(Notas de Usuarios) – Argentina atrasa. En ocasión de los discursos escuchados en la muestra de Palermo, organizada por la Sociedad Rural, se pudo ver que muchos sectores sociales y políticos parecen todavía mantener una mentalidad más propia del siglo XIX que del XXI. Me confirmó esta impresión escuchar al presidente de la Sociedad Rural Argentina despacharse con conceptos que parecían ser escritos por un asesor que vino de otro país para la boca de otro, no de un representante de una de las corporaciones más nefastas que tuvo la Argentina. Pude ver, en la apertura, al señor Hugo Biolcatti referirse a los “hombres de campo” como los forjadores de la patria, la cual supuestamente alcanzó su esplendor hace 100 años, entró en decadencia en la 2º mitad del siglo XX y desbarrancó con el kirchnerismo. Y vale aclarar sobre este escrito que sigue a continuación que criticar a unos no significa necesariamente apoyar a otros. La historia muchas veces se construye, al igual que la política, por clivajes. Unos contra otros, buenos contra malos, blanco contra negro. Así, a los argentinos nos contaron la historia en base a versiones como Saavedra vs. Moreno, Federales vs. Unitarios, Civilización vs. Barbarie, etc. etc. pero la historia no es blanca o negra, sino de una variada, intensa e interesantísima gama de colores. Michel Foucault decía que la verdad es hija del poder: quienes tienen el poder son los que logran construir e imponer su verdad.
¿De dónde obtuvo su poder la Sociedad Rural?
Según cita Osvaldo Bayer al Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, “entre 1876 y 1903 (27 años), se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”. Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la dictadura militar”.
¿Cuál es la verdad de la Sociedad Rural?
“Cada vez que castigamos al campo nos equivocamos. En el Centenario éramos el granero del mundo y una de las naciones más prósperas del planeta. En el Bicentenario somos un país vapuleado por la corrupción, la imprevisión, la exclusión y la pobreza”, sostuvo Biolcatti. El embrión del país que Biolcatti añora y cuyas consecuencias todos vivimos, fue gestado mediante un pacto entre poderosos y militares, muchas veces ambos de la misma extracción social.
Afortunadamente, el estudio de la Historia nos ha demostrado que la Argentina de fines del siglo XIX y comienzos del XX no era solamente “el granero del mundo”, o “la tierra del ganado y de las mieses”. O sí lo era, pero sus beneficios solamente eran disfrutados por unos pocos mientras otros –muchos- no tenían ningún tipo de derecho social y mucho menos político.
Los períodos de la historia argentina en que gobernaron los socios políticos de la SRA –ya sea la oligarquía terrateniente elegida por fraude, o los militares que llegaron por la fuerza- fueron los que menos conquistas sociales hubo. Incluso, en los que más se eliminaron las garantías constitucionales y más se desarmó el aparato productivo nacional. Basta entrar en este vínculo http://www.sra.org.ar/web/notas.php?id=287 para ver que los presidentes de la institución no han estado precisamente siempre alineados entre los defensores de la democracia y las conquistas sociales.
“En 1919, las exportaciones superaban los mil millones de dólares, récord recién superado en 1946. El 50 % del comercio exterior de toda América del Sur era argentino. ¿Dónde equivocamos el camino?, ¿por qué perdimos el rumbo?”, se preguntó Biolcati. El rumbo lo perdieron ellos mismos… la clase económicamente más acomodada, que fue a la vez la clase dirigente que no supo gobernar un país rico en beneficio de todos, sino expoliarlo para bien de algunos. La segunda mitad del siglo XX a la que él se refirió coincide con el derrocamiento de Perón, el período de mayores conquistas sociales que conociera la Argentina, y el regreso a la “democracia ficta”.
“Hace 100 años, el debate era si debíamos ser como los grandes países de Europa o como Estados Unidos. Hoy compartimos con los países más humildes y castigados de la Tierra los últimos puestos del ranking de calidad institucional”, remató.
