Justicia y Medicina: Enojosa Situación

(Notas de Usuarios) – Hecho N° 1: Es ampliamente conocido en nuestro medio el caso que involucrara al periodista Jorge Palacio y la sentencia condenatoria que recayera sobre su persona. Hecho N° 2: no menos notoria es su permanencia -desde la lectura del fallo adverso a sus intereses y previa fuga de un par de días- en el Hospital de la Asociación Médica, entidad que, tal como su nombre indica, pertenece a una parte (resalto: una parte) de los galenos locales: aquellos agremiados en tal institución. Hecho N° 3: Es dable observar, por cualquier persona que circule por el HAM, la figura del Sr. Palacio recorriendo pasillos, gesticulando y conversando -según su inveterada costumbre- a viva voz, hablando por teléfono de manera casi permanente y recibiendo constantes visitas de amigos y familiares. Todos estos datos indican, aun a los legos, que este individuo está muy lejos de ser un enfermo que requiera internación para el estudio y tratamiento de alguna ignota y compleja patología que lo aqueja. Hecho N° 4: Es conocido que el Sr. Jorge Palacio era (¿o sigue siendo?) empleado de la Asociación Médica bahiense, y que en tal condición se viera involucrada su persona, aun colateralmente, en el caso Glasman. Hecho N° 5: Cualquier ciudadano que se informe medianamente conoce los interminables tiempos de la maquinaria judicial para resolver cualquier situación, por nimia que sea, que se someta al arbitrio de nuestros excelsos magistrados; sabido es también que, hasta que un fallo queda firme, o sea que alcanza las máximas instancias judiciales, suelen pasar no días, semanas o meses, sino años. Desde el marco antepuesto, considerando sólo “hechos” y sin mayor esfuerzo, puede concluirse que el Sr. Jorge Palacio dista mucho de ser un enfermo cuya situación sanitaria requiera su permanencia en una institución médica en calidad de “internado”; llamando las cosas por su nombre debiéramos, antes bien, denominarlo “refugiado”.

Su comportamiento -en caso de estar alojado en su domicilio- no sería distinto del que ahora exhibe; sólo que no constituiría una burla tan grotesca el hacerlo a la vista de toda persona, sin recato o vergüenza alguna, ni suya, ni de sus allegados ni, mucho menos, de los profesionales que lo encubren o de los magistrados que avalan tal situación. Tan enojosa trama no puede ser llevada a cabo sin la necesaria complicidad de una buena parte del cuerpo médico local; y sostengo que la situación es irritante -al punto de insufrible- no sólo para otras personas sometidas a proceso penal que, por carecer de poderosos amigos en el campo de la Medicina o en otros sectores sociales, deben aguardar los fallos de instancias judiciales superiores en la cárcel sino, además, para los ciudadanos que deben ver, día a día, un palmario ejemplo de la inequidad de la justicia -a pesar de la encendida defensa del sistema que hacen sus mismos integrantes- y, sobre todo, para aquellos médicos que sin pertenecer a la AMBB, e inclusive para muchos agremiados que por temor silencian su voz, percibimos como un agravio la intromisión de la Medicina en el ámbito de la Justicia sin que, por otra parte, se escuchen voces, desde el seno de nuestra profesión, en contra de esta lamentable realidad. La Medicina debe estar sólo al servicio de la persona humana, sin ningún otro tipo de consideración al respecto tal como reza nuestro Código de Ética; así, si el Sr. Palacio, o cualquier otro, estuviera realmente enfermo, resultaría no sólo lógico sino mandatario su cuidado dentro o fuera de la cárcel. Pero la intromisión de una parte de la grey médica local protegiendo descaradamente a un delincuente condenado, en primera instancia, por autoridad judicial competente es sólo una situación de vergonzante complicidad. Sepa separar por favor, la sociedad bahiense, a unos y otros profesionales.

 

Dr. Alejandro A. Bevaqua Médico –

Especialista Jerarquizado en Medicina Legal M.P.: 220167

DNI: 12971872

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