Entonces, ¿por qué hablar de confianza en un mundo donde reina la desconfianza? Por el mismo motivo por el que se habla de salud cuando se está enfermo, o de comida cuando se tiene hambre…o de calor en estas mañanas de intenso frío. Generalmente, sólo hablamos de aquello que sentimos que nos falta. Lo mismo sucede con la confianza. La valoramos por el opuesto. Decimos que confiamos en algo o en alguien, porque no lo desconfiamos.
Criticamos o hablamos mal de quien desconfiamos. Por ejemplo, del banco que nos quitó los ahorros con el corralito… del gobierno cuando se va en discursos para anunciar algo que nunca va a cumplir… Sin embargo, muy difícilmente hablamos de quien confiamos y esto es un error, porque la confianza es un sentimiento basado en hechos reales, pero como tal debemos cultivarla…
La confianza no se compra en la farmacia. Hay que ejercerla a cada momento… Recuerdo que en pleno conflicto del campo, en 2008, un dirigente rural llegó a decirle al Gobierno: “Al Gobierno se le acabó el crédito… ahora cobramos al contado…”, haciendo una figura perfecta de lo que es la pérdida de la confianza en una institución –en este caso, el Gobierno- por las chicanas, mentiras y promesas incumplidas…
En estos tiempos de vorágine, donde a muchos que detentan el poder se codean con la trampa, la mentira y la deshonestidad, el valor de la confianza debe ser un faro que nos ayude a alumbrar un camino distinto; para que los ciudadanos de a pie, razonando, solidariamente, y trabajando duro y honestamente, podamos discernir una opción diferente y mejor.
Enviado a Solo Local por Jose Luis Ibaldi, periodista y miembro de Conciencia Interior
