Una Reveladora Descortesía

(Notas de Usuarios) – “Fue una emboscada”. Sin que le sacara el tema me dijo una persona a quien respeto y aprecio mucho, pero con quien no comparto muchas posturas. Se puede respetar y apreciar a alguien y, al mismo tiempo, no compartir sus ideas. Por que creo en eso, entre otros motivos, decidí asistir el lunes pasado al relanzamiento del canal local de Cablevisión. También porque pocas veces se me insistió tanto para que asistiera a una cita. No sólo el mismo día del acto, sino en repetidas ocasiones durante las semanas previas recibí llamados, presumo desde Buenos Aires, para recordarme la invitación y confirmar una y otra vez mi asistencia. Tanto interés, lo admito, me hizo sospechar un poco, pero las esperanzas de que se pudieran separar los tantos, pudieron más y espero que sigan pudiendo. La cuestión es que como ya pasaron algunos días desde que lo que sucedió esa noche en el Hotel Argos, tomó cierto estado público y han sido unas cuantas las personas las que me han referido la cuestión de las más diversas maneras, decido hacer uso de la valiosa oportunidad que ofrece Solo Local para intentar algunas reflexiones al respecto. Antes, por respeto a quienes puedan no estar enterados del asunto, cumplo en describir los hechos: para presentar una suerte de reformulación de su señal local –la cual pasó a denominarse Somos Bahía-, directivos nacionales de Cablevisión llegaron a la ciudad para encabezar un acto al que invitaron a dirigentes políticos, empresarios de diversos rubros y periodistas. A la hora de los discursos, uno de los visitantes, concretamente el señor Roberto Nóbile, vicepresidente de Cablevisión, según se lo presentó, se despachó con una lectura nerviosa y poco fluida de una arenga de escaso vuelo argumental que nada tuvo que ver con los motivos de la convocatoria.
En concreto, usó la oportunidad para lanzar un virulento ataque a la Ley de Medios aprobada por el Congreso de la Nación y recientemente reglamentada (y trabada en la justicia por el accionar del grupo empresarial al que presta servicios) y quejarse por el reciente cese de licencia de Fibertel.
Como resultado, provocó en quienes fuimos invitados, un momento de cierta incomodidad, ya que fuimos convocados con insistencia para una cita que se presentó sustentada en los que podía haber común acuerdo y, al acudir a ella, nos encontramos con algo por completo fuera de lugar, en mi caso personal, un ataque a convicciones muy firmes que son públicas y notorias.
Hecha esta somera descripción de lo sucedido, lo primero que se me ocurre preguntarme es qué necesidad había de incurrir en semejante falta de ubicación y en una descortesía tan flagrante. ¿No tiene Clarín todos los medios a su disposición para decir lo que se le antoje y tergiversar a su conveniencia, para encima, mandar a un ejecutivo que ni siquiera sabe leer muy bien, a decir delante de un puñado de bahienses cosas que, a esta altura, resultan tan trilladas como inmodificables para todos los que tuvimos que escucharlas en un momento y un lugar dónde no correspondían ser dichas? ¿Habrá sido un caso más de “empleado más papista que el Papa”? ¿Se creerá este “alto ejecutivo” que, por decir delante, entre otros, de un intendente que llegó a su cargo como parte de la misma lista que la actual presidenta de la Nación (quién vaya a saberse porqué, hasta aplaudió su alocución) y de uno de los más de 30 delegados en el interior del país de la AFSCA (quién no sólo no aplaudió sus palabras, sino que expresó ni bien pudo a los organizadores su disconformidad con la situación generada, ante lo que recibió unas tibias disculpas) podrá modificar algo al curso de los acontecimientos? ¿O venderá su audacia ante sus superiores como un acto de heroísmo?
La verdad es que lo único que consiguió, también por sí hacía falta, fue mostrar una hilacha en forma penosa y lamentable: la que deja cada vez más al descubierto a una empresa privada que, al ver afectados sus intereses económicos, pretende presentar como “causa nacional” una conveniencia particular. Qué haya un canal de cable local más consolidado y considerado por la empresa a la que pertenece, con el consiguiente beneficio para televidentes y trabajadores (deseo aquí dejar constancia que más allá de este hecho, la relación cotidiana entre la delegación de AFSCA y los trabajadores de Cablevisión fue, es y espero que siga siendo muy cordial), es algo en lo que se puede coincidir.
La nueva Ley de Medios apunta con claridad a ello y cabe plantearse por qué Clarín decide justamente ahora prestar un poco más de atención a ciertas identidades locales a las que, hasta aquí, parecía ignorar por completo. Ahora, que un argumento justo sea utilizado como excusa forzada para enrostrar diferencias en modo tan poco elegante, tal vez no haga más que desvirtuar hasta la buena idea.
Desde lo personal, quiero dejar en claro que, llegado el caso, no hubiera tenido inconveniente alguno en debatir posturas, pero, cómo no se me otorgó oportunidad para ello, no me queda más remedio que utilizar esta tribuna cibernética para manifestar mi desagrado por la desconsideración a la que se nos sometió a quienes fuimos invitados a un sitio sólo para que nuestros anfitriones intentaran una bravuconadita estéril y, la verdad, hasta bastante cobarde.
¿Cómo calificar si no a una sucesión de frases trilladas, patéticas e inconsistentes que no hubieran resistido siquiera una repregunta? Por caso, pretender mezclar Internet con la Ley de Medios es una perogrullada que no resiste siquiera el menor intento de análisis, salvo desde el absurdo. ¿Cómo soslayar que el tal Nóbile parecía tener ganas de terminar cuanto antes con la lectura de su mensaje y, por las dudas, se preocupó especialmente por evitar cualquier posibilidad de contestación, culminando su penosa alocución pidiendo que se iniciara la proyección de un “video institucional” tras el cual se dio por terminado el acto con llamativa rapidez?
Más aún, con el paso de las horas, se consolida en mí (y en otros que estuvieron presentes) la sensación que entre quienes compartieron esta desafortunada ocasión y, antes de ella, todavía creían que Clarín “era víctima de una persecución injusta”, luego de presenciar tan torpe e injustificado desatino, hasta pueden haber empezado revisar esa postura. Es que si alguien está convencido de la justicia de su causa, no tiene ninguna necesidad de recurrir a engaños para presentar los argumentos que sostengan su razón. Todo lo contrario de lo que hizo Cablevisión con esta desafortunada, innecesaria y endeble puesta en escena.
Enviado a Solo Local por Gustavo Mandará, delegado en Bahía Blanca de AFSCA, Autoridad  Federal  de Servicios  de Comunicación Audiovisual (ex COMFER)

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