(Notas de Usuarios) – Mientras que el país buscaba acomodarse al nuevo orden económico financiero con el que comenzó a convivir después de la crisis de 2001, en los primeros días de mayo del año siguiente la municipalidad de Bahía Blanca ampliaba los límites de la ciudad. Mediante la ordenanza 11.822 (ver aquí), se daba el visto bueno para que una inmobiliaria local concretara dos proyectos residenciales: los barrios parque Las Acacias y San Ignacio. El primero de los emprendimientos prometía (y aún hoy lo sigue haciendo) un agradable hábitat para los vecinos de esa zona residencial, cuyo mapa aéreo la muestra próxima a Aldea Romana. El predomio de acacias y el cableado eléctrico subterráneo sitúan al vecino residente en un contexto agreste, que se acentúa si uno lo recorre por sus calles de tierra. Sin embargo al barrio Las Acacias también se lo conoce por una contradicción.
A la única arteria que la delegación Villa Harding Green le presta el servicio de riego es Salliqueló, por donde circula la línea 519A.
La bronca de los vecinos es grande. Y no es para menos: tal como confirma un estudio del CEEBBA (ver aquí), nuestra ciudad es una de las más caras para vivir -junto con Mar del Plata- en cuanto al costo de la tasa por alumbrado, barrio y conservación de la vía pública.
Para colmo, con las restricciones vigentes para el uso del agua de red, tanto en Las Acacias como en Aldea Romana se preguntan cómo hacer para contrarrestar los efectos del polvo en suspensión si en el verano la seca continúa…
Enviado a Solo Local por Dardo Sanabra

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