(Notas de Usuarios) – Comentarios recientemente publicados en este portal por un especialista jerarquizado en medicina legal me motivaron a realizar algunos comentarios en este artículo, en el que propongo ver tales afirmaciones como el punto de vista de una escuela de pensamiento que tiene, cuando menos, cinco décadas de superada: la que propone clasificar a los criminales por aspectos biológicos, utilizar prejuicios como carga genética u origen social, y otros.
El artículo en cuestión, que lleva por título “Un derecho natural” puede verse en este mismo portal, pero a fuerza de simplificar, vale destacar tres frases: “Nuestro máximo desarrollo posible, por naturaleza, es el animal, y consiguientemente nuestra esencia es… la animalidad”, “Hay arteros y siniestros individuos de nuestra especie (…) que resultan pestíferos, nocivos al conjunto, verdaderos monstruos que se revuelven contra su misma especie. Frente a estos individuos de existencia indubitable, concreta y no mero producto de la imaginación (…) adquieren pleno valor conceptos tales como discriminar (…), discriminación, crimen, e incluso pre-juicio” y “Si para ello recurrimos a la discriminación y prejuzgamiento, al discernimiento intuitivo, si para protegernos y proteger a nuestras familias, si para cuidarnos en tanto ciudadanos honestos y mansos debemos apartarnos maquinalmente de los que estimamos más peligrosos, aun recelando, relegando, rechazando y encerrando a aquellos que resultan dañinos al orden social y a nuestras vidas, bienvenida sea la carga genética que contribuye a nuestra sobrevida”.
Césare Lombroso era el nombre por el que se conocía a Ezechia Marco Lombroso, un médico italiano nacido en 1835 y fallecido en 1909, principal representante del positivismo criminológico. Para esta escuela, el infractor es un prisionero de su propia patología (determinismo biológico) o de procesos causales ajenos al mismo (determinismo social): un ser esclavo de su herencia, un animal salvaje y peligroso.
Lombroso y otros exponentes de esta corriente de pensamiento como Enrico Ferri y Rafaele Garófalo sostenían que las causas de la criminalidad son de acuerdo a causas físicas y biológicas. Creía que el delito era principalmente resultado de tendencias de orden genético, observables en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes habituales, como la forma del rostro o el tamaño del cráneo.
Asimismo, sostenían que son factores de criminalidad el clima, la orografía, el grado de civilización, la densidad de población, la alimentación, el alcoholismo, la instrucción, la posición económica y hasta la religión. Lombroso es autor de obras como “El hombre delincuente”, “El crimen, causas y remedios” y “La mujer delincuente; la prostituta y la mujer normal”.(el destacado es mío)
Refiriéndose a la terapia del delito, sostenía que: «En realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos”.
Quienes creen que los delitos son producto de estos diversos factores determinantes (como la genética) creen también que debe existir un código penal que los prevea, y que ajuste las condenas a la existencia de esos mismos factores: “si tu cráneo tiene tales medidas, sos criminal”, “si sos pobre, sos criminal”, etc. Para Lombroso la pena tiene como fin la defensa social, entendida como neutralización del peligro que para la sociedad representan ciertos individuos que no pueden dominar sus tendencias criminales.
En Argentina el positivismo tuvo una gran difusión, y en el campo criminal más aún. De hecho, este fue el primer país del mundo en publicar un libro sobre criminología clínica (“Criminología”, de José Ingenieros), así como el primero en ponerla en práctica en el campo penitenciario. Además, es el primer país de lengua castellana en publicar una revista especializada en criminología postivista, la “Revista Criminal”, en 1873. En este país la principal difusora de estas ideas fue la Sociedad de Antropología Jurídica, que integraba a exponentes como José y Francisco Ramos Mejía, Luis María Drago, Rodolfo Rivarola y Manuel Podestá. Todos ellos eran positivistas de la corriente spenceriana, que se basa en el evolucionismo y el biologicismo para interpretar los fenómenos sociales.
Los positivistas criminológicos buscaban el diagnóstico y la clasificación de aquellos sujetos que habían cometido un delito, a los efectos de encontrar en ellos los estigmas de alguna enfermedad. Una vez clasificados serían remitidos a las instituciones disciplinadoras que proponen. Además, firmes en su tarea de defensa de la sociedad, proponían el diagnostico y la detección precoz de aquellos que aunque no hayan cometido delito alguno, por sus características personales, biopsicológicas en mayor medida y sociales en segundo lugar, sean considerados proclives a realizar actos antisociales.
Causa una profunda extrañeza que un profesional universitario parezca no reconocer que el delito tiene una causa económica y social antes que biológica o legal. Los países con niveles de vida más altos tienen los menores índices de criminalidad, lo que lleva a pensar que la solución a la inseguridad y el crimen no son problemas jurídicos, sino económico-sociales. Diez años de reformas de códigos penales y procesales en una Argentina que no modificó sustancialmente su nivel de vida son el ejemplo de que tales medidas, por políticas y propagandísticas que puedan parecer, son erradas.
Causa una profunda extrañeza también que un especialista jerarquizado en medicina legal desconozca las corrientes actuales en psicología forense, y siga anclado en conceptos que tienen, cuando menos, un siglo de antigüedad. Quizás el miedo a la inseguridad –un miedo que, como todos los miedos, no tiene nada de racional- lo lleva a renegar de principios básicos que la humanidad ha consagrado a lo largo de los siglos. Tales consideraciones me llevan a pensar que ciertos profesionales en Argentina deberían invertir cierto tiempo en renovar su biblioteca.
Enviado a Solo Local por Marcelo Tedesco