Y me pregunto: ¿Qué calidad institucional aportaron al país quienes sistemáticamente apoyaron maniobras políticas fraudulentas o directamente la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas? Escudados en su lema “Cultivar el suelo es servir a la patria” identificaron siempre a la tierra con la Patria. La patria son ellos, porque son los dueños de la tierra, un ideal tan antiguo como la Grecia helénica, donde sólo tenían derechos quienes tenían un pedazo de la Polis.
Sin dudas a comienzos de 1910 Argentina era el granero del mundo. Pero sus rentas se acumulaban en las arcas de unos pocos centenares de familias que, en lugar de invertir en su país –como pasaba con las clases dirigentes en Alemania o Estados Unidos- prefería enviar a sus hijos a tirar manteca al techo en los cabarets de París, cuando allí un pan de manteca valía lo mismo que una vaca en las pampas argentinas.
No recordó decir Biolcatti que el granero del mundo era también tierra de profundas desigualdades sociales, altos niveles de pobreza y el fraude como herramienta política sistemática. Para ser claros: en 1910 se registró el número más elevado de huelgas y disturbios sociales de la época. La política represiva del Estado al servicio de los intereses de las clases dirigentes estuvo representada por la drástica figura del coronel Ramón Falcón, principal responsable de la “Semana roja” de 1919 y de la dura persecución a obreros, sindicalistas y anarquistas.
“Sólo los autoritarios, los soberbios, los egoístas descalifican al otro para dominar la escena. Es que el egoísmo es pariente cercano de la ambición, la avaricia y el poder”, dijo Biolcatti. Los impuestos son, por definición, un redistributivo de la riqueza. Quienes más tienen, más deben pagar. Lógicamente, el gobierno se equivoca cuando habla genéricamente de “el campo”. No es lo mismo mi tío Alberto, que tiene 175 hectáreas en Bayauca de las que viven dos familias, que los socios de la Sociedad Rural, donde históricamente confluyeron los grandes terratenientes cuyos apellidos dan nombre a numerosas calles céntricas de varias ciudades argentinas. ¿Qué mayor avaricia que ganar y no pagar? ¿Qué mayor autoritarismo y muestra de soberbia que cortar una ruta, porque un tractor es más grande que un auto?
Al criticar al gobierno, habló de que es generador de “esclavos de territorios electorales que conforman el feudo de una federación de gobernantes, intendentes, caudillos y punteros políticos”, una práctica que tuvo su cenit en la Argentina que Biolcatti glorifica, entre 1880 y 1930. Natalio Botana ha demostrado en su obra “El orden conservador” que una estrategia frecuente para ganar elecciones antes de la sanción de la Ley Sáenz Peña era organizar un gran asado en la estancia, bien regado de vino, y luego llevar a los peones a votar poniéndole la boleta en el bolsillo.
El uso de posiciones de poder en el Estado para hacer negocios privados o favorecerlos, lo mismo que el señor Biolcatti critica, fue una práctica que inventaron sus antecesores de la Sociedad Rural. Concesiones ferroviarias, frigoríficas, exportadoras y muchas otras a empresas extranjeras (especialmente inglesas) fueron la característica del período 1880-1930.
Los dueños de la tierra siempre piensan en ella y sus rentas como una propiedad privada. “Tengo más, gano más”. Pero la ecuación en un país en serio es “Tengo más, gano más, pago más”. Sólo a partir de la redistribución de la riqueza se construyen las sociedades con más educación, seguridad (qué es hija de ésta) y contención social.
Siempre supe que los sectores ligados al agro suelen ser por naturaleza más conservadores que otros. Pero escuchar al señor Biolcatti me hizo ver que entre ellos no sólo hay conservadores, sino más bien reaccionarios. Sin dudas, Argentina atrasa.
Enviado a Solo Local por Marcelo Tedesco

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