviado a Solo Local por Dr. Rodolfo Lopes, DNI 11.089.755

 

 

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