(Notas de Usuarios) – Los nombres de calles, plazas y espacios públicos sirven para perpetuar en la memoria aquello que las sociedades no quieren olvidar. Síntoma de las características represivas de la clase política argentina durante muchos años, varias de ellas rememoran a infaustos personajes de la historia. El corazón del barrio San Martín –demócrata y defensor de los derechos individuales como pocos, aún de los desclasados de entonces: los indios y los negros- es atravesado por una vergüenza histórica: la calle Falcón. El coronel Ramón Falcón fue un militar y policía que se destacó por su dureza represiva al frente de la Policía Federal Argentina a comienzos del siglo XX. Sus métodos más frecuentes eran desarmar manifestaciones o movilizaciones a balazos, como ocurrió en la Semana Roja de 1909, en la que el enfrentamiento entre la policía y los manifestantes del 1º de mayo se cobró la vida de varios obreros anarquistas y llevó al cierre de asociaciones y locales sindicales. La represión en esa ocasión dejó 11 muertos y más de 100 heridos, muchos de los cuales fallecieron en los días siguientes. La decisión sindical de mantener la huelga general hasta la renuncia de Falcón hizo que éste ordene dispersar a balazos a los 60 mil manifestantes que acompañaban el cortejo fúnebre de los asesinados. La policía en esa ocasión también arrebató los féretros. Seguidamente, grupos de civiles y policías vestidos de paisano, al grito de “Viva la Patria”, incendiaron las imprentas de los órganos de prensa La Vanguardia (socialista) y La Protesta (anarquista). Otras acciones “nobles” de Falcón incluyeron el desalojo de inquilinos de conventillos mediante el uso de mangueras de bomberos. En 1907, ante los grandes aumentos del precio de los alquileres, los obreros comenzaron a protestar por la falta de intervención oficial en la regulación de la vivienda y en las condiciones de vida en los inquilinatos. La protesta de mujeres, niños y obreros fue tomar las calles con escobas bajo el lema de “barrer la injusticia”.
En pleno invierno, ya que era el mes de julio, Falcón redujo la protesta con mangueras de alta presión arrojando agua helada dentro de las piezas de los conventillos, y produjo desalojos masivos. Sólo sirvieron de refugio a los ex inquilinos los campamentos organizados por los sindicatos anarquistas.
Falcón fue asesinado por el joven anarquista Simón Radowitzky el 14 de noviembre de 1909. No sólo en Bahía Blanca se honra su memoria. Una placa recuerda el lugar del atentado, en Callao y Quintana, y cerca de ella se levanta una estatua, que alguien ha pintado con el graffiti “Simón vive” y el símbolo anarquista. Otra estatua se encuentra en la Recoleta, una tercera al final de la avenida que lleva su nombre, y una cuarta en la escuela de policía que fundara. Desde 1928 esta institución, lugar de formación de la Policía Federal Argentina, se llama “Escuela de Cadetes Coronel Ramón Lorenzo Falcón”. También existe un pueblo nominado como él en el partido de Coronel Pringles.
Curiosamente, en Bahía Blanca la calle Falcón atraviesa un barrio que nació como asentamiento de inmigrantes, sobre todo obreros y ferroviarios. Quizás, una broma cruel de quienes tomaron tal decisión, para que hagan memoria sobre las posibles consecuencias de sus actos.
Falcón fue el sádico brazo ejecutor de las políticas de la oligarquía terrateniente que gobernó la Argentina durante la organización nacional, y que instaló el modelo liberal de acumulación agropecuaria, de represión a la clase obrera y a la manifestación popular. Durante la dictadura militar (1976-1983) muchas calles y avenidas de las ciudades y pueblos argentinos cambiaron sus nombres por el de “Ramón L. Falcón”. Cualquier parecido entre ésta y aquella, no es ninguna coincidencia.
Enviado a Solo Local por Marcelo C. Tedesco, Jefe de Prensa y Ceremonial de la UNS, Profesor del Departamento de Geografía y Turismo
Fuente Foto: Wikimedia Commons
