Contrahistoria de la Solidaridad

(Notas de Usuarios) – Tomo la idea del título de estas líneas del excelente trabajo de Michel Onfray –Contrahistoria de la Filosofía- y pretendo analizar, a partir de dicha noción, algunos aspectos de nuestra realidad social pero de manera “políticamente incorrecta”, es decir, no expresando aquello que queda bien sino lo que realmente pienso como, por otra parte, siempre he hecho. Enseñaba el  actual camarista Dr. Néstor Montezanti, allá por 1973 en el Colegio Don Bosco, que “el hombre es un ser eminentemente gregario”; sostengo errónea tal apreciación: el hombre es sólo gregario en la medida de sus necesidades; satisfechas éstas, predomina en él su esencia animal y, por ello, la individualidad más absoluta. Y esto no es intrínsecamente bueno o malo, sino solamente la expresión misma de la naturaleza. El crudo invierno que nos ha tocado vivir ha dejado al desnudo (un poco más si cabe), las gravísimas carencias de buena parte de la población de nuestro territorio que, a su vez, reconoce un sistema de gobierno representativo (dejemos de lado los conceptos de republicano y federal) donde, de acuerdo al Artículo 22° de la Constitución Nacional: “El pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución”.

Queda claro entonces que el diseño de la política estatal -nacional o provincial- y la forma de distribución de los recursos del erario provenientes del cobro de tasas e impuestos corresponden, de manera exclusiva, a nuestros conspicuos delegados elegidos mediante el voto popular. Mi obligación como ciudadano es, entre otros tantos deberes, dar cumplimiento al pago de los impuestos que fijan y administran estos individuos de quienes debiera presumirse compromiso, honestidad y capacidad para el desempeño de sus funciones; la Ley, en cambio, no me obliga -hasta cierto punto- a ser solidario.

Ahora bien, me pregunto por qué habría de ser solidario si ya he dado cumplimiento a mi obligación impositiva; por qué debo recargar mi presupuesto contribuyendo a sostener, junto a otros miles de argentinos, a aquellos más desfavorecidos por las infames políticas de Estado pergeñadas por nuestros … (dejo un espacio para que cada uno califique como prefiera) representantes.

Sostengo enfáticamente que una forma más efectiva de contribuir al sostén del creciente número de marginales y excluidos no es la dádiva, generosa o interesada, sino la exigencia a nuestros representantes para que cumplan con las obligaciones inherentes a su cargo; si resultan incompetentes para su tarea -que los hay, y muchos-; si deshonestos, que también los hay; o si simplemente desinteresados en otra cosa más que en su propio beneficio, deben ser denunciados y perseguidos por todos los medios que la Ley contemple.

Y si ésta es, como suele ser, demasiado benigna con los delincuentes de cuello blanco -que parecen abundar en las esferas de los poderes del Estado- habrá que buscar alternativas para que, de una vez y para siempre, estos oscuros personeros resulten ellos excluidos de nuestra sociedad. Sociedad que hoy, lamentablemente, se sostiene en gran medida por la generosidad de muchos que, de tal manera, vienen a cubrir la falta de idoneidad -y de escrúpulos- de nuestros dirigentes, tanto políticos cuanto religiosos.

Debemos ser solidarios con los que menos tienen dice la presidenta, mientras se presenta en cada acto político con un modelito de ropa distinto; debemos dar hasta que duela, pronuncian los ministros de la iglesia mientras viven rodeados de oro y piedras preciosas. Y mientras tanto, luego de dar cumplimiento a nuestras obligaciones impositivas; de ver expoliados nuestros ingresos por una presión tributaria feroz; de soportar las inequidades de las moratorias; de ver (¿o padecer?) a nuestros representantes enfrascados en estúpidas discusiones tendientes sólo a construir un poco más de poder personal, debemos soportar un llamado a nuestra conciencia para solventar a los pauperizados por una política estatal ineficiente, abusiva, criminal.

Entiendo, en tanto humano, el concepto de solidaridad; pero considero que el mismo debe ser aplicable a situaciones de emergencia como, por ejemplo, un movimiento sísmico que, por inesperado, destruye las vidas y los bienes de un conjunto social y altera su programa de gobierno. Pero aplicar el concepto de solidaridad para (en) cubrir a políticos y clérigos que no saben, no pueden o no quieren dar cumplimiento a sus obligaciones resulta, a mi entender, no sólo inadmisible sino, además, perjudicial en un país donde, sólo a guisa de ejemplo, puede producir alimentos para varios millones más que los que hoy padecen hambre, frío o falta de educación y trabajo en nuestro medio.

Enviado a Solo Local por Alejandro A. Bevaqua – Médico –  Especialista Jerarquizado en Medicina Legal

M.P.: 220167

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